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La campaña interminable

Las estrellas de las dos grandes coaliciones están en carrera y comiendo el año no electoral. Una panorámica del futuro que es hoy. ¿Llegan Todos Juntos?

Carteles en autopistas, afiches en los municipios, recorridas permanentes por los distritos, acercamientos y reuniones en busca de alquimias electorales, inversión en comunicación y encuestas que se repasan de manera obsesiva como si los tiempos se hubieran acelerado y las urnas estuvieran otra vez a la vuelta de la esquina. Todavía en la cubierta del Titanic y en paralelo al debate por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, la dirigencia política ya encendió motores hacia 2023 y sus movimientos sugieren que la campaña para el gran test del año que viene ya largó. 

Tanto en el Frente de Todos como en Juntos por el Cambio se repiten las declaraciones y las movidas que apuntan a las elecciones presidenciales y parten de lo más alto. En un acto masivo y como parte de una incursión planificada en el conurbano profundo, Alberto Fernández volvió a hablar de su reelección. El martes pasado, desde un escenario montado por Mario Ishi, aludió a este como su “primer mandato”. La alusión presidencial a la posibilidad de un segundo período coincide con la fractura expuesta dentro del oficialismo por el acuerdo con el Fondo y la tensión interna con Máximo Kirchner.

Sin embargo, para los miembros activos del ala optimista del FdT, el pacto con el organismo de crédito no es el comienzo del fin sino la oportunidad del relanzamiento. Ya en noviembre pasado, Fernández había sorprendido con su mensaje en Plaza de Mayo, cuando anticipó que 2023 iba a ser el año de una gran interna en la coalición de gobierno. Parece ser una de las pocas coincidencias que existen hoy entre los distintos sectores del todismo, donde ya aparecen anotados por lo menos tres candidatos más: Sergio MassaWado De Pedro Daniel Scioli

Que corran todos

El presidente de la Cámara de Diputados se anotó como un triunfo propio la aprobación del entendimiento con el Fondo después de consensuar con la oposición un proyecto que eliminó el documento de 139 páginas que había presentado Martín Guzmán. De estrecha relación con Kirchner hijo, Massa busca convertirse en nombre de consenso para las tribus enfrentadas del FdT. Sus movimientos coinciden con el perfil cada vez más elevado del ministro del Interior, uno de los funcionarios del Gobierno que representa a Cristina Fernández y exhibe una llegada inigualable a los altos mandos del establishment.

De Pedro viene de una gira por España que excedió por mucho su participación en el Mobile World Congress de Barcelona. Recién aterrizado, estuvo en la cena de apertura de Expoagro en San Nicolás y se sentó entre los Martin Etchevers Fernán Saguier, los directivos de La Nación Clarín. El ministro anunció en noviembre que La Cámpora tendrá un candidato presidencial en 2023, pero afirmó ni él ni Kirchner ocuparían ese lugar. Como parte de los mensajes encriptados que envía el cristinismo, en la entrevista que le concedió a El País de España, De Pedro pareció más cerca de Alberto que de los Kirchner cuando afirmó que el acuerdo con FMI “evita una catástrofe”. Algo está claro: su rol en el Ejecutivo, pero también su perfil, son distintos a los del líder de La Cámpora. 

La suerte de la unidad está todavía por verse, pero en la oposición especulan con que Cristina seguirá en el centro como candidata a senadora 2023 y a partir de ahí se conformarán distintas opciones en la Nación y en la provincia de Buenos Aires. Hoy incómoda y a la defensiva, la vicepresidenta parece ensimismada, pero en Juntos afirman que su poderío en territorio bonerense está fuera de duda y es capaz de apoyar a más de un candidato en cada competencia. 

La madre de todas las batallas ya tiene a Axel Kicillof decidido a pelear por su reelección. En la apertura de sesiones ordinarias, el gobernador bonaerense lanzó el plan 6×6 con el objetivo de quedarse en la provincia hasta 2027. “A seis años de crisis, seis años de recuperación”, dijo. Con reiteradas menciones a Fernández en su discurso, Kicillof planteó que, después de los cuatro años de Macri y los dos de pandemia, vendrán seis de mejoras para la población, un diagnóstico que choca con las advertencias de La Cámpora en relación al período que se abre. 

Discrepancias al margen, Kicillof quedó archivado como delfín de Cristina para las presidenciales tras la derrota legislativa en la provincia y tiene varios competidores internos anotados. Entre los intendentes, aparece Martin Insaurralde, el jefe de Gabinete que, para algunos, funciona como interventor de Máximo Kirchner en el gabinete provincial y tiene aspiraciones propias. No es el único. También los intendentes que el Presidente convirtió en ministros, Gabriel Katopodis Juan Zabaleta, caminan de forma permanente la provincia con los fierros del Estado nacional. Por último, aparece la pieza dislocada del ministro de Seguridad, Sergio Berni, que se declaró libre de culpa kirchnerista y tiene aspiraciones mayores. De historias enfrentadas, el caso de Kicillof es similar al de Fernández: está obligado a defender su subsistencia. 

Movimientos de primarias

Del otro lado de la polarización, hay muchas figuras lanzadas. El primero es Mauricio Macri, que se revalidó como el dueño del PRO a caballo de la discusión por el acuerdo con el Fondo y, puertas adentro de la coalición, se mueve como si estuviera en 2015. Como contó Letra P, Macri volvió a conducir en los hechos al macrismo y disciplinar a la liga de Horacio Rodríguez LarretaMaría Eugenia Vidal Diego Santilli.

Que la línea dura de rechazo al entendimiento con el FMI haya sido derrotada en Juntos no impide que su autoridad se imponga en el PRO. Su oponente principal no es Larreta, sino Gerardo Morales, dispuesto a cualquier cosa para frenar a los halcones amarillos y pararse como interlocutor amable del peronismo. Como gobernador y jefe de la UCR, su alianza con Massa y su diálogo con el Presidente lo habilitan para ese juego. Por eso, Morales siente que ya encontró su lugar de cara a la carrera del año próximo. El otro candidato del radicalismo es Facundo Manes, que comparte con Morales su absoluto rechazo al proyecto Larreta. 

El jefe de Gobierno porteño confía en que, finalmente, Macri asumirá que no tiene chances de ganar y le cederá su lugar como parte de un acuerdo entre viejos conocidos. Pese a que una facción del establishment le exige definiciones urgentes, Larreta no quiere apurarse y deja trascender que seguirá concentrado en la Ciudad un año más. Sus socios en la interna del PRO, sin embargo, ya están corriendo la maratón 2023.

La semana pasada, Letra P contó los movimientos frenéticos del correcaminos que suma kilómetros en el conurbano y viaja al interior bonaerense para apuntar sus anhelos de gobernador y compensar la atención que gana su íntimo rival Cristian Ritondo. Aburrido en la Cámara de Diputados, Santilli quiere volver a gobernar y se ilusiona con hacerlo en la provincia que hoy atiende Kicillof.

Un periplo similar parece haber iniciado Vidal en el arranque del año. Medio hermana de Larreta, la chica de Flores desempolvó en los últimos días por un rato su pasado bonaerense para darse una vuelta por Expoagro. “Si el campo es el puente de crecimiento de la Argentina, la provincia es la mitad de ese puente”, dijo, como si hubiera recuperado el orgullo perdido.

A esta Vidal desangelada sus competidores internos la presentan sin chances. Sin embargo, la exgobernadora se muestra hiperactiva y busca una interlocución con sectores de los que siempre estuvo alejada. El mismo martes, volvió de San Nicolás para aparecer en la celebración del Día Internacional de la Mujer en el Congreso, junto a sus hijas. Hace unas semanas, había logrado viralizar su mensaje por el Día Mundial de la Obesidad. 

Sin la estructura del jefe de gobierno porteño ni el poder de Macri, la tercera candidata presidencial del PRO es Patricia Bullrich, la jefa de los halcones, que corre con decisión y está lanzada a una campaña de recorridas y mensajes en las redes sociales como los que difundió el 8M como mensaje a las mujeres. Con eco garantizado en los medios amarillos y apoyo de los sectores duros, Bullrich navega con dificultades entre Macri y Larreta y viene de bajarse de la competencia 2021. 

En la Ciudad de Buenos Aires, donde el PRO explota desde hace 15 años su zona franca, la pelea por las candidaturas ya está lanzada. El egresado del Cardenal Newman acaba de plantar su postulante, nada menos que su primo Jorge, otro bonaerense de los que cruzó la General Paz sin culpa y ahora figura como aspirante a gobernar a los porteños. Falta mucho, pero Macri quiere que la Ciudad quede en manos del exintendente de Vicente López y que su apellido vuelva a gobernar la cuna del PRO. Vidal y Martin Lousteau también figuran en la danza de especulaciones, pero no parece negocio para nadie asumirse como candidato de un Larreta que tendrá que entregar soldados en la negociación final con el ingeniero. 

La votación del acuerdo con el Fondo provocó disputas y cimbronazos dentro de los dos grandes frentes electorales, pero impactó sobre todo en el oficialismo, que ahora está rodeado de interrogantes. Sin embargo, los movimientos de primarias están a la vista y todavía se apuesta a que las dos alianzas lleguen unidas a 2023 para dirimir liderazgos internos. De ser así, la tercera vía volvería a naufragar y la unidad sería producto de una guerra fría que ya comenzó.

Por Diego Genoud – Letra P