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Economía política de la deuda

Sin confrontación, no hay estrategia de desarrollo y mejoramiento de la vida del pueblo

El Fondo Monetario Internacional ha tenido una conducta gravísima en el otorgamiento de los préstamos a la Argentina durante el gobierno de Macri. Ha incurrido en un sustancial incumplimiento de la legalidad del país, en el orden de sus estatutos, pero fundamentalmente en la ruptura del apego a cualquier dispositivo de la institucionalidad global al que se quiera recurrir. Deuda y saqueo no es un giro literario, sino la literalidad de una conducta del organismo para con la Argentina. El comportamiento del organismo multilateral ha sido de carácter pre-capitalista, respondiendo a formas a las que Marx denominara de acumulación originaria. O sea, a prácticas de despojo por métodos ajenos a los procederes legítimos del orden social hegemónico a nivel mundial.

El objetivo central de la intervención del organismo no fue resolver una situación crítica del balance de pagos sino agravarla para desarticular la posibilidad del retorno del patrón de acumulación previo al gobierno de Cambiemos, cuyo rasgo fundamental fue liberarse de la gravitación del peso del endeudamiento externo, lo que le permitió a ese gobierno democrático definir una política económica autónoma. El FMI se introdujo en la vida económica argentina con tres objetivos principales:

  1. Permitir la fuga de capitales de fondos de especulación de corto plazo, que luego de rentabilizarse habían quedado rezagados en la dinámica de retirarse cuando el modelo macroeconómico de liberalizaciones y anti-intervencionista había perdido la consistencia de garantizar la liquidez en divisas provenientes del mercado voluntario de crédito. Lo que significó, de hecho, una operación del Fondo como garante de última instancia para el capital especulativo de la financiarización.
  2. Introducir una restricción financiera de divisas de largo plazo, que operara como un cepo respecto a su disposición para un desarrollo diversificado de la economía nacional. Esto es lo que define la lógica de saqueo. Abruptamente el FMI evitó el colapso de capitales privados por una cifra que superaba largamente los 50.000 millones de dólares y asumió el rol de gendarme-acreedor como organismo representante de los agentes de la financiarización de la economía mundial. Es claro que los 44.000 millones que prestaron facilitaron la continuidad de una política que sumó unas decenas más de miles de millones de dólares a la fuga, provenientes de las actividades de la economía real. Corresponde entonces, más que la analogía, una homología entre la conceptualización de Marx respecto de la acumulación originaria como desposesión de clases sociales mayoritarias por una minoría que construiría posteriormente un derecho de propiedad sobre los medios de producción –condenando a los expropiados iniciales a la condición de sometimiento a los dueños del capital–, con el comportamiento del FMI de proveer las armas financieras para destruir en un solo acto el rumbo de independencia de los doce años kirchneristas en la Argentina. Es en este sentido que el FMI agregó a su cambio de rol en la arquitectura mundial la impunidad de actuar antijurídicamente para regenerar las condiciones de recolonización financiera del país.
  3. Una vez cometido el atropello de acumulación originaria a través de lo descripto en el punto anterior, recurrir con dureza e inflexibilidad a exigir el cumplimiento de las disposiciones burocráticas del organismo multilateral para garantizar que los dos objetivos primeros fueran alcanzados. Ninguna quita de capital, resistencia a reducir sobrecargos a la tasa de interés. Negativa a ampliar los plazos de la refinanciación del préstamo. Pero la meta final perseguida a través del amañamiento de la ingeniería financiera es la imposición de condicionalidades sobre la política económica. La lógica del acuerdo pretendido es la de la imposición. Una Nación independiente no puede someter la decisión soberana de su pueblo a los dictados de un “acuerdo” con un organismo multilateral. ¿Acaso se trata de las imposiciones económicas a una Nación derrotada en una guerra? El FMI se comporta como vengador de la refinanciación de la deuda privada realizada durante el gobierno de Néstor Kirchner, y del pago de sus acreencias totales durante esa gestión para liberarse de las imposiciones habituales con la que somete a la política económica nacional. Su comportamiento es el de una ofensiva imperial.

Fuga sin misterio

La clave constante del patrón de acumulación de la valorización financiera fue endeudar para fugar. El FMI fue el organismo multilateral que colaboró en forma inédita con el terrorismo de Estado, al cual asistió con un nivel de apoyo inédito en épocas anteriores. Fue el régimen genocida quien inauguró la época de la fuga de capitales como eje central de la economía nacional. Magdalena Rúa en su nota del 14 de noviembre La Argentina Acreedora afirma irrefutablemente: “El sector privado no financiero de la Argentina posee una portentosa cantidad de activos en el exterior que representan casi 8 veces lo adeudado al Fondo Monetario Internacional en función de la deuda tomada por el gobierno de Mauricio Macri, o 10 veces según estimaciones alternativas a la oficial. Esta impresionante suma es más que suficiente para que la Argentina financie de forma autónoma su proceso de desarrollo sin ‘asistencia’ del exterior; sin embargo, la fuga de capitales hacia los países centrales se ha conformado en uno de los principales destinos del excedente agudizando su dependencia financiera y condicionando su soberanía política”. Esta dinámica no tiene misterio. El Fondo bancó las liberalizaciones del gobierno de Videla-Martínez de Hoz e hizo su intervención más “jugada” en el financiamiento de la dilapidación de la alianza Cambiemos. El organismo no es un ente aislado sino una institución ligada a los intereses de los fondos de inversiones especulativos de la financiarización. Esos fondos, el organismo multilateral y los Estados cuyo poder es hegemonizado por los mismos agentes promueven el modelo neoliberal. Un modelo de saqueo y de reconversión rentística de la lógica de la ganancia empresaria. El neoliberalismo no es una expresión de una equivocada mirada de la economía y la política, es un enfoque destinado a favorecer esa reconversión y a postrar los intentos de las naciones dependientes de romper cadenas con los centros de poder.

Eduardo Basualdo prologa Endeudar y fugar caracterizando que “la problemática de la deuda externa y la fuga de capitales locales al exterior han signado… el comportamiento económico, social y político de las últimas cuatro décadas en nuestro país. Como es sabido, ambas cuestiones integran la balanza de pagos e interactúan entre sí, y su comportamiento tiene repercusiones –mediatas o inmediatas– en términos del crecimiento económico”. La deuda que el Fondo Monetario consolidó e introdujo en la Argentina no merece su consideración en términos de una lógica error-acierto sino de la consolidación y reintroducción adrede del dispositivo endeudar para fugar.

Los condenados de la deuda

La liberalización financiera condujo a la pérdida de funciones de la moneda nacional, mediante la defensa dogmática de la libertad de cambios que abrió el camino estructural a la dolarización de los excedentes de los grupos de poder económico y a una inestabilidad financiera que fue una condición decisiva de las recurrentes devaluaciones en la Argentina. Si bien la historia de estas devaluaciones se remonta a períodos previos, sus causalidades y dinámicas se modificaron porque la fuga incorporó un elemento decisivo sobre la disponibilidad de dólares para las necesidades de equilibrio de la cuenta corriente del balance de pagos. En el mismo prólogo, Basualdo sostiene que “es insoslayable… que la valorización financiera que puso en marcha la dictadura cívico-militar (y que continuó luego durante los gobiernos conducidos por los partidos políticos mayoritarios) produjo… un fenómeno estructural de primer orden de importancia: la dolarización del comportamiento social y, específicamente, de la mediana y alta burguesía… Los motivos y la incidencia de cada uno de esos estratos fueron cualitativamente diferentes: mientras la mediana burguesía buscaba proteger sus ahorros de los procesos inflacionarios desencadenados por el capital oligopólico, la alta burguesía y el capital extranjero, que fueron la columna vertebral de este proceso, se encaminaron a multiplicar su patrimonio a través del ciclo de endeudamiento, la valorización del capital y su posterior fuga al exterior”.

Sin excepción, el FMI reclamó planes de ajuste para las refinanciaciones otorgadas por sus préstamos. También cambios estructurales como las privatizaciones, y la destrucción de derechos laborales y sociales. Los salarios siempre cayeron con los programas que el organismo “acordó”, y el gasto social también. Además exigió la reducción de la inversión pública en infraestructura.

Los condenados de la deuda eterna, de la fuga de los poderosos y de los planes fondomonetaristas fueron los trabajadores, los sectores sociales vulnerables, y la autonomía nacional y sus posibilidades de desarrollo.

Un programa nacional y popular debe contener:

  1. la recuperación del salario real a los niveles del año 2015 como piso;
  2. la potenciación de la demanda interna para la reactivación de las pymes y la recuperación del nivel de empleo;
  3. el crecimiento del gasto social por encima del aumento del PBI, para mejorar las condiciones de vida popular hoy diezmadas por los cuatro años de destrucción llevados a cabo por el gobierno de la alianza PRO-UCR-CC;
  4. la ingeniería del pago de la deuda debe recurrir a las quitas, reducciones de tasas, ampliaciones de plazos y penalizaciones por la intervención antijurídica del FMI, que la subordinen al éxito de los tres primeros objetivos;
  5. una mayor participación productiva del Estado en la economía, porque se requiere aumentar el poder estatal y no disminuirlo como tradicionalmente procuraron los programas del FMI.

Estos son los contenidos de un proyecto de programa de mediano plazo que debería recibir para su discusión el Congreso Nacional en diciembre, producto de una elaboración autónoma. El Fondo debe limitarse a respetar la soberanía nacional en la elección del rumbo económico. Su pretensión de tomar cartas en el asunto sería un intervencionismo que violaría el derecho a la libre determinación de los pueblos.

Pinedo o Perón

Los grupos de poder, el FMI, los intelectuales de la ortodoxia económica y, también, muchos de la heterodoxia, promueven políticas y legislaciones para salir a juntar dólares como sea, para poder afrontar los pagos de un eventual arreglo entre el organismo y el país. Muchos partícipes del bloque de poder económico quieren el ajuste con más ahínco que el propio Fondo. La regularización de relaciones con el poder financiero les resulta la condición necesaria para una supuesta vuelta a los mercados voluntarios de crédito y, por lo tanto, a la restauración de las condiciones de volver a endeudar para rentabilizarse en las especializaciones de producciones primarias, mineras y agroindustriales buscando exportar y dolarizar los excedentes. Es una desaconsejable desesperación exportadora, que lejos de una política de desarrollo integral tendiente al pleno empleo y a la diversificación productiva –con mejora de la intensidad de conocimiento propio en los procesos productivos–, acude a la alternativa previa a la industrialización que fuera el eje del proyecto que dio nacimiento al peronismo. Suena a una música que recuerda al Plan Pinedo de 1940.

Esta es la trampa tendida por el acuerdo Cambiemos-FMI: bloquear el proyecto democrático, nacional y popular por el lado de la restricción financiera. Ya no se trata del desafío de romper la restricción externa vigente por las condiciones de dependencia que los centros de poder impusieron a los países jóvenes, haciendo pesar su estructura madura, mediante la reserva del mercado exportador de bienes de producción diferenciada frente a los commodities que exportaban las naciones periféricas. A esas condiciones de dependencia, Osvaldo Sunkel y Pedro Paz, muy anticipadamente respecto de los agravamientos introducidos por la financiarización, las describían en El subdesarrollo latinoamericano y la teoría del desarrollo caracterizando que “el desarrollo y el subdesarrollo pueden comprenderse… como estructuras parciales, pero interdependientes, que conforman un sistema único. La característica principal que diferencia ambas estructuras es que la desarrollada, en virtud de su capacidad endógena de crecimiento, es la dominante, y la subdesarrollada, dado el carácter inducido de su dinámica, es dependiente”.

Esa lógica de dependencia que devenía en restricciones externas por el carácter de la estructura productiva de los países periféricos fue agravada superlativamente por las políticas de apertura y la financiarización. Los liberales no son inocentes pensadores sino cuadros orgánicos del capital financiero. Los desarrollismos que descansan en una lógica que presume que la ruptura con el atraso sobrevendrá por la vía de un tecnocratismo acertado, entienden que la imitación de las políticas seguidas previamente por los países centrales conducirá al paraíso, mientras desesperan por encontrar atajos para “zafar” del endeudamiento. Sin embargo, el subdesarrollo de los países dependientes es la condición de la plétora de riqueza del mundo central, en tanto la trampa de las finanzas abiertas y de la lógica fuga-deuda es la mejor garantía de la continuidad y profundización del sometimiento. Sin confrontación, sin noción de segunda independencia, no hay estrategia de desarrollo y mejoramiento de la vida del pueblo. Comprender que hay dos campos antagónicos e irreconciliables en lucha es un punto de partida indispensable. La ruptura de la dependencia es la condición del desarrollo nacional y no a la inversa.

Por Guillermo Wierzba – El Cohete a la Luna