Chubut Para Todos

Jugo Ades

Entre ruidos de gabinete, encuestas ajustadas y gestos a gobernadores, la gestión libertaria busca reencauzar el relato mientras la inercia manda.

Toto fue sincero en París: en la ciudad de las luces, habló de oscuridades. Habría confesado que “ya no hay más conejos” en la galera y que el problema es la política. A diferencia de lo que piensa la mesa de poder, que le pide resultados económicos. Solo le faltó cantar el tango que reza “paciencia, la vida es así”. Todo el mundo toma nota cotidiana de las malas noticias económicas más que de las buenas, porque aquellas son las se reflejan en los estudios de opinión.

¿Trampa o torpeza?

Trascartón, el Javo no tuvo mejor idea que someter al gabinete a una exposición del economista Alberto Ades para que comentara el nuevo modelo. Toto se enfermó de repente y no lo pudo escuchar. ¿Milei le sacó el jugo a Ades? ¿Ades se jugó una chance de ser ministro? Una vez más se plantea un interrogante que nos hacemos frecuentemente en esta columna: ¿trampa o torpeza? Porque a los potenciales funcionarios se los tiene “in pectore”, como decía el Turco. No se los anda meneando, salvo que se los quiera desgastar exprofeso. En este caso, el león generó ruido –¿se va Caputo?– y no obtuvo ningún beneficio. ¿Qué quiso hacer? ¿Tiene razón Toto cuando dice que el problema es la política?

Toto y el Colo viajaron a la cordillera para hacerles mimos a Jalil y Sáenz

Si bien esta semana conocimos un leve repunte de la industria y la construcción en agosto, lo cierto es que el REM que releva el Central ya proyecta un crecimiento del 1,5 % del PBI para este año, menos de la mitad de lo que predecían en diciembre pasado –3,5– y entonces la mejora en el PBI sería un tercio del de 2025 (4,5). Para colmo, el CEO de Stellantis no tuvo mejor idea que decir que podrían cerrar sus dos plantas en la Argentina, justo cuando algunos agoreros –muy en reserva– dicen que, a este ritmo, la vieja y gloriosa industria automotriz argentina no tiene más sobrevida que cinco años.

Por suerte, estos últimos días se achicó el pánico de la mano del triunfo parcial de Bolsonaro Jr. (siempre cantamos “a little help from my friends” de la mano de Bessent) y de que se aceleró la compra de dólares para engrosar las reservas. Por las dudas, el Tesoro aflojó la motosierra en septiembre y aumentó el gasto, como casi nunca en estos 34 meses de gestión (70 % del mandato). ¿Eso puede cambiar el estado de ánimo medido en las encuestas? No inmediatamente. Harían falta varios meses seguidos así para modificar la tendencia. La inercia manda.

Luego de la cena parisina con Toto y el Colo, el ala política viajó a la cordillera a hacer mimos a dos allegados: Jalil y Sáenz. Algo así como “por las buenas nos vamos a entender”. De ese modo, los muchachos dialoguistas –que no saben si todos unidos triunfarán– pueden hacer favores impensados. Por ejemplo, un muchacho que no estuvo en París está dispuesto a votar la derogación de las PASO nacionales con las dos manos porque no le conviene para el cronograma electoral de su provincia. Obvio, no lo va a decir en público. Santilli entiende esos matices y sus contrapartes se sienten más cómodas desde que él está al otro lado del teléfono (lleva solo 103 días en el cargo). Otro detalle de la semana: le hicieron un llamado de atención a un ex PRO que se autodeclaró candidato a gobernador libertario en Río Negro. El mandamás de ese distrito es otro muchacho de aquella liga.

La gestión libertaria no se queda quieta a sabiendas de que el horno en la calle no está para bollos.

Está mostrando una habilidad poco común para alimentar la saga Malvinas. El Presidente se puede jactar de que, con un discurso, le hizo perder a Rockhopper un tercio del precio de sus acciones (el valor de la palabra…). (¿Qué sentido tiene la foto que se sacó Quirno en Singapur en un astillero proveedor de Sea Lion?). Además de avivar el conflicto malvinero -una novela en capítulos bien administrada hasta acá- también fogonea un endurecimiento de penas para delitos.

Claro, no todo sale a pedir de boca. El gobierno volvió con su vieja manía de meter todo en la misma bolsa. Por lo tanto, la ley de defensa nacional que se debate en Diputados mezcla peras con manzanas. Temas de seguridad con asuntos de pesca, y eso que bajaron lo que afectaría a la libertad de expresión. Los actores interesados ven dificultades de que se apruebe así como está.

La intensidad del proceso Milei -es innegable que impuso la percepción de que transitamos un cambio profundo, pocas veces visto- nos obliga todo el tiempo a auscultar si “esta vez es distinto”, dado que la Argentina ya no será a la que estábamos acostumbrados. Al respecto, detengámonos en los resultados del último reporte del Latinobarómetro. Ahí se destaca que nuestro país –en 2025– es el que más adhiere a la democracia como régimen político. A la vez es la nación menos receptiva a alternativas no democráticas: solo el 19 % cree que se puede funcionar sin Congreso. Solo el 8 % considera que nuestro sistema político puede vivir sin elecciones. Con todos sus defectos, somos uno de los países que más satisfechos estamos con el funcionamiento de la democracia (48 %), y uno de los que más bajo rankeamos cuando se pregunta si se aceptaría un gobierno no democrático siempre que solucionara los problemas del país. Por último, el 72 % estima que con el voto se puede cambiar el futuro. Son solo indicadores coyunturales, es verdad. Sin embargo, ojo con la Argentina: nosotros también tenemos en el fondo de nuestras almas un sentido de destino manifiesto. ¿El gobierno de Milei está sintonizando correctamente con dicho aspiracional?

Para finalizar la semana, la Corte Suprema actuó como los árbitros que otorgan un penal a un equipo como compensación a otro que le dio al contrario.

Podrá haber maravillosas razones procesales y jurídicas para hacer lo que hizo con el tema tierras (volteado en el Congreso), pero todo sonó a desprolijidad. Si esa máxima instancia constitucional quiere ser percibida como un actor con poder político propio -no derivado de oficina ajenas- sabe que debe cuidar 1) sus decisiones como parte de una estrategia de poder y 2) lo que comunican sus sentencias.

Los jugos del poder suelen tener un exceso de azúcar.

Por Carlos Fara

Amagues de Caputo. En París dijo: “Ya no hay más conejos en la galera”. | MEcon