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Un país para pocos, apoyado por muchos, del que no se va a hacer cargo nadie

La batalla cultural para estas elecciones la ganó, a base de marketing y de medios de comunicación, la tierna y hasta insoportable idea de que Cambiemos es lo nuevo, a pesar del evidente pasado de todos sus funcionarios y de que no haya novedad en sus ideas políticas o económicas.

Magistralmente, con la perversidad de engañar a la gente, instalaron que la elección de la provincia de Buenos Aires -donde perdieron las PASO-, era una elección nacional en la que se debe sepultar la idea de la vuelta de Cristina Kirchner. Fue brillante, perdieron, pero vendieron triunfo y como si fuera poco reforzaron la grieta, tan necesaria para ellos.

Cierto es que el apoyo electoral argentino es muy volátil, lo fue toda nuestra historia. Sobran ejemplos. Pero este gobierno, en lo más alto de la ola triunfalista, parece no recordarlo. Este es una alianza de derecha sin sustento político, solo acompañado por lo más conservador del radicalismo y el más recalcitrante antiperonismo, siempre latente en la Argentina.

El macrismo, Cambiemos en su máxima expresión, no tiene incorporado el concepto de federalismo, como tampoco lo han tenido gobiernos anteriores, por eso ajustan y manosean las provincias, siempre en favor de la centralidad porteña-bonaerense.

En eso son sinceros, todas sus política fueron en favor de los distritos más grandes; como tampoco tienen pruritos en hablar del ajuste brutal que llevarán a cabo o anunciar la reforma laboral que pondrán en marcha desde el 23 de octubre. Es evidente que para ellos solo importa que “los números cierren”, por eso para este gobierno el ciudadano común solo es una estadística.

Pero claro, no es solo la “brillantez” de Cambiemos, el efecto comparativo respecto a lo que fue el gobierno de Cristina Kirchner sigue dándole aire al gobierno. Sin contar con que hoy el peronismo está desarticulado, lleno de traidores y colaboracionistas que solo por un cargo o para evitar un carpetazo parece no importarles que se están llevando puesto el país.

Al radicalismo le va a costar más trabajo reconstruirse que al peronismo, porque en su mayoría son cómplices del PRO, pero el peronismo que venga, ya sea en el 2019 o 2023, tiene que tener la misma memoria selectiva que tienen los que hoy lo persiguen o lo traicionan desde adentro, porque no todo es lo mismo, premisa que no tiene nada que ver con la idea macrista de que no todos somos iguales.

Lo claro es que los votos son circunstanciales, como vienen se van, lo que hoy sucede no es nuevo, pasó con la Alianza y el kirchnerismo, quienes a su manera utilizaron al peronismo y al radicalismo; pero lo que es seguro es que cuando emerja el espíritu oculto del proyecto político macrista, como sucede hoy con el kirchnersimo, nadie se va hacer cargo de que alguna vez lo apoyaron.

“Lo viejo no termina de morir. Lo nuevo no termina de nacer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos” Antonio Gramsci.