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Vamos a volver

Con Facundo Manes y Martín Lousteau, la UCR se ve competitiva en el AMBA y torea al PRO para disputar el liderazgo nacional de Juntos por el Cambio. Mediáticos vs rosqueros, la pelea interna.

Ciento treinta años después de su fundación, el radicalismo cree estar más vivo que nunca. El fracaso ruidoso de Mauricio Macri en el poder, la vigencia del antiperonismo a lo largo y a lo ancho del país y la aparición de Facundo Manes como candidato le permitieron a la cúpula de la UCR asomar la cabeza, después de una larga temporada en la que se había amoldado a ser socia menor del gobierno de los CEOS. La campaña en la provincia de Buenos Aires, el territorio decisivo en el que a la oposición nunca le resultó fácil ganar, es lo que motiva a la comandancia del radicalismo a mirar con optimismo la batalla electoral y creer que es posible vertebrar desde el AMBA a una estructura nacional que sobrevivió a todo.

Con Manes y con Martín Lousteau, el radicalismo apuesta a dar un paso más para dejar atrás el estado de confederación de partidos provinciales -en el que quedó estacionado después del estallido de 2001- y volver a ser un partido nacional.

La pirotecnia verbal de los últimos días y el cruce de acusaciones con los socios del PRO no hacen más que confirmar que los radicales -hasta hace no tanto disciplinados y sumisos- ahora están envalentonados y quieren disputar el liderazgo dentro de la coalición opositora. Lo muestra como nadie el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, que después de ser el radical que más defendía a Macri cuando estaba en el poder, cultivó un dialogo permanente con Alberto Fernández y Sergio Massa. Gladiador mediático de los más buscados, Morales vino a Buenos Aires esta semana, se reunió con Manes y también pasó a visitar a Massa por la Cámara de Diputados. El gobernador de Jujuy defiende la candidatura del neurocirujano y libra varias batallas a la vez: en una, se enfrenta a Horacio Rodríguez Larreta en la carrera por sepultar a Macri y posicionarse en la interna hacia 2023; en la otra choca con Enrique “Coti” Nosiglia y el bloque de poder que impulsa el liderazgo nacional de Lousteau.

Pasados de internas

La discusión por la jefatura de la UCR a nivel nacional viene acompañada por una renovación generacional que se da en todas las provincias, donde las PASO que Mario Negri acordó durante meses en reuniones con Máximo Kirchner Eduardo De Pedro funcionan ahora como el gran mecanismo que le permite al radicalismo doblarse pero no romperse.

Juntos por el Cambio existe como tal en 22 provincias y la UCR participa en las primarias de 17 distritos. Además, en las ocho provincias en las que se eligen senadores, la UCR libra sus propias internas y los radicales se enfrentan entre sí, en algunos casos con virulencia, en la superficie o detrás de escena. En Santa Fe, los radicales participan de las cuatro listas que compiten, lo mismo que en Córdoba, donde Negri va al choque con Luis Juez, que también lleva radicales en su lista. En La Pampa, Tucumán, Catamarca y Chubut compiten tres y hasta cuatro dirigentes de la UCR. En algunos casos, la disputa es entre los que tienen chanches y los que se plantan de forma testimonial, pero en otros, como en Tucumán, radicales que ya participan de la política nacional como José Cano Silvia Elías de Pérez son desafiados por intendentes de la nueva generación, como Mariano Cantero, de Yerba Buena, y Roberto Sánchez, de Concepción.

Ese estado de efervescencia es atribuido en Buenos Aires a distintas razones. Para algunos, se trata de que el efecto Manes-Lousteau impacta en las provincias y genera el efecto de un partido que vuelve a disputar la conducción nacional del frente antiperonista. Para otros, es la falta de liderazgo la que propaga la competencia interna hacia el infinito y llega como una especie de liberación después de haber soportado la tutela del PRO entre 2015 y 2019. De hecho, solo en las provincias donde gobierna el radicalismo, Jujuy, Corrientes y Mendoza, la jefatura parece fuera de duda. Mano derecha de Lousteau en la política, Emiliano Yacobitti suele recordar que en 2017 los echaron de Cambiemos por querer competir en la Ciudad de Buenos Aires. Hoy la situación es otra, pero la pelea de poder existe y está abierta.

Morales vs Lousteau

A un lado y al otro del radicalismo, todos reconocen que el origen del proceso de ebullición fue la interna de la provincia de Buenos Aires que Maximiliano Abad le ganó a Gustavo Posse en alianza con la cúpula radical y con la incorporación de Gastón Manes. En ese test electoral, Morales, Negri, Luis Naidenoff Ernesto Sanz se pusieron del lado de Abad frente a un Posse que tenía el apoyo del tándem Nosiglia-Lousteau-Yacobitti.

La interna bonaerense fue lo que decidió al neurocirujano radical a competir como candidato frente a Diego Santilli, el elegido de Rodríguez Larreta para cruzar la General Paz. Pero además, mostró que más allá de las posiciones tácticas y las diferencias a la hora de construir poder y tejer alianza, el radicalismo avanza unido por el amor y el espanto hacia 2023.

Lousteau, que había enfrentado a Manes en la provincia, fue el primero en sellar un acuerdo con el titular de la Fundación Ineco para que Danya Tavela lo secunde en la lista. La rectora de la universidad del Noroeste, que durante la gestión Macri fue designada por Esteban Bullrich como subsecretaria de Políticas Universitarias del ministerio de Educación de la Nación, pertenece al espacio del creador de la resolución 125. Así se rompió la alianza entre Nosiglia y Posse que, según ahora dicen en el radicalismo, trabajará de manera más o menos explicita para el proyecto de Santilli y Larreta. Más allá de su juego zigzagueante que ya lleva más de dos décadas -estuvo con el kirchnerismo, con el massismo y con el macrismo-, entre los radicales le reconocen al intendente de San Isidro la propiedad de una estructura de peso en la provincia. A Manes, según suponen algunos, le hubiera convenido asociarse a él.

De vacaciones con su familia, Lousteau no salió a defender al médico de Salto en la pelea con el team Larreta, pero sí decidió cruzar fuerte a Negri por haber tuiteado que el Senado era “la madriguera del poder de Cristina Kirchner”.

Todo lo contrario hizo Morales, que alzó su voz contra el jefe de gobierno porteño, ocupó el lugar que dejó vacante Cornejo y le dio de comer a la novela de la oposición con un objetivo prioritario: su propio posicionamiento para lo que viene. En diciembre, el partido elegirá al sucesor del dirigente mendocino y el gobernador de Jujuy aparece como el primer candidato para reemplazarlo. Su desafiante podría ser Lousteau: es lo que supone la cúpula radical, aunque al lado del senador todavía no lo confirman. El gobernador y el senador expresan dos líneas bien distintas y se llevan bastante mal desde siempre, aunque -dicen- dialogan seguido y en el último tiempo buscaron moderar los choques.

Aunque mide bajo en las encuestas, a Morales se le acaba su tiempo en Jujuy y busca proyectarse hacia 2023. Es el Plan B de los radicales en caso de que Manes, la gran esperanza de hoy, no logre superar las pruebas de las PASO. Si el neurocirujano fracasa en su debut en la provincia y obtiene un mal resultado, todas las alquimias que hoy se ensayan se vendrán abajo en tiempo récord y el radicalismo volverá a su rol de partenaire del PRO. Así lo reconocen algunos que miran encuestas y sostienen que no hay forma de vencer al poder económico y electoral que reúne Larreta. En caso de que Manes no prospere, es probable que Morales consiga el apoyo de Negri, Naidenoff y Sanz para ir a perder con el jefe de gobierno porteño en las primarias presidenciales. Más dudoso es el caso de Cornejo que, más de una vez, estuvo a punto de irse a las manos con Morales.

Ambiciones personales al margen, los dos bloques que disputan la jefatura de la UCR tienen diferencias notables. De un lado el estilo de denuncia mediática de Negri, Naidenoff y Cornejo; del otro el ejercicio de poder real aunque minoritario de Nosiglia, Lousteau y Yacobitti. En el Congreso, se horrorizan cuando ven cómo Lousteau y sus aliados ocupan lugares en bancos públicos y organismos del Estado con recursos cuantiosos. Los consideran lobistas dedicados a los negocios. Mientras Nosiglia se dedica a la construcción de poder y a la negociación de espaldas a las cámaras de televisión, la dirigencia radical tiene alquilados los estudios de los canales más vistos y toda su popularidad está atada a las entrevistas en livings más o menos amables.

Como sea, a casi 20 años del estallido de diciembre de 2001, el radicalismo está vivo y tiene pretensiones. Sus dirigentes respiran el mejor aire en las últimas dos décadas y las nuevas generaciones vuelven a creer en el poder. Con Manes y con Lousteau, volvieron a sentirse competitivos en el AMBA y a encender la llama de una esperanza nacional. Intuyen que el destino reciente de furgón de cola empieza a quedar atrás. Y que pueden volver a gobernar.

Por Diego Genoud – Letra P