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Argentina, el laboratorio de Monsanto

Los efectos de los agroquímicos sobre la salud humana son un tema cada vez más debatido en países con fuerte desarrollo agrícola. Es el caso en Argentina y también en Francia, donde un equipo de la universidad de Caen Normandia descubrió los daños severos en riñón e hígado que produce en mamíferos el Roundup, uno de los herbicidas más utilizados del mundo. El papel de Monsanto.

La productora estadounidense en biotecnología, Monsanto, ha convertido a la Argentina en el tercer productor mundial de soja, pero los productos químicos que impulsan el auge no se limitan a la soja y el algodón y los campos de maíz. Contaminan rutinariamente hogares y aulas y el agua potable. Un coro creciente de médicos y científicos advierte que su uso no controlado podría ser responsable de la creciente número de problemas de salud a aparecer en los hospitales de la nación sudamericana. En el corazón del negocio de la soja de Argentina, de casa en casa encuestas de 65.000 personas en las comunidades agrícolas encontraron tasas de cáncer de dos a cuatro veces mayor que el promedio nacional, así como mayores tasas de hipotiroidismo y enfermedades respiratorias crónicas. Fotógrafo de Associated Press Natacha Pisarenko pasó meses documentar el tema en las comunidades campesinas a través de Argentina.

La mayoría de las provincias de Argentina prohíben plaguicidas de pulverización y otros agroquímicos próximos a los hogares y las escuelas, con las prohibiciones que van en distancia de 50 metros a tanto como a varios kilómetros de las zonas pobladas. The Associated Press encontró muchos casos de la soja plantada tan sólo unos metros de las casas y las escuelas, y de productos químicos mezclados y cargados en tractores dentro de barrios residenciales. En los últimos 20 años, la pulverización de agroquímicos ha multiplicado por ocho en Argentina- de 9 millones de galones en 1990 hasta 84 millones de galones de hoy. El glifosato, el ingrediente clave en los productos de Round Up de Monsanto, se utiliza más o menos ocho a diez veces más por hectárea que en los Estados Unidos. Sin embargo, Argentina no aplica las normas nacionales para los productos químicos agrícolas, dejando a la elaboración de normas a las provincias y la aplicación a los municipios. El resultado es una mezcolanza de regulaciones ampliamente ignoradas que dejan a la gente peligrosamente expuesta.

Nicolas Defarge es uno de los biólogos que formó parte de ese equipo, dirigido por el Dr. Gilles Seralini del Instituto de Biología Aplicada de la Universidad Caen Normandia.

Defarge -que ahora trabaja en el Institute of Integrative Biology, Department of Environmental Sciences de Zurich (Suiza)-, participó como testigo del tribunal a Monsanto realizado en La Haya (Holanda) a mediados del año pasado, y estuvo en Rosario para conocer de primera mano, la realidad de esta zona y estrechar contactos con el equipo de salud socioambiental de la facultad de medicina de la UNR, que investiga sobre el terreno los efectos de los agroquímicos sobre la salud humana en el sur de Santa Fe.

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