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Diego Valenzuela: “Cambiemos no es de derecha, es progresista”

Diego Valenzuela, intendente de Tres de Febrero: la “derecha democrática”, el “peronismo PRO” y un viaje para entender cómo se mueve la fuerza que gobierna la Provincia de Buenos Aires.

Diego Valenzuela dice la frase que ilustra esta entrevista con seriedad. El jefe comunal de Tres de Febrero rechaza el debatido concepto de “derecha democrática” con que José Natanson describió al gobierno, pero no por “democrática” sino por aquello que los que están en su vereda de enfrente no parecen discutir: que Cambiemos es una expresión de la derecha. Cuando en diciembre de 2015, este periodista, historiador y anchorman televisivo asumió un sillón municipal ocupado durante 24 años por un encumbrado barón del conurbano como Hugo Curto, su ascenso pareció desmentir varias presunciones respecto a lo que se entiende como el prototipo del intendente bonaerense. Dos años después, Valenzuela se ve preocupado por desmentir, también, las presunciones respecto a lo que se entiende como el prototipo del dirigente cambiemita: insiste en describirse como un “peronista PRO”, dice que no hacen “neoliberalismo” en su municipio, ensalza la gestión “pero no despojada de ideología”, rechaza la política manejada por consultores y abjura del “gobierno de los CEOs”. Hábil declarante, Valenzuela encarna una de las tantas aristas que explican la fórmula Cambiemos, una experiencia que mezcla administración de recursos, presencia, comunicación y la heterogeneidad de un proyecto que ingresó a la política desde el exterior y la supo aprender –hasta ganar los principales distritos del país–, en parte por su paso por la gestión y en parte por esa capacidad para asimilar inflexiones, marcas y discursividades ajenas, sea de la derecha tradicional, como del viejo e invertebrado peronismo bonaerense.

En una conversación accidentada, marcada por una amenaza de bomba que obligó a abandonar el edificio municipal y mudarse a un pequeño tinglado vecino –desde donde llegaría el sonido de las sirenas que anunciaban otra amenaza, esta vez en un colegio cercano–, se entrevistó a Valenzuela en este tramo final de una campaña electoral que tiene a la provincia de Buenos Aires –y las sirenas ayudan a fortalecer esta imagen– como “la madre de todas las batallas”. Valenzuela explica por qué cree que Cambiemos no es de derecha y admite que Mauricio Macri quizás sí lo sea aunque aclara que la coalición excede al presidente. En esa línea, dice que María Eugenia Vidal “es Macri pero también es otras cosas”, afirma que se subestimó a Marcos Peña, considera que una parte del peronismo puede recalar en lo inmediato en Cambiemos, señala al timing como única autocrítica y asegura que el macrismo definió el actual “sentido común político” en la Argentina. “Ahora los demás copian, pero no les sale mucho”.

Recientemente contó en una entrevista que ingresó a la política atraído por lo que denomina el “PRO peronismo” o el “peronismo de la gestión”. ¿A su gobierno en Tres de Febrero también lo caracterizaría con esa etiqueta?

Sí, yo siento que estamos haciendo eso. Que quizás uno puede pensar que es una etiqueta, pero en realidad es una definición de principios, de valores, de decir dónde me siento cómodo. Hoy creo que está a la vista que la de Tres de Febrero es una gestión que piensa en el progreso de los sectores más vulnerables. Y que tiene relación con el sindicato, pero no por un acuerdo político, sino por convicción.

¿De ahí que la semana pasada hayan pasado a planta a cientos de empleados municipales?

Sí, hicimos 110 pases a planta y me recibieron con la palabra “compañero”. Y la tomé con mucho gusto porque estamos haciendo en ese sentido lo que no hacía el gobierno anterior, que tenía monotributistas, mensualizados. No tendríamos la respuesta del empleado municipal que tenemos si acá hiciéramos neoliberalismo. Yo en mi gestión transito el camino que soñé cuando ingresé a la política, que es dialogar con distintos actores, algunos que están hoy en Cambiemos y otros no. Un [Roberto] Lavagna, un [Juan Manuel] Urtubey. La otra vez hice un viaje a Estados Unidos y charlé mucho con el senador de Santa Fe, Omar Perotti. Creo que en Tres de Febrero hemos logrado encarrilar el trabajo del distrito pero no desde un peronismo anticuado, sino desde un PRO que conlleva valores que integran. Por eso se creó un acompañamiento que va más allá de las clases medias o de las clases acomodadas, que sería la más natural del PRO. Y por eso Cambiemos crece y se consolida, no como partido, sino como un frente que integra las miradas en algo superior y que sigue abierto a incorporar.

¿Hoy la discusión pasaría menos por lo ideológico que por la gestión?

Sí, pero no gestión despojada de ideología o de sensibilidad social, porque si no parece el gobierno de los CEOs y yo no soy CEO. Respeto a los CEOs, pero me parece que la gestión es mucho más compleja que un tema de administración o de haberse formado para administrar. Requiere experiencias, vivencias que son inevitables y necesarias para poder interpretar a la gente.

Es llamativa esa toma de distancia con “el gobierno de los CEOs”, porque si hay una marca de Cambiemos es el ingreso de empresarios provenientes del sector privado a la gestión pública. ¿Hay una discusión interna al respecto?

Yo creo que todo suma y enriquece. Enriquece un Mario Quintana, que además cuando hablás con él te dice: “Gracias a ustedes que inauguraron el período, yo recién llego ahora”. Y te lo dice con humildad, teniendo el poder que tiene. Cuando dice “a ustedes” se refiere a los muchos, y hubo muchos antes que yo, que construimos esta corriente de cambio. Ellos vienen a colaborar con un conocimiento técnico, con una experiencia de gestión. Me parece que no es una cosa o la otra. Sí reivindico fuertemente un método de gestión por resultados, donde el dinero va a donde tiene que ir y se evalúa qué hacés con él. Ahí cambió la mentalidad de la gestión en la Argentina y esto es especialmente del PRO, de Cambiemos, pero también está en muchas otras gestiones de otro color político, está en Luis Andreotti en San Fernando o en Perotti, por decir ejemplos de personas que vienen de diferentes vertientes del peronismo.

¿A eso se refiere cuando dijo en esa misma entrevista que forma parte de una generación de intendentes de más gestión y menos “sanata”?

Sí, porque una de las cuestiones que me movilizó a entrar en política es el cansancio con el decir, con el prometer. A mí me encanta la oratoria pero la pregunta que siempre me hago es qué le pasó a la gente con ese discurso. Yo creo que ahí flaquea el discurso kirchnerista. No niego que hubo mejoras en derechos y una cantidad de cuestiones positivas, pero están muy oscurecidas por un fenomenal atraso para mucha gente que no logró progresar genuinamente. Para mí el progresismo es el progreso, no el discurso progresista. Y el progreso son hechos.

Respecto a ese “hacer” y a los apoyos más transversales que fue recogiendo Cambiemos en la sociedad que mencionó antes, hace algunas semanas en Página/12 José Natanson intentó analizar este escenario, que para algunos analistas es síntoma de una nueva hegemonía, y definió a Cambiemos como una “nueva derecha democrática” ¿Acepta esa etiqueta? Y, por otro lado, ¿cree que, efectivamente, Cambiemos está construyendo una hegemonía nueva en la Argentina?

La palabra hegemonía no la comparto. No me gusta nada que hegemonice. Sí puede haber una condición política, por el voto de la gente, para poder tomar decisiones y emprender reformas con la fuerza legislativa propia, que creo vamos camino a eso, por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires. Pero eso no tiene que significar hegemonía en términos de dejar de dialogar con el otro e imponer. Después, en cuanto a lo otro, yo no creo tanto en las etiquetas. Quizás nosotros, porque nos formamos en el siglo XX, en el siglo de las derechas y las izquierdas, lo vemos de una manera, pero creo que la sociedad ha cambiado mucho. No es que desaparecen las ideologías, sino que empiezan a primar otras cosas, otros valores y la evaluación de la gente no pasa tanto por a quién representa ideológicamente, sino por lo que hacen. Y si uno ve nuestro proceso de Cambiemos por lo que hacemos, estoy convencido de que no es un encuadre de derecha ni mucho menos. Es un encuadre progresista desde el punto de vista del progreso. De última debatamos qué es ser progresista en el siglo XXI. Yo creo que ser progresista hoy es dar las herramientas para que todos puedan cumplir su proyecto de vida, con un Estado presente en la vida de las personas, pero no autoritario, no socavando las libertades, ni reemplazando a la energía que pueda tener una familia o una persona, la energía emprendedora.

¿Cambiemos vendría a dar respuesta a una cuestión aspiracional que existe en la sociedad?

Sí, la aspiración de que el que no tiene cloacas, no tiene cultura del trabajo, no puede acceder a una educación de calidad, la tenga. Y que un día pueda ser –y un día cercano– no solamente no pobre, sino una persona que progresa. Por eso está bien el cuadro que tiene [el Secretario de Interior de la Nación] Sebastián García de Luca [NdR: tiene un cuadro de Perón y Evita junto a uno de Macri en su despacho en Casa Rosada]. Esos valores de la justicia social, este es el ideario original del peronismo, que después lo fue perdiendo en el pejotismo, en la especulación, en el aparato, en la riña de gallos entre dirigentes. Claro, después todos van y le ponen las flores al busto, pero en el hacer no los ves. Cuando el presidente pide que lo midan por la reducción de la pobreza, por las cloacas, está diciendo que lo midan por el progreso de la gente en lo más básico. ¿Eso es de derecha? A mí me parece que no. De última, se podría decir que es un centro, plural, porque hay personas un poco más progresistas y otras que tienen una raigambre un poco más conservadora, pero que pone el énfasis en el progreso de las personas.

Pero Macri, que también es una persona formada en el siglo XX, si analizamos sus valores, su núcleo ideológico, ¿no cabría dentro de la derecha?

Pero Cambiemos no es Mauricio Macri. Es nuestro líder, nuestro conductor, nuestro presidente, pero él supo armar, y por eso yo estoy acá, una pluralidad de voces de gente diversa que enriquece lo de él. Porque él no está diciendo “piensen todos como yo”.

¿Habría una idea de transversalidad en Cambiemos?

¿Alguien le pidió a Sebastián García de Luca que baje el cuadro de Perón y Evita? Al contrario, con lo cual también hay que ver que lo que está armando Mauricio va más allá de él, y genera nuevas dinámicas. Una de las cuales, emergente como novedad, es la de María Eugenia. Que es Macri, pero también es otras cosas, por su manera de gobernar, por diferentes decisiones que ha sabido tomar, y que le pone una impronta personal, como hacemos nosotros acá.

¿Rehuye también la etiqueta?

Sí, claro. Pasa que, yo no quiero opinar de los intelectuales, pero es muy cómodo tratar de etiquetarnos y ponernos acá para la comodidad del análisis. Y quizás no somos exactamente eso y somos un poquito más escurridizos y les vamos a pedir que analicen un poco más porque quizás la más fácil es decir “derechas democráticas”. Sí, claro que somos democráticos. ¿Pero somos derecha? ¿Y qué es el progresismo entonces? ¿Santa Cruz?

Ahora, sin pretender tampoco hacer una hermenéutica ni una defensa de lo que quiso decir un colega, en realidad la idea de “derecha democrática” viene a discutir y complejizar otra etiqueta previa, que es la que señala a Cambiemos como una derecha pero no democrática.

¡Ah, claro! Lo presentan como un avance cuando en realidad me parece que el avance no es solo en el campo de creer en los valores democráticos, que además creo que ésta es una de las grandes innovaciones de nuestro gobierno, sino también en cuestiones del hacer y de la gestión donde hay una sensibilidad social y hay objetivos que hablan de que no somos la derecha. ¿Qué es la derecha? La derecha es conservadora, la derecha es Estado ausente. Vean las políticas sociales, las políticas educativas, vean lo que yo hago en Tres de Febrero a ver si somos derecha o si María Eugenia lo es.

Alrededor de eso, hace unos días, El País de España entrevistó a Pablo Gerchunoff y una de las cosas que dijo fue que Cambiemos asumió hasta ahora una política “prudente” porque el objetivo era ganar las elecciones de medio término y cualquier movimiento brusco, por así decirlo, hubiera puesto en jaque esa meta. Pasado ese desafío, Gerchunoff se pregunta si acaso el gobierno mantendrá esa prudencia como eje o si llevará a cabo las transformaciones que demandan los sectores ortodoxos. ¿Qué va a hacer el gobierno después de las elecciones?

En mi opinión hay reformas que tenemos que encarar y que tienen que ver con el progreso, con crear empleo en blanco, con ser competitivos, con mejorar la educación. Y esas reformas se van a dar. Pero no va a ser en detrimento de los sectores laburantes o populares, al contrario, van a ser en beneficio de ellos. También pensar que uno va a abandonar la supuesta prudencia porque tenga un voto. Nosotros ya ganamos el ‘15, ganamos ahora, creo que vamos a ganar más ampliamente. ¿Voy a cambiar mi percepción de lo que creo que hay que hacer en Tres de Febrero por ese triunfo electoral? ¿Voy a dejar de hacer obras en el norte? ¿Me voy a llevar mal con el sindicato? Al contrario, si tenemos más apoyo y más concejales probablemente podamos profundizar en esa línea. Después es opinable. ¿Qué hace que un país abandone la informalidad? Ahí ya es un debate de economistas, de sociólogos, de politólogos, eso ya es otro escalón del debate. Lo que sí sabemos es que así no podemos seguir con tanta gente excluida y con los sindicalistas defendiendo solo al sector en blanco y con los empresarios sin invertir porque hay inflación. Toda esta bola de oportunidades perdidas hay que pararla y eso para mí no va a significar que por el hecho electoral de apoyo se vaya a una agenda distinta.

¿Se preparan políticamente ante la eventualidad de un peronismo que se pueda reorganizar tras estas elecciones?

El peronismo va a tener sin dudas movimientos. Si ocurriera lo que algunos pronostican el 22, que es un triunfo más amplio incluyendo la provincia de Buenos Aires, y que de hecho ya muchos actores se han anticipado a eso, digo, intendentes que están con Cristina y van a ver a Pichetto, Massa que habla de volver al peronismo… bueno, ellos harán su reflexión. Y me parece que todavía muchos no la hicieron respecto de lo que pasó en 2015. Quieren creer que la sociedad se equivocó, que fue muy ajustada la ventaja y hay otra mitad que no los quiere, en fin, se autoconvencen de que esto no va a andar y la realidad los va desmintiendo. Después el peronismo creo que tendrá, por qué no, una presencia en Cambiemos, o con personas o con valores. porque acá la tienen, la pueden tener con María Eugenia, la tienen con Joaquín de la Torre o con otros dirigentes que se sumaron antes. Y después será un debate entre los grupos más ideológicos, más fanáticos, y los grupos que intentan ser el peronismo del futuro, de recuperar ciertos valores de gestión. Pero, bueno, será una cuestión entre ellos de definir el rumbo, con el desafío de hacerlo en la oposición.

Hablamos de hegemonía y quizás la idea quedó muy ligada a la imposición. Pero también hay algo que se vio en esta campaña y es que hay ciertos mecanismos, como el timbreo, el escenario 360, la interpelación a las “personas de a pie”, a los “ciudadanos”, que eran potestad de Cambiemos o del PRO y que hoy parecen parte de la manera básica de hacer política. Y ahí también se puede observar, en parte, una hegemonía, al menos sobre la clase política. ¿Cree que Cambiemos está marcando los modos en que se va a hacer política de acá a los próximos años?

Sí, definitivamente. Y no es por una hegemonía en términos de imponer, sino por los resultados que esto produce en la gente. Yo lo viví en la Ciudad cuando llegamos al Ministerio de Gobierno y empezamos a timbrear y a entender el método de trabajo, tanto de gestión como de hacer campaña. Y me fui convenciendo y lo viví y lo incorporé porque lo entendí y lo sentí como algo muy válido, no como un recurso de campaña, sino como una manera de ser, como un valor intrínseco a la democracia de nuestra época. Uno dice el Facebook Live, ¿es una estrategia de campaña, es una tecnología de redes sociales o es un valor en sí mismo de la democracia de nuestra época? Yo creo que es esto último. Ahora hay globitos, hay 360, hay timbreo, hay Facebook Live, porque nosotros representamos a esta época y eso ha ido convenciendo a mucha gente. Entonces, naturalmente, esta manera de proceder y de relacionarnos que tenemos empieza a ser incorporada por todos.

¿Supieron leer la época mejor que las otras fuerzas políticas?

Sí. Yo creo que sí, pero no por… esto es muy importante: no es “che, traé a un consultor o a un gurú a ver cómo”. Nosotros somos eso. No es que agarraste un candidato y le pusiste un consultor para que lo ayude a que, como un actor, haga algo en la campaña. Creo que mucha gente todavía subestima a Marcos Peña y no entienden que es un gran líder de nuestra época. Cuando empezamos allá en la Ciudad ni nos imaginábamos que podíamos estar acá, pero también es la consecuencia del compromiso y de creer en lo que hacemos. Porque yo vi también muchas veces cómo Marcos explicaba este paradigma, esta manera de hacer política, horizontal, sin actos, sin la gente traída, horizontal en el sentido de la igualdad con el ciudadano. Ahora los demás copian, pero no les sale mucho porque es un recurso de campaña.

¿Qué autocrítica hace de estos casi dos años de gestión de Cambiemos?

Creo que quizás plantearía como reflexión crítica el timing de algunas cosas, como por ejemplo ahora estamos con algunos proyectos como el ProCreAr Materiales, que lo debíamos haber hecho antes. Hoy quizás se interpreta como un hecho de campaña algo que es absolutamente necesario. Quizás deberíamos haber tenido otro timing en lo que es la cuestión energética. Incluir, como ahora se está planteando, a los clubes, como hicimos nosotros con un subsidio o una tarifa especial, por la tarea de contención social que hacen en los barrios. Pero también me parece que esto tiene que ver con el hacer y con el corregir, porque no somos infalibles y nos equivocamos y cuando corresponde corregimos. Y esto no es una crítica al ministro de Energía, sino a ver cómo balancear objetivos energéticos de política fiscal con lo social.

Por Agustín Cesio y Diego Sánchez – Foto: Georgina García – Revista Zoom