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A sólo un tweet de la próxima crisis política o institucional Por Fernando León

Anticipamos el año pasado que los principales capítulos de la agenda global terminaban con la reelección de Merkel, el 24 de septiembre pasado. Pero el mundo sigue planteando desafíos al orden posterior al derrumbe del imperio soviético (el ya viejo “Nuevo Orden”) y el mundo de las redes sociales ya ha transformado más de una simple anécdota en asunto de estado. Las simples palabras, en estos días, pueden viralizarse hasta ser verdaderos acontecimientos. Se podría decir, sin exagerar, que todos los días el mundo está a un simple Tweet de distancia de la próxima crisis política.

Así de elocuentes se han vuelto las palabras.

Hagamos un simple repaso: la posible secesión catalana ya está asustando a la Unión Europea, que no quiere problemas de identidad en un club de distinguidos miembros con tanta diversidad. El Brexit, tras la última reunión de la Premier británica con la UE, es un divorcio mucho más complicado de lo que se creía, a tal punto que Bruselas ha tenido que salir a defender a su ex pareja para que la estabilidad de su gobierno no vuelva a ser puesta en duda. El ministro de Asuntos Exteriores de Japón acaba de poner el grito en el cielo porque Corea del Sur planea construir una unidad militar en las islas de Takeshima, que los nipones reclaman en el mar del Japón. En Venezuela no hay descanso para los opositores que tuvieron éxito en las recientes elecciones, quienes son obligados a jurar por la Constituyente ilegal de Maduro. Más de uno ha salido, convenientemente, a poner más en duda el nivel de los interlocutores que la importancia de los temas en cuestión.

Como si esto no fuera suficiente, ha vuelto a escena en la política norteamericana nada menos que el discreto George W. Bush, que se mete de lleno en la interna de su propio partido, el republicano, quien condena a Trump (aunque sin nombrarlo) con las siguientes palabras: “El fanatismo parece fortalecido. Nuestra política se ha vuelto más vulnerable a las teorías conspiratorias y los montajes descarados”. La retórica incendiaria de Donald Trump ha vuelto a dar que hablar en las últimas semanas.

A la polémica con la NFL por los jugadores que se arrodillan durante la interpretación del himno como protesta por la desigualdad racial –que Trump considera una falta de respeto- le siguió la polémica por un supuesto pésame no muy diplomático a las familias de los soldados caídos en combate, cuya existencia el presidente negó enfáticamente. La intervención de Obama, el gran contendiente de Trump en interminables disputas verbales desde que asumió al poder, parecía el último capítulo de una larga serie de polémicas discursivas en las que Trump no suele retroceder jamás. Pero en la disputa con Bush hay algo más ideológico: se trata de dos visiones claramente opuestas sobre el manejo de la cuestión mundial. No en vano las críticas del ex presidente –a quien Trump culpó directamente por el 9/11 y por la guerra de Irak- estuvieron acompañadas por una ferviente defensa del libre mercado y la globalización.

Más allá de los temas en cuestión y de los planteos ideológicos en disputa, que no son poco importantes tras la crisis de representación que se vive en la política del siglo XXI, sería bueno preguntarse si no hubiéramos tenido un año más sencillo con menos intercambio de opiniones –Rajoy versus Puigdemont, May versus la UE, Trump versus Pyongyang, etc- y mayor búsqueda de consenso. Pero eso sería menospreciar el efecto de inmediatez de las noticias, bajo el impacto de las redes sociales, y la inmediata viralización del más mínimo detalle en la era del Big Data, Facebook, Instagram, Tweeter y todos los dispositivos de la Information Technology (IT).

Como bien reflejó el dibujante Jason Sheiler en una de las tapas del Weekly Standard, refiriéndose a uno de los tantos viajes de Trump por el mundo: “He came, he saw, he tweeted”. El mundo, sin dudas, estará plagado de problemas, pero podemos decir sin temor a equivocarnos, que la libertad de expresión -al menos entre nuestros líderes mundiales- no es uno de ellos.

*Abogado -UBA-. Analista internacional, especialista en Asuntos públicos.

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