Un buque con más de 400 soldados llegó a la isla a días de la fecha fijada para inaugurar una planta atunera, un hotel y un cuartel que no cuentan con electricidad estable ni infraestructura mínima. Vecinos de San Antonio de Palé fueron desalojados de sus casas.
El 28 de octubre de 2026 llegó a Annobón un buque que, según las informaciones recibidas, transportaba a más de 400 soldados enviados por el régimen de Teodoro Obiang Nguema Mbasogo. El desembarco refuerza la presencia militar en la isla y coincide con la inauguración anunciada de una planta procesadora y envasadora de atún, de un hotel y de un cuartel.
Las tres obras tenían fecha: el 31 de octubre. El Gobierno la fijó a mediados de ese mes, tras una reunión en el Palacio del Pueblo de Malabo encabezada por el vicepresidente, Teodoro Nguema Obiang Mangue. Pero la isla que debe recibirlas no reúne las condiciones para sostenerlas. Ni la planta ni el hotel pueden operar hoy: faltan electricidad estable, suministro de combustible asegurado y conectividad. Es decir, los servicios básicos y la infraestructura mínima que cualquier instalación necesita para funcionar.
Las autoridades presentan las obras como un motor de desarrollo. Sostienen que la planta busca diversificar la economía nacional, que producirá conservas, pescado congelado, pescado ahumado y harina de pescado para el mercado interno y los países de la CEMAC, y que el hotel impulsará el turismo. También afirman que el objetivo es que las infraestructuras se traduzcan en servicios, actividad económica y empleo para la población de Annobón.
Una inauguración que se repite desde hace años
La promesa no es nueva. Según Ambô Legadu, la agencia de noticias de la República de Annobón, en 2023 la entonces primera ministra Manuela Roka Botey prometió abrir la fábrica antes de fin de año. En 2024, siempre según ese medio, Teodorín Nguema Obiang llegó a publicar en Twitter que la planta ya producía atún y pulpo.
Los comunicados oficiales permiten reconstruir el calendario. El 22 de octubre de 2025, una comisión encabezada por Nguema Obiang Mangue informó que las obras del hotel y del cuartel estaban listas para entregarse al Estado. A la fábrica, en cambio, le faltaban detalles, entre ellos la red eléctrica y la fibra óptica. Los representantes de Pescanor, la empresa a cargo, aseguraron que ya había tres barcos pesqueros en la isla y que la planta produciría 5.000 tarros de conserva con un solo turno.
A comienzos de noviembre de 2025, tras una inspección en Annobón, una delegación ministerial volvió a Malabo con la lista de urgencias: fibra óptica para conectar toda la isla y un suministro eléctrico sin interrupciones para todos los servicios. El 17 de noviembre, el Gobierno estimó que la inauguración sería a fines de diciembre.
No ocurrió. En marzo de 2026 se fijó una nueva fecha, el 17 de abril, y se informó que el hotel y la planta estaban cerca del 100 % de ejecución. El ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Honorato Evita Oma, exigió que diez días antes del acto todas las operaciones funcionaran con normalidad, con pruebas realizadas y producto almacenado. Los propios informes oficiales admitieron además que la constructora Somagec había usado chapas convencionales en el techo de la fábrica, en lugar de paneles sándwich, pese a la cercanía del mar.
Tampoco esa fecha se concretó. Según la información oficial, una propuesta posterior fue suspendida para dar tiempo a concluir los trabajos. Finalmente se fijó el 31 de octubre.
Obras sin condiciones para operar
El informe de seguimiento de octubre de 2026 muestra que los pendientes persisten. Para el hotel, la puesta a punto de la planta fotovoltaica que le daría energía propia estaba prevista para noviembre, es decir, después de la fecha de la inauguración. En una reunión anterior, el Gobierno había pedido a Somagec una propuesta económica para rehabilitar la carretera de acceso al hotel. Para la fábrica, el vicepresidente ordenó prever un suministro constante de combustible y puso especial atención en el proyecto de electrificación de la ciudad. Son medidas pendientes, no resueltas.
Las previsiones de producción también cambiaron. En octubre de 2025 se hablaba de 5.000 tarros por turno, con posibilidad de llegar a 15.000. En octubre de 2026, el informe oficial anunció previsiones iniciales de 1.500 tarros diarios, entre 200 y 300 kilos de pescado ahumado y una tonelada de pescado congelado.
Hay un dato más. Annobón no tiene internet desde el 20 de julio de 2024, cuando el Gobierno cortó la telefonía móvil y la conexión en toda la isla, según Access Now. La organización calculó en 5.300 los residentes incomunicados y situó el origen del corte en el contexto de las protestas contra las detonaciones que afectaban viviendas y terrenos. El propio ministro de Telecomunicaciones había señalado que la fibra óptica era imprescindible para el funcionamiento de la fábrica.
El escepticismo tiene antecedentes. Una investigación de Moncloa.com y Diario Rombe, publicada en 2022, sostuvo que el proyecto de pesca atunera en Annobón existía solo en el papel, aunque el dinero para construirlo había fluido hacia las partes contratadas.
La denuncia: desalojos para alojar a la tropa
Para alojar a los 400 militares fang trasladados a la isla con el fin de simular ante la comunidad internacional el apoyo del pueblo annobonés al régimen de Obiang, buena parte de la población de San Antonio de Palé fue desalojada de sus propias viviendas.
San Antonio de Palé es la capital de Annobón.
La pregunta se impone: ¿para qué hacen falta cientos de soldados para inaugurar una planta y un hotel? Ambô Legadu sostiene que el objetivo no es celebrar el desarrollo, sino imponer, mediante la intimidación militar, una imagen de normalidad y respaldo popular que no se corresponde con la realidad. En paralelo, el vicepresidente ordenó al primer ministro organizar el transporte para que los servicios, los participantes del acto y los oriundos de Annobón llegaran a la isla con días de antelación.
Militarización, miedo y hambre
Según denuncias recibidas por Ambô Legadu en los últimos meses, los militares desplegados patrullan las calles de Palé desde las 19:00 en vehículos que circulan a alta velocidad. Eso obliga a la población a encerrarse en sus casas, en lo que describen como un toque de queda no declarado. Las mismas denuncias indican que, por pregón, se ordenó a los pescadores entregar en el cuartel los fusiles y arpones de pesca submarina.
La requisa redujo la capacidad de los pescadores para faenar por su cuenta, en una isla donde la pesca y la agricultura sostienen la alimentación. A eso se suman la escasez de alimentos, las dificultades de abastecimiento y la falta de electricidad, agua potable y atención sanitaria que la población reclama resolver.
A esa misma población desalojada se le obligó a pescar para alimentar al ejército, después de haberles prohibido previamente la pesca para su propia subsistencia.
Por Ignacio Stankewitsch

