La aeronave había despegado de Sochi y cayó en espacio aéreo ruso. Entre las víctimas hay militares, periodistas y miembros del Coro del Ejército Rojo.
Una nueva tragedia aérea encendió las alarmas en Rusia. Un avión que se dirigía a una base militar en Siria con 92 personas a bordo, incluidos miembros de un famoso coro del ejército, cayó ayer en el mar Negro dos minutos después de despegar de la ciudad turística de Sochi, sin que se encontraran sobrevivientes, indicó el Ministerio de Defensa.
A bordo del Tupolev Tu-154 viajaban 65 miembros del Ensamble Alexandrov, conocido en el exterior como el coro del Ejército Rojo. Proveniente de Moscú, el avión se precipitó al agua aún en territorio ruso. En Sochi había hecho escala técnica y su destino era la base militar de Jmeimim, cerca de Latakia, en Siria.
Las autoridades rusas excluyeron en un principio que se tratara de un atentado terrorista, aunque luego la incorporaron en el abanico de posibilidades del incidente. Las hipótesis de la investigación también apuntan a un eventual problema técnico o un posible error de los pilotos militares, pese a que la tripulación contaba con mucha experiencia.
"Habrá una investigación exhaustiva de las causas de la catástrofe y se hará todo para dar apoyo a las familias de los muertos", dijo el presidente ruso, Vladimir Putin , que expresó sus condolencias y declaró duelo nacional.
Nadie se atrevía a descartar sin más la pista de un atentado, una teoría verosímil en un escenario de guerra donde Estado Islámico (EI) agita un odio declarado contra Rusia por su intervención a favor del régimen de Bashar al-Assad. Varios expertos señalaron factores que insinúan un atentado, como el hecho de que la tripulación no reportó ninguna falla de funcionamiento, y que los restos de la aeronave quedaron esparcidos en un área amplia.
"Posibles fallas de funcionamiento ciertamente no hubieran impedido a la tripulación reportarlas", dijo Vitaly Andreyev, un ex controlador de tráfico aéreo, a la agencia rusa de noticias RIA Novosti.
El Kremlin es un sólido aliado de Al-Assad en su lucha contra las facciones rebeldes laicas e islamistas que tenían en jaque a su régimen hasta septiembre de 2015, cuando el poderío militar ruso entró en acción. Las represalias no se hicieron esperar, desde el atentado contra un avión comercial que cubría la ruta entre el balneario egipcio de Sharm- el-Sheik y Moscú, donde viajaban turistas rusos, hasta el asesinato la semana pasada del embajador ruso en Turquía.
El presidente del Comité de Política Exterior del Parlamento ruso, Leonid Sluzki, dijo que la tragedia no cambiará en nada la relación militar entre los dos países. "Las relaciones con Siria son y siguen siendo muy estrechas, también en el marco de la operación conjunta para expulsar al terrorismo internacional del territorio del país", declaró.
Para abastecer a la base de Jmeimim, el Ministerio de Defensa mantiene un intenso tráfico aéreo para el que se usan aviones civiles antiguos como el Tupolev, cuyo diseño data de los años 70. La nave accidentada se construyó en 1983.
Las aerolíneas rusas han sustituido sus Tu-154 por aviones más modernos, pero el ejército y algunas agencias del gobierno mantuvieron su uso a pesar de un historial de incidentes como el sucedido en abril de 2010, cuando un Tu-154 en el que viajaba el entonces presidente de Polonia, Lech Kaczynski, y otras 95 personas se estrelló al tratar de aterrizar con mal tiempo en un aeropuerto militar ruso.
El Kremlin organiza regularmente viajes de artistas para que actúen en Jmeimim, la base principal de la campaña aérea en Siria. El Aleksandrov debía actuar la noche del 31 de diciembre, una fecha de máxima relevancia ya que el Año Nuevo es el principal feriado para muchos rusos. La Navidad ortodoxa del 7 de enero también es muy celebrada.
"El Ensamble Aleksandrov es la tarjeta de presentación de Rusia", dijo el célebre pianista ruso Denis Matsuev sobre la banda oficial del ejército ruso, que incluye un coro, una orquesta y un cuerpo de baile.
En el avión también viajaban nueve periodistas de las cadenas Pervy Kanal, NTV y Zvezda; dos funcionarios del gobierno, y la activista Elizaveta Glinka, directora de una organización caritativa. Glinka llevaba medicamentos para el hospital universitario de Latakia. Se había convertido en una personalidad respetada por su trabajo benéfico, que incluyó misiones a la zona de guerra en Ucrania, otro frente donde Moscú interviene activamente.

