Así como el enfrentamiento desplegado hace más de una década entre el Gobierno Nacional y el Grupo Clarín generó un marco no exento de parcialidades pero interesante para debatir el rol de los medios de comunicación en nuestra sociedad, en los últimos años se han producido diferentes episodios a nivel mundial que nos llevan, quizás sin tanto despliegue de pasiones y dicotomías, a discutir el papel que desempeñan los conglomerados globales como Google y Facebook.
La proliferación de Fake News basadas en la apelación a nuestras emociones y a la rapidez con que se viralizan los contenidos en redes sociales, el uso inescrupuloso de la información que brindamos en nuestra interacción con entornos digitales, así como las acciones manipulativas que tuvieron lugar en diferentes procesos electorales, han generado en la ciudadanía una creciente desconfianza en las bondades de las corporaciones que operan con el “oro del siglo XXI”, nuestros datos. En ese sentido, dos documentales relativamente recientes han servido de disparadores para reflexionar acerca de estos temas: “Nada es privado” (2019) y “El dilema de las redes sociales” (2020).
El 62% de las y los argentinos se encuentran preocupados acerca de la veracidad de los contenidos a los que acceden por internet mientras que un 71% plantean su resquemor respecto al mal uso de sus datos personales por parte de las compañías.
Por supuesto que la primacía de actores como Facebook y Google, y su influencia sobre nuestras vidas, merecen profundas reflexiones que exceden el encandilamiento con el que solemos apreciar sus múltiples servicios supuestamente gratuitos. Así como también las pretensiones de este artículo en el que, por el contrario, realizaremos un breve recorrido por experiencias en las cuales la posición dominante que ejercen estos gigantes, en articulación con actores gubernamentales, resulta de gran utilidad para cuidar la salud de la población en este contexto de pandemia.
A principios de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) identificó un obstáculo para el exitoso despliegue de las políticas públicas y de las campañas de comunicación gubernamentales tendientes a contener el avance del COVID-19. En palabras de su Director General, Dr Tedros Adhanom Ghebreyesus, “el coronavirus se ha extendido por todo el mundo a una velocidad vertiginosa, pero más rápido todavía se está extendiendo la desinformación sobre él (…). Esta infodemia está obstaculizando las medidas de contención del brote, propagando pánico y confusión de forma innecesaria y generando división en un momento en el que necesitamos ser solidarios y colaborar para salvar vidas”.
Para bajar al llano el concepto de infodemia, desde el inicio de la pandemia la mayoría de nosotros hemos visto o recibido en nuestros celulares contenidos conspirativos, basados en rumores o con datos falsos en relación al virus, que tienden a sembrar confusión y desconfianza, constituyendo un óbice a los esfuerzos gubernamentales para poner fin a la crisis sanitaria.
En esa línea, la OMS desplegó acciones coordinadas, principalmente con Facebook y Google, para luchar contra la desinformación y difundir en todo el mundo información de salud pública pertinente y confiable. Del mismo modo, en nuestro país el Gobierno Nacional también llevó adelante alianzas con estos actores, con el objetivo de ponderar la información oficial en relación a la pandemia, destacando los contenidos del Ministerio de Salud de la Nación, alojados en la página argentina.gob.ar, portal oficial del Estado argentino.
En concreto, ¿en qué consisten estas acciones? Podemos chequearlas fácilmente desde nuestro buscador o redes sociales. Algunas de ellas son:
- Google: el Alerta SOS, al realizar búsquedas relacionadas al COVID-19 nos deriva en primer término a información oficial de la OMS. Esto tiene fundamento en que el término “Coronavirus” fue el tema más buscado en 2020.
- YouTube: al realizar una búsqueda relacionada con el COVID-19 en la principal red social de reproducción de videos – propiedad de Google – se privilegia un enlace a recursos oficiales sobre el tema.
- Facebook: si los usuarios realizan búsquedas sobre el virus en esta plataforma, en primer término se despliega un Centro de Información que cuenta con datos y acceso a fuentes gubernamentales.
- Instagram: en todos los contenidos que la red social identifica como relacionados al COVID-19, se incluye un enlace a información oficial.

En el caso del vínculo de la OMS con Facebook, encontramos un antecedente en la alianza desarrollada en 2019, mediante la cual la segunda se comprometió a que los usuarios de Instagram, búsquedas de Facebook, grupos, páginas y foros donde las personas buscan consejos, accedieran a información oficial y autorizada sobre las vacunas en varios idiomas para contrarrestar la circulación de contenidos erróneos viralizados por el movimiento antivacunación
En todos esos casos hablamos de la importancia de contar con información confiable, basada en fuentes oficiales. Pero, ¿no existen datos recabados por estos conglomerados que puedan ser de utilidad para los gobiernos? Por supuesto que sí, y un ejemplo de ello son los Informes de Movilidad Local sobre el COVID-19 implementados por Google. Estos reportes, puestos al servicio de las autoridades sanitarias, permiten conocer cómo han cambiado los desplazamientos a lo largo del mundo como consecuencia de las políticas que se han establecido para combatir el virus. Muestran las tendencias de movimiento de las personas a lo largo del tiempo, ordenadas por zonas geográficas y clasificadas en diversas categorías de lugares (espacios de ocio, supermercados, farmacias, parques, etc.). Son de gran utilidad, por ejemplo, para conocer el nivel de cumplimiento del aislamiento de la población, si bien resulta un poco escalofriante observar con tanta claridad la inmensa cantidad de información que las corporaciones tienen sobre nuestros movimientos.
En síntesis, ¿estos ejemplos implican que debamos rendir tributo al supuesto altruismo de estos gigantes globales? De ninguna manera. De hecho, es destacable que en los últimos años las y los ciudadanos hayamos comenzado a cuestionarnos y a desarrollar una mirada crítica respecto de qué rol cumplen y cómo están impactando en los diferentes aspectos de nuestra vida social las acciones de estas empresas que lucran con nuestra información. Pero sí resultan ejemplos de alianzas público-privadas que, valiéndose del poder que tienen estas corporaciones, permiten fortalecer las acciones de los Estados Nacionales y organismos internacionales en beneficio de la población, y por tanto no pueden ser soslayadas bajo argumentos dogmáticos.
Por Jerónimo Galán – Licenciado en Comunicación Social | Diplomado Superior en Políticas Públicas

