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Eslóganes persecutorios

Liberado de prejuicios, el Gobierno se colma de vacunas. Creen en la Casa Rosada que el despliegue y los anuncios cambiarán el ánimo electoral. Justo ocurre cuando se ingresa al aciago “Club de las 100 mil”, la cifra de víctimas del covid. Otro récord argentino. 

Consigue tarde lo que hubiera logrado temprano, se desata del origen o la procedencia ideológica para la invasión de marcas: si hubiera sido en término, el número de muertos habría sido otro. Menor, claro. Un estigma denigrante que siempre habrá de acompañar a los Fernández (Alberto y Cristina) como responsables. Y a una variedad de colaboradores, del ex ministro González García hasta el grupo de expertos que aún asesora en el Ministerio.

La disputa entre Alberto y Máximo justo se da cuando corre el rumor de Massa al Ejecutivo

Por no hablar del periodismo seguidista. Los nombres se pueden rescatar revisando los programas de TV del último año y medio, cuando aparecían los sanadores como vendedores de elixires para hacer crecer el cabello e impulsando, además, un cierre típico del Medioevo que detuvo al país más que al resto del mundo. Sea por pereza, limitación, arrogancia o ineptitud, vaya uno a saber.

Resta aún otra asignatura: el reparto lento y casi criminal de la acumulación de antídotos (más de 5 millones de dosis) desde hace meses, incrementado por la llegada de nuevas vacunas. Sorprende que la administración nacional y muchas provinciales todavía no hayan resuelto ese tema burocrático después de un año, cuando en su mayoría pertenecen al lema “la organización vence al tiempo”.  Insólito y cruel.

Guerra en las alturas. Encima, la polémica en la cúpula: Máximo acusando de cipayo al que suscribió un decreto para importar vacunas gratis desde los EE.UU. y el Presidente respondiendo que él no es ni será empleado de los laboratorios norteamericanos por mas que eluda la condicionalidad de una ley. Ni con Cristina tuvo Alberto un litigio público tan censurable e impúdico como el que cruzó con el vástago.

Justo cuando se rumorea con intensidad que Sergio Massa puede saltar al Ejecutivo para conducir un megaministerio y se vacía la titularidad de la Cámara de Diputados. Como se sabe, la nueva figura que ocupe ese cargo ingresa constitucionalmente a la línea sucesoria. A Máximo, más de uno le atribuye capacidades para ser elegido en ese cargo.

Quedó entonces expuesto el pleito entre las partes, suspendido por ahora, ya que los protagonistas se distraen con la contabilidad ascendente de vacunas: descubrieron que es mejor nadar sin pagar, disfrutando, en el tardío océano del imperialismo de Moderna o Pfizer. Inclusive hasta pueden aplicarle un sticker o leyenda de propaganda propia al comprobante vacunatorio, como antes se hizo en la provincia de Buenos Aires o Gerardo Morales en Jujuy. Por ejemplo, La Cámpora te inocula con la bandera de los EE.UU. o la sonrisa de Biden. Bella paradoja.

Parece un cambio radical, aunque es típicamente peronista: como el General con la California (Standard Oil), cuando se abrió al mercado internacional debido a que la soga le apretaba el cuello.

Sucede este Plan Marshall de vacunas en la pésima semana que le tocó a Cristina, la del “Club de las 100.000 muertes”, para reflotar una de sus causas judiciales durante más de una hora de exposición en la tele. Se supone que la desgracia del conjunto supera la reivindicación individual, mas cuando esta se inscribe en el mismo gremio, justificación y eslogan de Mauricio Macri: “Nos estan persiguiendo porque hemos sido grandes y exitosos”. Destinos coincidentes aunque vayan por distintas avenidas, dificultosamente aceptados por la población.

Se ocultó viaje de Vizzotti a Londres para hablar con AstraZeneca: ¿hay un Méxicogate?

Hasta se ocultó el viaje de Carla Vizzotti a Londres, a una misión con secretos componentes: dicen que pretende que los fabricantes de AstraZeneca le envíen a la Argentina el material completo de la vacuna y que se evite el paso técnico de ida y vuelta por México para industrializarla. Se supone que se trata de un pedido para evitar complicaciones de traslado, aunque los menos crédulos sostienen que el faltante de esa vacuna en el país se debió a que en la tierra azteca, tierra hermana si las hay para Alberto Fernández, se diseminó mágicamente buena parte de la que le correspondía a la Argentina. Nunca mejor utilizado el término “mejicanear” en esta ocasión, si fuera cierta la especie.

Boliviagate. También alcanzó su pico el presunto juicio penal o la imputación de traición a la patria que le colgaron a Macri y parte de su elenco por el envío de armas a Bolivia. La gravedad de esa denuncia se redujo luego al contrabando (para el ex presidente igual es una figura funesta por su añeja participación en operatorias exportadoras con Opalsen, empresa relacionada con la automotriz Sevel que él presidía), del mismo modo que se supone que no es suficiente mandar gases lacrimógenos para hacer una revolución.

Se discutirá al aire sobre estos acontecimientos, aunque el rol de una persona altera la división de aguas, la grieta hasta internacional: la investigación involucra al ex embajador Normando Álvarez García, “el Chiqui”, un radical que hoy es ministro de Trabajo en Jujuy, y que en la sede diplomática albergó entre otros a tres ministros de Evo Morales para protegerlos de cualquier represalia militar.

Era, además, un consultor presidencial del mismo Evo, íntimo del vice García Linera (también le dio alojo a su hermano) y animador frecuente de las tertulias de izquierda en ese país. Nadie tampoco cree que fuera un doble agente ni que conspirara contra el gobierno constitucional. Al contrario. Pero hoy lo han colocado en esa situación, investigado por el cristinismo a pesar de que uno de los mayores influyentes en los mensajes de Cristina es, sin duda, Leopoldo Moreau, de indudable amistad con “el Chiqui”. Álvarez García ha sido también un entrañable discípulo de César Jaroslavsky y Raul Alfonsín, cuyo hijo Ricardo nada ha dicho desde Madrid. Como tampoco Moreau. Delicias de la vida.

Por Roberto García – Perfil