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La oposición sin cabeza

En Juntos por el Cambio la unidad depende de las PASO y el ala ultra presiona para que la dirigencia se fusione en un solo partido. Quienes más miden no quieren jugar.

Empezar a definir ahora qué quiere ser y hacia dónde ir o apelar al clásico de sentarse a esperar el fracaso del Gobierno. Esa parece ser la disyuntiva de la oposición en el inicio de un camino hacia las elecciones que no tiene garantía de éxito. El balance llegará recién después de octubre. Mientras tanto, Juntos por el Cambio tendrá que resolver cómo lidiar tanto con sus diferencias internas como con un peronismo que dispone de los fierros del Estado para poner en segundo plano sus propias contradicciones. Se acaba de ver en los últimos días, con un gobierno hiperactivo pese a sus idas y vueltas: el proyecto de Sergio Massa para que paguen Ganancias solo los trabajadores que ganan más de 150 mil pesos, las reuniones con empresarios y sindicatos detrás de un acuerdo de precios y salarios, el regreso del Consejo del Hambre y el aumento de la Tarjeta Alimentar, la ceremonia de acercamiento con la Mesa de Enlace y el intento de atrasar el dólar y dosificar el aumento de tarifas.

Frente a eso, la oposición muestra dos caras. Por un lado, quienes están convencidos de que la gestión de Alberto Fernández es muy mala y ya se apuran a compararla con la aventura de Mauricio Macri en el poder. Se contentan con la constatación de que el pancristinismo tiene por primera vez una oposición fuerte y afirman que la derrota corrió a Macri del centro y abrió pasó a una coalición más horizontal. Por otro lado, quienes son conscientes de que tienen menos capacidad de respuesta, no pueden cometer errores y deben resolver sus disputas intestinas. Según dicen en el bloque de Diputados de JxC, el proyecto de Massa, por ejemplo, será aprobado sin dilaciones en un intento de reducir el impacto de una medida que le sirve al peronismo para sumar adhesiones, pero también beneficia a parte del electorado de la oposición. Por lo demás, el bloque antikirchnerista tiene sus límites. no logró sacar ni una sola ley y nunca llegó a juntar más de 125 votos.

La ya famosa discusión entre las palomas que se alinean con Horacio Rodríguez Larreta y los halcones que van detrás de Macri y Patricia Bullrich no implica de ninguna manera que haya riesgo de división, aunque sí de dispersión en el marco de estrategias contradictorias. Un derroche de energía que termina en suma cero. La sobrerrepresentación del discurso de Bullrich y los duros en los medios que militan la polarización sigue complicando a los moderados que se guardan, plantean sus posiciones en el circuito cerrado de un Zoom o se refugian en la gestión. En ese marco, la voz política de Larreta, Diego SantilliMaria Eugenia VidalMartin LousteauEmilio Monzó Rogelio Frigerio es inaudible. Pasó, por ejemplo, con la cruzada a todo o nada que libró el ala dura contra la Sputnik V, una batalla propia de la guerra fría que rindió en el rating durante varios meses y terminó ahogada por The Lancet, la revista británica que se había elevado desde la oposición como tribunal arbitral esencial. Hará falta mucho diálogo interno para lograr una mixtura mayor y, cuando más se demore, mayor será la tensión a la hora del reparto de roles y lugares en el armado de las listas.

La primera división, atada a la ingeniería electoral, parece haberse saldado en la última semana. El cónclave de la cúpula radical, en la Casa de Corrientes, reunió a los gobernadores Gustavo Valdes Gerardo Morales con Ernesto SanzMario NegriJosé CanoInés Brizuela y los bonaerenses Maximiliano Abad Daniel Salvador. La excusa era organizar el respaldo a la campaña de Abad en la interna contra Gustavo Posse Enrique Nosiglia, pero lo central fue el operativo de pinzas sobre Valdés y Morales para que asumieran una consigna: eliminar las PASO es atentar contra las chances del radicalismo, rifar su peso territorial y condenar al partido a seguir sin atenuantes como furgón de cola del PRO en todo el país. Finalmente, según le dijo a Letra P uno de los dirigentes que estuvo en la reunión, Morales entendió que le conviene que haya primarias para que, en el resultado final de bancas, Cambiemos salga fortalecido y tenga posibilidad de frenar o condicionar leyes en los últimos dos años de los Fernández en el poder. Las PASO resultan vitales para ordenar tres distritos clave para Juntos por el Cambio: Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.

El domingo pasado, Sanz salió con una entrevista en Clarín para plantear una queja contra la lógica electoral de una oposición que no resolvió sus diferencias internas. El fundador de Cambiemos reclama un balance público por los cuatro años de Macri en el Gobierno, pide una autocrítica del PRO y dice que es necesario plantear un modelo alternativo al del kirchnerismo, algo bastante más difícil ahora: ya no alcanza la pura promesa, cuando los innumerables apoyos externos e internos que tuvo el egresado del cardenal Newman no alcanzaron para evitar el ruidoso fracaso amarillo.

El jefe de Gobierno porteño tiene nervios de acero y siempre encuentra motivos de satisfacción. Quienes lo acompañan sostienen que “va a ser cualquier cosa para ser presidente” y que el discurso belicoso le sirve para ubicarse en la veredita del medio. Tiene diálogo con la volcánica Elisa Carrió y un principio de acuerdo con Macri hacia 2023. Sin embargo, todavía tiene que ordenar la estrategia y convencer a sus aliados de competir en las legislativas de este año. Vidal no tiene apuro y deja trascender ante su entorno que le interesa más la elección presidencial que la de medio término. “Hay mucha gente interesada en que sea candidata, pero ella no está entre esa gente. Nadie la va a apurar”, le dijo a Letra P un dirigente que dialoga con la exgobernadora de manera frecuente. Eje de múltiples especulaciones, la chica de Flores se pregunta por qué no se instalan otros candidatos para ir a pelear la madre de todas las batallas.

De duro discurso antiperonista y más allá de que apuesta a un precandidato radical en 2023, el cordobés Negri sintoniza con el ala de Larreta y Vidal y apoya con sigilo esa sociedad hacia las presidenciales. En la semana previa a la sesión que tuvo que abandonar por contacto estrecho, el diputado viajó a Buenos Aires con un objetivo: reunirse con el jefe de Gobierno y con la exgobernadora. Negri se vio con Vidal en un restaurante de avenida Libertador y dice estar en su misma sintonía. En Córdoba o en Buenos Aires, ni él ni ella tienen deseos de ser derrotados. Después de perder la gobernación con Axel Kicillof, Vidal no tiene interés en competir sin horizonte y para Larreta no será un trámite cerrar un acuerdo con su histórica aliada. Para Negri, el test tampoco resulta sencillo. Sus asesores afirman que por primera vez en su larga carrera provincial logró una intención de voto que lo emparda con las chances del peronismo de Juan Schiaretti, pero sólo sería candidato a senador si el descontrol de Juntos por el Cambio se ordenara en Córdoba con un pacto de convivencia que le permitiera a la oposición ganar dos bancas en el Senado. De lo contrario, Negri prefiere seguir en su lugar de poder en Diputados, donde cumple un rol importante y tiene rating asegurado. En el Senado, su actual poder de veto se convertiría en una queja testimonial de las que ya abundan en la oposición.

Taquillera para los medios, aborrecida por el oficialismo y cuestionada incluso en las filas de Cambiemos, a Bullrich le reconocen méritos las distintas tribus de la oposición. El primero es que se cargó al hombro a la estructura del PRO en todo el país y le dio aire a un partido que no existía como tal más allá de la General Paz. El segundo es que se abraza a la bandera de la mano dura y no la suelta, en abierta contraposición con el ala progresista del Gobierno (aunque en sintonía con exponentes como Sergio Berni o Massa). El problema es que arrincona a las palomas en el día a día y se lleva puesto el consenso interno.

Mientras la dirigencia opositora mantiene dos alas y duda, desde afuera, figuras hoy no partidarias como Juan José Campanella Graciela Fernández Meijide presionan para que la dirigencia deje de lado sus diferencias, se fusione en un solo partido y se ponga “a la cabeza” del reclamo del ala dura que sigue gritando su “basta ya” antiperonista. Dicen que la mayor parte del electorado que apoya a Juntos por el Cambio se parece a quienes se movilizaron durante 2020. En la línea Larreta, por supuesto, piensan otra cosa.

Por Diego Genoud – Letra P