Image default

Los rusos también juegan

Con el pastor TED Manes dispuesto al barro, la UCR tiene fe. Marketing+territorio mata furgón de cola. Con Lousteau, hay equipo: mi AMBA querido. ¿Hay 2023?

En el tercer piso del Comité Nacional de la UCR hubo que hacer un cambio de escenografía a último momento para evitar que la historia se cayera encima de los asistentes y terminara aplastándolos. Aparecieron alfombras rojas para cortar el frío, telas negras para cubrir las paredes y una gran pantalla LED para dejar atrás la era analógica y darle la bienvenida a Facundo Manes y asociados. En el mismo edificio que fue incendiado en las jornadas del 19 y el 20 de diciembre de 2001, hace casi dos décadas, el radicalismo hizo esta semana la puesta en escena de lo que pretende ser una bisagra en el tiempo: la resurrección después del estallido de la Convertibilidad y la aventura de Mauricio Macri en el gobierno. Suena a mucho, pero es la sensación que se respira por primera vez después de años entre la heterogénea dirigencia del partido que llegó hasta hoy maltrecha por sus desventuras en el poder.

Estuvieron todos y todas, estuvieron, desde gobernadores como Gerardo Morales Rodolfo Suárez hasta el titular de la UCR, Alfredo Cornejo; el fundador de la marca Cambiemos, Ernesto Sanz; los jefes parlamentarios Mario Negri Luis Naidenoff hasta Martin Lousteau, el reciente rival de la línea Manes en la interna bonaerense.

Hacia afuera, circularon fotos y declaraciones de rigor, pero hacia adentro se vivía un clima de euforia. Si todo sale como está programado y esta vez no hay marcha atrás, en algunas semanas Manes confirmará que irá a pelear la interna opositora en las PASO de la provincia de Buenos Aires, con un movimiento que le permitirá encabezar la boleta -aquello que María Eugenia Vidal le negó en 2017- y posicionarse de cara a su sueño mayor, la presidencial de 2023.

Hacia el AMBA, radicales

Sobreviviente de todas las crisis, la dirigencia radical siente que halló por fin la piedra movediza para zafar de la parálisis y abandonar el lugar de furgón de cola en el que la dejó ubicada su alianza con el PRO. Si la coalición antiperonista le permitió a la UCR salir del rol testimonial y volver a gobernar municipios y provincias, la falta de dirigentes nacionales le impidió discutir más que las comas durante el mandato en el que Macri encadenó altísima inflación, profunda recesión y un endeudamiento atroz.

El costo a nivel social fue muy alto y se potenció con el ninguneo que recibió el radicalismo por parte del macrismo hard. Esa impotencia, ahora se dice, puede quedar atrás si con Manes la UCR logra cubrir el gran déficit que liquida desde hace tiempo todo ensayo opositor al kirchnerismo: la imposibilidad de penetrar en el territorio madre de todas las batallas.

El entusiasmo en el comité se elevó a la máxima potencia cuando Sanz se acercó a Manes después del encuentro y le dijo: “Si desde hoy hasta 2023 nosotros podemos lograr que el discurso que diste acá penetre en la casa de los argentinos, vos podés ser presidente”. Mística radical, algo que se creía extinguido.

Las palabras del neurólogo nacido en Salto, a 190 kilómetros de la Capital, replicaron las consignas que en los últimos años hizo famosas en entrevistas televisivas y actos a lo largo de todo el país: una revolución en el acceso al conocimiento que permita impulsar el desarrollo, el crecimiento, el empleo y la igualdad. Al mensaje que encadena ciencia y creencia, Manes esta vez le sumó la disposición a ser parte de una estructura que busca con desesperación candidatos para pelear en el AMBA. Con el impulsor de la fundación INECO y con Lousteau, los radicales apuestan a superar ese trauma y plantarse de igual a igual en la disputa con el PRO por el liderazgo de Juntos por el Cambio.

El evangelizador

“Celebro que un partido tan importante como la UCR me haya convocado junto a mi equipo para plantear soluciones a esta decadencia crónica que venimos enfrentando hace décadas”, le dijo el neurocientífico a Letra P. Con una autoestima a prueba de balas, Manes es un divulgador que busca refrendar a nivel local el reconocimiento que tiene en el exterior y espera hace tiempo la convocatoria para liderar un espacio político.

De estrecha relación con algunos de los empresarios más poderosos de la Argentina, Manes militó en sus orígenes en el radicalismo y se acercó a Sanz hace casi una década, cuando juntos encabezaron un acto en Parque Norte. Desde entonces, vino surfeando la grieta y planteando la necesidad de un “plan estratégico” para sacar a la Argentina del estancamiento. En los últimos cinco años, estuvo cerca de Vidal, dialogó con Lousteau y Margarita Stolbizer, se sentó a la mesa del peronismo no kirchnerista con Sergio Massa y sus esponsors -cumbre revelada por Letra P– y se lo vio en 2020 en C5N en sintonía con aquel Alberto Fernández que tocaba su pico de popularidad.

Considerado por momentos un outsider y por momentos un evangelizador, Manes es uno de los precandidatos que desde hace tiempo advierte, en conversaciones privadas, sobre una “crisis terminal de la política” y aguarda su oportunidad. Esas características, que resultan atractivas para cierto electorado hastiado de todo, funcionaron hasta hace poco un obstáculo insalvable para su vinculo con la política, pero la pandemia, la deriva del gobierno de los Fernández y la reciente elección del radicalismo en la provincia de Buenos Aires provocaron un cambio.

El artífice del acercamiento, según lo que algunas fuentes reconocen en la UCR, fue Maximiliano Abad. El jefe del radicalismo bonaerense convocó a Gastón Manes para pelear contra las pretensiones de Lousteau, Gustavo Posse Enrique Nosiglia. Abogado y parte de la fundación INECO, el hermano mayor de Facundo es considerado una pieza clave por gran parte de la dirigencia de la UCR. Es el que equilibra las fuerzas y, según se dice, persigue la unidad. En pose de constructor, Abad lo recuperó para el partido y comenzó, así, un camino que tiene al 12 de septiembre como fecha de llegada.

La fe

La dirigencia radical está convencida de que la vidriera de la Ciudad le permitió al macrismo alumbrar las candidaturas de Macri, Vidal, Horacio Rodríguez Larreta Diego Santilli. Contra eso, nunca tuvo respuesta. Por eso, para la conducción del partido, Manes y Lousteau ofrecen la llave para pelear el liderazgo en la oposición contra una fuerza como el PRO, saturada de candidatos en el AMBA. Según le dijo a Letra P uno de los presentes en el encuentro en el Comité Radical, son los nombres que mejor pueden adaptarse a la disputa “centralista y porteña” de la Argentina, que sufre una “deformación macrocefálica”.

Así, la UCR lograría vertebrar desde el centro una fuerza que tiene una presencia extendida en todo el territorio nacional y dejar de ser una confederación de liderazgos distritales. El objetivo es ganarle la batalla interna al macrismo, una prueba de fuego que hasta hace poco, según reconocen, les quedaba muy grande. Hacía años, quizás desde que Macri asumió el gobierno, que en la UCR no fluía el optimismo que ahora parece amanecer, cuando falta muy poco para las elecciones. “Los rusos también juegan”, afirman entre la dirigencia que en los papeles lidera Cornejo y se ponen, curiosamente, en el papel de los rusos.

Todavía falta. Manes y Lousteau -se especula que puede volver a ser candidato en este tuno- tienen que ir a competir contra el macrismo y enfrentar la prueba de fuego de las urnas. El senador y exministro de Economía acaba de desayunase con la posibilidad de que Larreta le plante a Vidal como competidora en la Ciudad y debe decidir como revalidar sus pretensiones de cara a 2023. Sin embargo, la tropa radical ya sueña con ganar las internas, conducir la alianza y hasta reconfigurar la lucha política en Argentina con una oposición distinta. Considerada inviable en los marcos de la polarización, esa quimera acaba de devolverle la fe a la comandancia radical.

Por Diego Genoud – Letra P