El primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, atraviesa el momento más delicado desde que llevó al Partido Laborista de regreso al poder en 2024 con una victoria histórica. Menos de dos años después de aquel triunfo, enfrenta una rebelión interna que amenaza con convertirlo en otro líder británico derribado por su propia bancada política antes de completar el mandato.
Las derrotas sufridas por los laboristas en las recientes elecciones locales de Inglaterra, Escocia y Gales aceleraron un proceso de desgaste político que ya venía creciendo por el malestar con la economía, el aumento del costo de vida y la percepción de que el Gobierno ha perdido dirección.
Aunque el primer ministro, Keir Starmer, insiste en que seguirá en el cargo e incluso ha sugerido que podría gobernar durante una década, la presión interna abre distintos escenarios sobre cómo podría terminar su mandato.
La vía más directa: una renuncia negociada
La salida más sencilla sería una dimisión voluntaria por parte de Starmer. En ese caso, se activaría automáticamente el proceso interno para elegir un nuevo líder laborista, quien se convertiría también en primer ministro sin necesidad de convocar a elecciones generales.
El sistema político británico permite que el partido gobernante sustituya a su líder durante la legislatura. Ya ocurrió repetidamente con los conservadores en la última década, cuando cayeron David Cameron, Theresa May, Boris Johnson y Liz Truss.
Si Starmer anunciara su salida inmediata, el gabinete y la dirección de la bancada política probablemente designarían un líder interino mientras se desarrolla la elección interna. Entre los nombres mencionados aparece David Lammy como posible figura de transición.

Sin embargo, Starmer ha descartado públicamente esa opción y ha prometido resistir cualquier intento de destitución.
El escenario más probable: una rebelión interna
La alternativa más compleja sería un desafío formal al liderazgo impulsado desde el propio Partido Laborista.
Según las reglas internas de la formación, cualquier aspirante necesita el apoyo del 20 % de los diputados laboristas en la Cámara de los Comunes. Es decir, al menos 81 parlamentarios. Una vez alcanzado ese umbral, se abriría una elección interna en la que Starmer aparecería automáticamente en la papeleta.
El proceso no terminaría ahí. Los candidatos tendrían además que conseguir respaldo de agrupaciones locales del partido o de organizaciones afiliadas, como sindicatos. Finalmente, los militantes y afiliados votarían mediante un sistema preferencial hasta que uno de los aspirantes supere el 50 % de apoyo.
El ganador sería invitado por Carlos III a formar gobierno.

Por ahora, ningún rival ha logrado reunir oficialmente los apoyos necesarios, aunque el creciente número de diputados que exige la salida de Starmer sugiere que el umbral podría alcanzarse si emerge una candidatura fuerte.
El fantasma de Boris Johnson y las dimisiones en cadena
Otro riesgo para Starmer es una ola de dimisiones ministeriales que termine por hacer insostenible su permanencia, como ocurrió con Boris Johnson en 2022.
En los últimos días, varios ministros de rango menor abandonaron el Gobierno y pidieron abiertamente la salida del primer ministro. La renuncia este jueves 14 de mayo del ministro de Salud, Wes Streeting, elevó aún más la presión.
Aunque el Partido Laborista históricamente ha sido menos proclive que los conservadores a destronar a sus líderes, el precedente de Johnson ha instalado la idea de que una cascada de renuncias puede derribar incluso a un primer ministro con mayoría parlamentaria.
La diputada laborista Catherine West intentó impulsar precisamente ese escenario al pedir al gabinete que organizara un “golpe interno” contra Starmer. Más tarde moderó su postura, aunque mantuvo la presión para que el premier anuncie un calendario de salida.
Andy Burnham, el nombre que condiciona los tiempos
Gran parte de las maniobras internas giran alrededor de Andy Burnham, considerado por muchos laboristas como el dirigente con más posibilidades de derrotar electoralmente a la oposición conservadora y frenar el avance de la derecha populista.
Las encuestas lo muestran como una de las figuras más populares del partido, incluso por encima de Starmer. Sin embargo, enfrenta un problema crucial: no es diputado en Westminster y, por tanto, no puede competir por el liderazgo laborista mientras siga fuera del Parlamento.
Eso explica por qué algunos sectores promueven retrasar cualquier contienda interna hasta septiembre o incluso más adelante. La idea sería darle tiempo a Burnham para regresar a la Cámara de los Comunes mediante una elección parcial en un distrito seguro para los laboristas.

Pero esa estrategia también entraña riesgos. Las recientes derrotas electorales del partido sugieren que incluso escaños considerados seguros podrían volverse vulnerables.
Las otras figuras en disputa
En ausencia de Burnham, la principal referencia del ala izquierda laborista es Angela Rayner, ex viceprimera ministra y figura cercana a las bases sindicales.
Rayner ha incrementado la presión sobre Starmer criticando la “cultura tóxica de amiguismo” dentro del partido, aunque algunos interpretan que podría preferir respaldar a Burnham antes que enfrentarse directamente al primer ministro.
Streeting, por su parte, representa el ala más moderada y modernizadora del laborismo. Su perfil como comunicador eficaz y sus avances al frente del sistema sanitario le han dado visibilidad, aunque también arrastra polémicas por sus vínculos políticos con Peter Mandelson.
Otros nombres mencionados como posibles aspirantes son Ed Miliband, secretario de Estado y Seguridad Energética; la ministra del Interior, Shabana Mahmood; la secretaria de Estado para Asuntos Exteriores, Yvette Cooper, y John Healey.
¿Por qué algunos prefieren esperar para destituir a Starmer?
Aunque muchos dentro del partido consideran improbable que Starmer llegue fortalecido a las próximas elecciones generales previstas para 2029, no todos creen que este sea el momento adecuado para sustituirlo.
La crisis internacional, marcada por la tensión en Oriente Medio y la guerra con Irán, ha reforzado parcialmente la imagen de Starmer como líder en política exterior. Incluso algunos críticos reconocen que su gestión internacional ha sido más sólida que su desempeño doméstico.
Además, una guerra interna podría agravar la percepción de inestabilidad política en Reino Unido, un país que ya ha tenido cinco primeros ministros en poco más de una década.
Los sectores empresariales y financieros observan con preocupación la posibilidad de otra transición abrupta en Downing Street, especialmente si el eventual sucesor pertenece al ala más izquierdista del laborismo y apuesta por un mayor gasto público y subidas de impuestos.
El riesgo final: elecciones anticipadas
Aunque los laboristas cuentan con una amplia mayoría parlamentaria, una eventual caída de Starmer podría desencadenar presiones para convocar elecciones generales anticipadas.
La oposición conservadora ya sostiene que un nuevo primer ministro sin mandato electoral directo carecería de legitimidad política. Ese argumento podría ganar fuerza si el reemplazo surge de intensas disputas internas o de pactos entre facciones del Partido Laborista.

Para Starmer, el desafío no es solo conservar el liderazgo. También debe convencer a su partido de que sigue siendo la mejor opción para evitar que el Reino Unido vuelva al ciclo de inestabilidad política que prometió terminar cuando llegó al poder.
Por Yurany Arciniegas – France24

