Chubut Para Todos

Daniel Orsanic, un campeón íntimo: sus anotaciones en un cuadernito y los mensajes que lo dejan mudo

Logró cohesionar individualidades para armar el grupo que le dio al tenis argentino la alegría más grande de su historia: la conquista de la Copa Davis

El tiro de Ivo Karlovic se va afuera de la cancha. Apenas pica la pelota, Federico Delbonis se tira al piso, de cara al cielo. En la silla, el hombre que lo acompañó durante todo el partido, su capitán, se pone de pie y gira sobre sí mismo. De espaldas a la cancha, Orsanic ve a los hinchas argentinos bramar y abrazarse torpemente. Despacio, como quien mide baldosas, da uno, dos, tres pasos, pero hacia atrás. El abrazo de un colaborador, que llega como un toro embravecido, interrumpe la caminata en reversa. Sólo entonces Orsanic se funde en la algarabía y es uno más: Argentina acaba de ganar la Copa Davis por primera vez, de la mano de este hombre que parece vivir en velocidad crucero.

Por Emilse Pizarro