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La lista de Fernández

El Presidente no dejó nacer al albertismo, pero quiere tropa propia en la boleta sin que le carancheen el gabinete. Cafiero, el fuego que no cesa. Arroyo, fija.

Con Victoria Tolosa Paz en la provincia de Buenos Aires como muestra, la recta final hacia el cierre de listas empieza a mostrar la voluntad del presidente Alberto Fernández de ubicar en la boleta a dirigentes que le responden políticamente y que empezarán a armar en la Cámara de Diputados un núcleo con referencia directa en la Casa Rosada.

La decisión del Presidente de ubicar a Tolosa Paz al frente de la boleta de la provincia de Buenos Aires, y de confirmarlo a través de un consultor político, Raúl Timerman, se leyó entre los funcionarios albertistas como una jugada “muy osada” de Fernández para resistir la presión del kirchnerismo para colocar en ese lugar a su mano derecha y funcionario de mayor confianza, el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.

El fuego cruzado sobre Cafiero persiste, pero el Presidente da la discusión por terminada. “Santiago es el que lleva adelante la gestión, además de que es la mano derecha de Alberto y entregarlo sería una mala señal política. No hay chances de que eso suceda”, le dijo a Letra P un funcionario de primera línea de diálogo frecuente con el Presidente. La propia Casa Rosada dejó trascender este miércoles que Tolosa Paz ya tiene quién la secunde en la lista. El elegido es el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Daniel Gollan.

El resto de la lista también va tomando forma. El tercer lugar ya estaría acordado para alguien del espacio de Sergio Massa y el cuarto podría ser para el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, que ya tiene el pase casi asegurado a Diputados después de dos años de desgaste al frente de una cartera caliente.

Arroyo logró navegar las aguas de la pandemia al frente de un ministerio loteado en términos políticos, con tensiones internas entre La Cámpora, los movimientos sociales y los intendentes. Aun así, la gestión garantizó que no hubiera estallidos sociales y dejó algunos sellos, como la Tarjeta AlimentAR.

Por su discurso moderado y su interpelación a la clase trabajadora, el oficialismo entiende que el ministro podría ser valioso en la campaña. Arroyo se reconoce como “albertista” y representante del espíritu de coalición del Frente de Todos. Al mismo tiempo, su salida del Ministerio le podría abrir la puerta al Gabinete a otro albertista de pura cepa con volumen político y territorial propios, el intendente de Hurlingham, Juan Zabaleta.

De concretarse el desembarco de Arroyo en Diputados, el ministro se sumaría a Tolosa Paz y a Leandro Santoro, que tiene el primer lugar asegurado en la Ciudad, al grupo de dirigentes albertistas que ocupará las listas y que llevará la voz del Presidente al Congreso, siempre con los pies dentro del bloque del Frente de Todos. A ellos se agregarían voces legislativas que responden a los gobernadores y alguno de los intendentes que suena para integrar la boleta bonaerense, como Mariano Cascallares. 

Cascallares conoció al Presidente en 2015, antes de asumir como intendente de Almirante Brown, a través del secretario de Comunicación Pública, Juan Pablo Biondi. Hoy forma parte del sector de jefes comunales que, como Zabaleta, habita en la tribu del peronismo más cercana al Presidente.

Aunque el número de dirigentes que ocupen una banca y se referencien directamente en Fernández será moderado en comparación con el cristinismo, en la Casa Rosada entienden que será “todo ganancia” con respecto a 2019, cuando el Presidente no logró colocar ningún delegado propio en las listas. La tarea legislativa quedó delegada en los oficios del presidente de la Cámara, Massa, y el titular del bloque del Frente de Todos, Máximo Kirchner. Y aunque, según define un albertista, ambos “jugaron bien”, en Diputados no hubo ninguna espada que peleara en nombre de Fernández.

Como contó Letra P, desde que asumió, el Presidente desalentó cualquier intento de construcción del albertismo que le sugirieron un sinfín de veces algunos intendentes, mandatarios provinciales e integrantes del Gabinete, que sintieron amenazada la supervivencia cada vez que CFK tomó protagonismo, por problemas en la gestión o en la política. Con sus apuestas en las listas, parece decido a ganar espacios propios, más allá de que apueste a garantizar la unidad de la coalición y a mantener el equilibrio.

Por Gabriela Pepe – Letra P