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Permitidos: de la infidelidad a la monogamia flexible

Luego de que “Permitidos”, la película que protagonizan Lali Espósito y Martín Piroyansky, pusiera nuevamente el tema en discusión, cada vez más parejas se cuestionan la monogamia y los alcances de la fidelidad.

sí como en una dieta el permitido es ese gusto que uno puede darse sin afectar el resultado final, que suele ser bajar de peso, o en la economía familiar ese gasto que no la hace tambalear, en una pareja es un gusto que pueden darse sin afectar la relación. Por definición un permitido es una excepción y hoy en día muchas parejas se permiten hablar de estos temas e incluso experimentar otro tipo de monogamia, la que yo denomino “monogamia flexible”.

En todas las relaciones hay permitidos, algunos implícitos y otros explícitos.

Para que haya un permitido primero tiene que haber un límite por el cual determinadas cosas no se pueden hacer, salvo bajo esta modalidad de excepción. Está lleno de ejemplos de hombres o mujeres que un día a la semana salen a comer con sus amigos pero no se les ocurriría hacerlo otro día porque generaría problemas. El horario de llegada también puede ser otro ejemplo.

Pero cuando estos permitidos incluyen a la sexualidad, las cosas parecen complicarse un poco más.

La monogamia es cultural y tiene historia

¿Sabías que fue gracias a la expansión europea que hoy “disfrutamos” de la monogamia? Sin duda, la tradición del matrimonio y de relaciones monógamas está ampliamente enraizada en la sociedad occidental, apoyada fuertemente en la tradición judeo-cristiana que la considera la única manera natural y moral de sexualidad, pero también en la esfera política y social por sus leyes y normas.

El judaísmo continúa esa transformación. En el Antiguo Testamento se regulan las conductas sexuales, y el matrimonio tenía como finalidad la descendencia, permitiéndole a los hombres casarse con varias mujeres. El rey Salomón, que parece que la pasaba bastante bien, se supone que tenía mil mujeres entre las oficiales y las concubinas, pero si una mujer tenía relaciones con otro hombre que no fuera su marido podía ser apedreada. ¡Qué injusticia!

En la Edad Media la iglesia consolidó su poder, e instaló el matrimonio monógamo, declarando al instinto sexual como demoníaco.

Monógamos (pero no tanto)

La monogamia que en mi libro denomino “flexible” tiene la particularidad de formular relaciones donde no se repite como una receta al pie de la letra el modelo que heredamos de nuestros padres y abuelos, que dicho sea de paso, no ha dado muy buenos resultados. Se consensuan acuerdos que tienen que ver con las verdaderas necesidades, gustos y creencias de los que integran la relación. En el modelo monogámico tradicional, los derechos y obligaciones estaban muy claros: el hombre era proveedor, la mujer se ocupaba de la casa y los chicos y todos los permitidos eran para el hombre, que básicamente tenía todo el poder y hacia lo que quería. Por supuesto que siempre hubo excepciones, pero en general este era el panorama.

A lo largo de la historia, cada cultura y sociedad ha ido transformando y modelando el intercambio sexual de sus miembros. En la prehistoria, la sexualidad se vivía de manera similar a como la viven la mayoría de los animales: con compañeros sexuales múltiples, pero fue con la aparición de la ganadería, la agricultura y la propiedad privada que la sexualidad comenzó a ordenarse y regularse de acuerdo a los principios de la monogamia, garantizando de esta manera la continuidad del patrimonio familiar.

Hoy, psicólogos y sexólogos nos encontramos todos los días en el consultorio con hombres y mujeres que sufren por intentar sostener un modelo que sus deseos exceden. La “crisis” del modelo monogámico tradicional hace que aparezcan nuevas, o no tan nuevas realidades.

Reformulando los acuerdos

Lo que es fundamental en cualquier relación es que los acuerdos sean claros y estén consensuados entre ambos miembros de la pareja. Acá no hay que hacer suposiciones, hay que hablar las cosas claramente para evitar malos entendidos. Porque la fidelidad, entendida como el respeto por los acuerdos establecidos, es fundamental para cualquier modelo, independientemente de que incluya o no exclusividad sexual.

Algunos ejemplos de acuerdos no monogámicos

• Se permiten encuentros sexuales que no involucren sentimientos, que no se prolonguen en el tiempo, que no sea con personas cercanas a la pareja o que en algún momento se puedan encontrar.

• Quieren que su pareja les cuente si está con alguien más porque, de enterarse el ocultamiento, lo vivirían como un engaño, traición e infidelidad (el saberlo parecería cambiar las cosas).

• “Ojos que no ver corazón que no siente”: mientras no se enteren, parece estar todo bien para ellos.

• Permitido solamente en viajes: son los viajes entre amigos o amigas, donde para algunos todo está permitido, donde la soltería se termina en el momento de volver a pisar nuevamente el suelo patrio. Este es un punto que merece una aclaración especial porque lo que para uno de los miembros de la pareja es algo obvio, para el otro puede no serlo. Me recuerda a una pareja que llegó a la consulta porque él había tenido una aventura cuando se fue a Rio de Janeiro con un grupo de amigos a una despedida de solteros. Para muchos parece algo obvio pero ella no lo vivía de esa manera y sentía que él le había sido infiel.

El desafío es el de construir una pareja donde uno pueda sentirse libre y ser coherente con lo que piensa, siente y desea, porque si hay una pareja que funciona como camino hacia la felicidad es aquella donde uno es aceptado, querido y respetado tal cual es.

Una pareja sin mentiras, engaños o infidelidades es una pareja en la que uno puede ser uno mismo.

Por el licenciado Patricio Gómez Di Leva, psicólogo, sexólogo. Autor de “Sexualidad Inteligente”. Editorial Grijalbo.

Director de www.respuestasexual.com // @respuestasexual