Fue el nexo entre la PSA, la custodia brasileña y Estados Unidos
El espía había trabajado en la embajada norteamericana. Marco Rubio se desmarcó del operativo para no pelearse con Lula da Silva y Brasil prefiere ningunear a Javier Milei. El rol de Santiago Caputo.
El gobierno argentino no “dejó pasar” a Flávio Bolsonaro: protagonizó la fuga, fue parte clave de la organización. El coordinador fue un agente de la SIDE, J.M.B. (apellido de raíz alemana que no se revela por razones legales), quien había trabajado en la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires. Ingresó a la SIDE durante la gestión de Javier Milei, pero no faltan los que piensan que es un agente norteamericano enclavado en la central de inteligencia. Es más, afirman que tiene doble nacionalidad. En la SIDE fue asignado a Ezeiza, un lugar clave porque la CIA norteamericana está obsesionada con la llegada de rusos al país y porque los aeropuertos son estratégicos en todos los sentidos. Como es evidente, en Ezeiza trabajó en estrecha relación con la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y por eso se le asignó la coordinación del Operativo Flavio: nexo con la PSA, con los norteamericanos y con la custodia de Bolsonaro. Supervisó las cosas Santiago Caputo, tal como consta en el acta de la Unidad Regional IV, Comando Radioeléctrico Capioví, que dice, textualmente, “en el vehículo se desplazaba Santiago Luis Caputo, quien solicitó evitar demoras en su traslado”. Pararon la Toyota Hiace a las 2.50 del miércoles. La otra parte clave del operativo corrió por cuenta de Estados Unidos que, según el New York Times, pagó el avión a través de James Miller, funcionario de comunicaciones de la Casa Blanca. Este sábado, Marco Rubio sostuvo que Estados Unidos no tuvo participación directa, pero al mismo tiempo afirmó que Donald Trump decidió que Bolsonaro ingresara al país del norte. O sea, que desde Washington hicieron lo principal, autorizar el vuelo. En Brasilia, mientras tanto, le bajan el tono a la cuestión y minimizan todo lo que tiene vínculo con Javier Milei.
Los artífices
Está claro que la organización de la fuga corrió a cargo, conjuntamente, del gobierno argentino y el gobierno de Donald Trump. El matutino neoyorquino afirma que Miller, del equipo de la presidencia norteamericana, estuvo detrás del bróker estadounidense que pagó el viaje y luego Bolsonaro fue autorizado a entrar a Estados Unidos con “una visa provisoria por razones humanitarias”. Migraciones norteamericanas le dio validez al pasaporte diplomático brasileño que llevaba Bolsonaro y, de inmediato, el pasaporte fue invalidado por los propios norteamericanos. Es evidente que le darán una visa definitiva, como a su hermano Eduardo.
Este sábado, el secretario de Estado, Marco Rubio, salió a despegarse de lo que es evidente: “Estados Unidos no participó directamente”, “Bolsonaro tenía visa” y “Trump lo autorizó a ingresar por eso”. La desmentida parece burda: es obvio que el avión no podía despegar sin el visto bueno de Trump, de manera que intervinieron en lo principal: la autorización del viaje. Y, según el NYT, hasta pagaron el vuelo, aunque hay quienes insisten en que pagó la SIDE, con fondos reservados y a través de un testaferro. Pero la frase del secretario de Estado exhibe el trasfondo: Trump no quiere un conflicto con Lula. Este mismo fin de semana, Rubio se reunió con el canciller brasileño, Mauro Vieira, en Atlanta.
Del lado argentino, buena parte de la ejecución fue del agente J.M.B., el que mantenía el contacto con la custodia de Flavio, con la PSA y con los norteamericanos. No usaron a los agentes que tienen en la Triple Frontera ni a ninguno de los que llevan años en la Casa, como le dicen a la SIDE. Utilizaron al personaje de apellido alemán, que es casi un outsider, pero de confianza de los jefes relacionados con Caputo jr. Por de pronto, J.M.B. es nuevo, no de carrera. El antecedente de que haya trabajado en la Embajada hace ruido a los demás y la cuestión mayor es que lo destinaron a uno de los lugares más ansiados por los agentes, Ezeiza: “da poder y negocios”. Fue ubicado allí por la Dirección de Terminales que, a su vez, depende de Contrainteligencia. Según cuentan en la SIDE, sus colegas de la CIA están obsesionados con la llegada de rusos a la Argentina y se ve que favorecieron que un hombre cercano a ellos esté en el aeropuerto.
El que también estuvo en el terreno fue el asesor presidencial, Caputo, tal como consignó el canal C5N, que pudo filmar casi toda la operación en la madrugada del miércoles. Los periodistas no se movieron del aeropuerto y tenían el foco en el Gulfstream, cuando corría la versión de que Bolsonaro ya estaba llegando a Miami. Por eso pudieron captar las camionetas y la salida del avión. El acta de la policía misionera que revela la presencia de Caputo en Iguazú dice: “Personal policial es comisionado por el Jefe de turno de la fecha, a realizar control vehicular sobre Ruta Nac. 12 Km. 1460 está, con el fin de identificar dos vehículos y sus ocupantes: una camioneta Ford Ranger, color blanco, dominio AE027HE, perteneciente a la Entidad Binacional Yacyretá, conducida por WAISMAN JORGE OMAR, DNI N.º 12.731.064, Jefe de Seguridad de dicha entidad; y una Toyota Hiace, color blanco, dominio I013RKB, conducida por PALACIOS IGNACIO ORLANDO, DNI N.º 17.814.175, asesor de la Secretaría General de la EBY. En este último vehículo se desplazaba SANTIAGO LUIS CAPUTO, consultor político argentino y Asesor del Presidente de la Nación, Javier Milei, quien solicitó evitar demoras durante su traslado”. El acta no deja dudas. En Misiones dicen que si se hubieran movido de forma más discreta —no en una caravana de camionetas— nadie los hubiera detectado. “Hicieron demasiado ruido”, dicen los policías misioneros.
Como se sabe, Waisman y Palacios vivían en Miami —Waisman era policía— y pasaron a trabajar en la Entidad Binacional en cargos de seguridad. Se dice que ambos tienen también la doble nacionalidad. Como se ve, la mayor parte de los que se movieron esa noche tenían vínculos con los norteamericanos.
La fuga
Flavio Bolsonaro tuvo su última reunión a las 17 del lunes 26 de octubre, el día siguiente de su derrota en el balotaje. Según se constató, a las 20 salió de su domicilio en Brasilia una caravana de vehículos en la que estaba su familia. Es lo que explica que, al día siguiente, martes 27, las hijas Luiza y Carolina ya faltaron al colegio.
En la misma noche del lunes, a las 22.14, despegó de Aeroparque el Gulfstream G400 hacia Iguazú, aterrizando a las 23.45. En la hoja de ruta presentada ante las autoridades, el aparato seguiría hacia Miami a las 2 de la mañana, con 4 pasajeros brasileños. O sea que la operación estaba prevista para la noche del lunes, madrugada del martes.
En el gobierno brasileño no lo pueden creer. Piensan que el plan estaba diseñado de antemano y que es insólito porque Bolsonaro tenía inmunidad —es senador— hasta diciembre. Todo les resulta aparatoso y, en cierta manera, favorable. Este diario le preguntó a un vocero del equipo de Lula cómo fue que Bolsonaro viajó de Brasilia a Foz de Iguazú en su huida: “no nos importa, la verdad”.
Es la política
Como consignó en Página/12 la periodista Paula Marussich, la cancillería de Brasil citó a la encargada de Negocios de la Argentina en Brasilia, María Emilia Cortés. La funcionaria le repitió al director de Mercosur —bajísimo rango para algo supuestamente tan delicado— el comunicado de Migraciones: que Bolsonaro no tenía orden de captura y que, por lo tanto, no hubo ninguna irregularidad. El encuentro fue breve y una especie de trámite burocrático. La orden era no darle relevancia y dejar en claro que no se estaban pidiendo explicaciones.
Altas fuentes de Itamaraty le contaron a este diario que minimizan lo ocurrido. No lo dicen expresamente, pero la idea es ningunear a Javier Milei, no asignarle ningún papel relevante. Es más, hicieron circular la versión de que Lula invitará a Milei a la toma de posesión, el 5 de enero, algo que es casi humillante para el libertario. La fecha se corrió al 5 por una enmienda constitucional: hasta ahora siempre era el 1 de enero.
En Itamaraty remarcaron que, a la misma hora de la cita con la encargada de Negocios argentina, se encontraban en Atlanta, Estados Unidos, el secretario de Estado, Rubio, y el canciller brasileño, Vieira. No sólo dialogaron y se hicieron fotografiar, sino que acordaron una reunión para antes de la cumbre del G-20, en diciembre, en Miami. En palabras de funcionarios brasileños: “nosotros jugamos en las grandes ligas y no nos enredamos en peleas chicas”.
El que queda expuesto es el gobierno de Javier Milei. Sigue sin reconocer el triunfo de Lula, produciendo un aislamiento aún mayor al que ya produce con sus insultos y viajes en los que ahora casi no lo recibe nadie.

Por Raúl Kollmann - P/12

