Chubut Para Todos

Se enciende el debate sobre el cepo y amenaza con fogonear la dolarización preelectoral

El Gobierno sufre por las críticas de ambos lados: quienes promueven volver al cepo y los que piden sacar las restricciones aún vigentes para empresas

Puntos importantes

  • El debate sobre el cepo reapareció, instalando dudas sobre el futuro cambiario post 2027.
  • Esto genera incertidumbre política, incentivando la dolarización anticipada de los ahorristas locales.
  • La presión recesiva y críticas externas obligan al Gobierno a gestionar un escenario financiero frágil.

El cepo volvió al centro del debate, y no es una buena noticia para el gobierno. Porque, aún cuando le dé pie para criticar a quienes piden más controles al dólar, se reinstala en el público la duda sobre qué ocurrirá con el tipo de cambio después de la elección de 2027. Y eso, como ha quedado demostrado en momentos pre electorales recientes, es un incentivo a la dolarización de los ahorristas.

El disparador fue una entrevista de Emmanuel Álvarez Agis en el canal de streaming "Ahora Play", en el que declaró su convencimiento de que la economía argentina no tiene condiciones para una libre flotación, y que sólo con controles cambiarios es posible evitar una crisis.

"Las economías no recuperan su moneda después de una historia como la argentina en de cuatro años. Entonces tenés que lidiar con un esquema en el que al mercado lo tenés que tener partido en dos. Y con controles de cambio, le guste a quien le guste", sostuvo el ex viceministro de la gestión de Cristina Kirchner, y siempre mencionado como "ministeriable" de un eventual gobierno peronista.

El economista criticó al esquema actual, en el que los ahorristas pueden acceder al dólar oficial pero las empresas mantienen restricciones, y lo calificó como "populismo financiero".

Hubo un revuelo inmediato tras las afirmaciones de Álvarez Agis, en su mayoría críticas. Pero lo relevante es que su propuesta no pasó inadvertida, justo en un momento de extrema sensibilidad, con una tendencia creciente a la dolarización de los pequeños ahorristas.

Y no fue la única crítica a la política económica. También llamaron la atención advertencias como la de Carlos Melconian, que no defendió el cepo explícitamente, pero se quejó de que el país desperdiciaba la gran ventaja del saldo superavitario en la balanza comercial, permitiendo que esos dólares se "fuguen" por turismo y ahorro. Ya anteriormente había insinuado que vería como una medida positiva un impuesto que encareciera el tipo de cambio del turismo.

Melconian cuantificó en u$s100.000 millones el monto que el gobierno podría haber inyectado en la economía productiva, pero que terminó canalizándose a otros destinos. Este economista está entre los profesionales de consulta de Patricia Bullrich -que en 2023 dijo que lo llevaría como ministro si ella ganaba la elección-.

Síndrome pre-electoral

Y el hecho de que el tema de los controles cambiarios vuelva al tapete sólo puede tener una consecuencia: una mayor inquietud entre el público ahorrista, que se sentirá más incentivado para comprar dólares. Ya el ritmo de demanda venía alto, en un contexto de polémica sobre el retraso cambiario. Pero si, además, aparece la incertidumbre política, eso actúa como un impulso adicional.

El nivel actual está en torno de u$s2.800 millones mensual. Ya de por sí es un número elevado, pero los antecedentes muestran que hay margen para que siga creciendo: en los meses previos a la elección legislativa de 2025, el público llegó a comprar más de u$s5.000 millones en los bancos, mientras se desplomaba la demanda por pesos.

Y esa campaña electoral demostró que ni la vigencia de tasas de interés estratosféricas, ni un apriete monetario que congeló 53,5% de los depósitos en forma de encajes, ni el anuncio de un salvataje por el mismísimo US Treasury fueron suficientes como para frenar la masiva huida de los argentinos hacia el dólar.

El dólar, otra vez en el centro de la escena

Lo cierto es que este es un pésimo momento para que el debate sobre los controles cambiarios se replantee. Para empezar, porque contradice las afirmaciones de Toto Caputo en el sentido de que el 2027 será tranquilo a nivel económico, con baja demanda de dólares por parte del público, y en el que "la economía se llevará puesta a la política".

Esa frase es un arma de doble filo, porque cuando el ministro la pronunció, todavía se mantenía el pronóstico de un crecimiento del PBI en torno de 4%, y había confianza en una inflación que se desplomaría, mientras el país se beneficiaba de un ingreso histórico de dólares.

Pero ahora las señales cambiaron para mal, tanto en lo económico como en lo político. El EMAE ya dibuja un escenario recesivo, y las primeras estimaciones de septiembre confirman la continuidad de un estancamiento productivo -el índice de la consultora Ferreres muestra una mínima variación de apenas 0,1%-.

Para colmo, el efecto Brasil agravó la situación financiera, que ya estaba enrarecida por la suba de tasas en el mercado global. Argentina confirmó su hipersensibilidad ante los shocks externos, con una abrupta suba del riesgo país, que superó por lejos el movimiento de los bonos de deuda soberana brasileños.

El dato más relevante de los últimos días fue la venta de u$s100 millones a la que se vio obligado el Tesoro, mientras el Banco Central suspendió sus compras durante tres días. Para el mercado, esta situación fue un recordatorio de lo rápido que puede cambiar el panorama, aun cuando el gobierno sostenga que no hay motivos para la volatilidad porque cuenta con la "bazooka" de u$s125.000 millones.

En definitiva, pese a los esfuerzos del gobierno por transmitir una imagen de normalidad, el dólar volvió a ser un tema de conversación. Y, después de muchos meses, las miradas se están posando en los paralelos, sobre todo en la brecha de 6% que alcanzó el "contado con liquidación" respecto del dólar MEP, y que marca el sobreprecio que las empresas están dispuestas a pagar con tal de sacar divisas del país.

El reclamo por eliminar el cepo al dólar ya

La mala noticia para el gobierno es que el hecho de que muchos economistas hayan criticado los planteos sobre controles cambiarios no le reditúa un beneficio político. Más bien al contrario, muchos de los que salieron a opinar sobre este tema sostienen que, justamente, los problemas derivan de que el gobierno no se haya animado a eliminar por completo el cepo para las empresas.

En esa línea se destacan economistas muy influyentes, empezando por el ex ministro Domingo Cavallo, quien desde hace tiempo viene reclamando el fin de las restricciones para acceder al mercado de divisas, así como que se elimine la obligatoriedad de que los exportadores liquiden al tipo de cambio oficial para que las tome el BCRA. De hecho, Cavallo se declaró coincidente con Álvarez Agis en su crítica a que haya una situación desigual en la cual los ahorristas tienen mejor acceso que las empresas al mercado cambiario.

"Manejan el tipo de cambio como Guillermo Moreno manejaba los precios", fue la frase que circuló con insistencia en los medios.

Lo cierto es que el planteo de Cavallo fue secundado por muchos economistas, que no ven la ventaja de mantener controles. Y esto puso al gobierno y sus economistas afines en una situación incómoda: no sólo no se benefician de que haya economistas peronistas que vuelvan a defender al cepo, sino que tienen que salir a justificar por qué no es conveniente levantar todos los controles de golpe. Y esa argumentación implica, necesariamente, reconocer que hay un riesgo desestabilización financiera ante una eventual dolarización masiva que el gobierno no logre controlar

¿Un 2027 peor que el 2025?

Desde el punto de vista del gobierno, lo peor que puede ocurrir es que no sólo se repita la dolarización pre-electoral vivida en 2025 -la demanda de divisas llegó a casi un 50% de la base monetaria-, sino que además se aceleren los tiempos. Es lo que parece estar ocurriendo, dado que el reporte cambiario del BCRA refleja un incremento sostenido en las compras de dólares por parte de ahorristas.

Con un dólar que se movió 5,5% frente a una inflación acumulada de 25,8%, y con el marco del "riesgo kuka" que instaló el propio gobierno, están dados los ingredientes para una dolarización por adelantado.

Ahora, con el cepo otra vez en el debate, ese riesgo político incidirá más como un incentivo a comprar dólares, y esa demanda aumentará cuanto más caiga la intención de voto hacia Milei.

Peor aun, una incertidumbre sobre la posibilidad de reelección de Milei genera dudas respecto de qué tan firme sea la voluntad de Estados Unidos para repetir una asistencia financiera en caso de volatilidad cambiaria.

¿Qué puede hacer el gobierno en ese contexto? No mucho: si insinúa que le dará el gusto a Cavallo y los demás críticos, y que levantará el cepo remanente, entonces generaría la expectativa de una suba de la cotización oficial, lo cual exacerbaría la compra por parte de los ahorristas y también el envío de remesas al exterior por parte de empresas.

Y, en el mientras tanto, es posible que Toto Caputo deba endurecer su política de contracción monetaria, para evitar que haya un traspaso masivo de pesos hacia dólares. Eso es exactamente lo opuesto a lo que le están aconsejando economistas afines al gobierno, notoriamente Ricardo Arriazu y Alberto Ades, que argumentan en favor de monetizar la economía y aceptar algo más de inflación, con tal de mejorar el crédito.

Por Fernando Gutiérrez - IP