Chubut Para Todos

¿Triple espía? El hombre de Caputo en Washington cobraba del mejor amigo de Putin en los Balcanes

Barry Bennett jugó a tres puntas. Para la SIDE de Santiago Caputo fue el enlace con Washington, aunque no figuraba en ningún papel porque la Justicia de su país se lo prohibía. En la Casa Rosada lo recibían como emisario de Donald Trump. Y para Milorad Dodik, el aliado de Vladímir Putin en los Balcanes, fue un agente registrado, cuya firma facturó ochocientos mil dólares. Todo eso mientras el Gobierno denunciaba espionaje ruso y hablaba de “terroristas disfrazados de periodistas”. La combinación perfecta de ideología de extrema derecha y negocios particulares. ¿Y si el miedo y la factura salieron de la misma usina?

El domingo 4 de octubre, en un salón de Banja Luka empapelado de banderas serbias, Milorad Dodik levantó la copa por otra victoria. Condenado por la justicia de su país e inhabilitado por seis años, igual había ganado: su partido, el SNSD (por sus siglas en serbio, Savez nezavisnih socijaldemokrata: Alianza de Socialdemócratas Independientes), retuvo la presidencia de la República Srpska y la banca serbia en la presidencia de Bosnia. Agradeció a dos hombres. A Donald Trump, por "el clima político". A Vladímir Putin, por su apoyo. Cinco días antes había estado en Moscú, en su undécima reunión con el presidente ruso desde la invasión a Ucrania.

Dodik no es un hombre que pase inadvertido. Tiene 67 años, mide alrededor de un metro noventa, lleva el pelo cano y conserva la anatomía de un pívot retirado que cambió el parquet por los banquetes oficiales. No es una casualidad deportiva: en Laktaši, el pueblo donde creció, fundó el club de básquet Igokea, al que hoy felicita por televisión cada vez que sale campeón, con la naturalidad de quien felicita a una dependencia propia. Un semanario alemán lo describió como "el gigante". En Banja Luka nadie discute el apodo. En Sarajevo tampoco, aunque por otros motivos.

Banja Luka es la capital de hecho de esa entidad serbia: unos 185.000 habitantes a orillas del río Vrbas, la segunda ciudad de Bosnia y la sede del gobierno, de la Asamblea Nacional y del Palacio de la República desde donde Dodik manejó el poder durante dos décadas. Es también una ciudad con la memoria amputada. Fue otomana desde 1528, y su joya era la mezquita Ferhadija, levantada en 1579. En mayo de 1993, en plena guerra, los nacionalistas serbios la volaron con explosivos, en una ciudad que fue vaciada de casi toda su población bosnia musulmana y croata. La mezquita recién volvió a abrir sus puertas en 2016, reconstruida. En ese escenario, limpio de los otros, Dodik celebró su victoria.

Entre los invitados que aplaudían el regreso de Dodik al poder había un puñado de estadounidenses con llave de la Casa Blanca. Los registró The New York Times en una nota que Kenneth P. Vogel firmó desde Washington el 15 de octubre, con un título que en Buenos Aires pasó de largo: "Más aliados de Trump ayudaron al gobierno prorruso de los Balcanes". Estaban James Blair y Chris LaCivita, los estrategas de la campaña de medio término de Trump. Estaba Alex Garcia, socio de la firma donde trabaja la hija de la jefa de Gabinete de la Casa Blanca. Y estaban dos nombres que en la Argentina son familiares, los amigos de Santiago Caputo —o quizá ya no tanto—: Caroline Wren y Barry Bennett.

Según el Times, las firmas de Wren y Bennett cobraron al menos ochocientos mil dólares por abrirle puertas a Dodik en Washington. Una de esas firmas se llama Tactic, y su dueño es Leonardo Scatturice, el ex chofer de la SIDE que armó en Miami un holding de más de 35 empresas. Tactic es la misma firma que organizó la CPAC Argentina, la que metió a Bennett en el comedor de la Casa Rosada y la que en febrero de 2025 firmó un contrato con la SIDE, dirigida por entonces por Sergio Darío Neiffert y cuyo poder real está desde entonces en manos de José Francisco Lago Rodríguez.

Data Clave revisó, uno por uno, los registros que Tactic y su sucesora presentaron ante el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Lo que aparece no es un frente ideológico. Es una caja registradora. 

Flan con dulce de leche en el comedor de Perón 

Barry Bennett llegó a la Argentina con el prontuario fresco. El 3 de enero de 2024, el Departamento de Justicia de su país anunció que el viejo estratega de Trump había firmado un acuerdo para esquivar un juicio penal. Había ocultado que trabajaba para Qatar mientras hacía lobby en Washington. Pagó cien mil dólares de multa, corrigió sus registros y aceptó una condición que, vista desde Buenos Aires, suena a chiste: durante dieciocho meses no podría "realizar ninguna actividad que requiera registro" como agente de un gobierno extranjero. La prohibición rigió hasta mediados de 2025. 

Ese año y medio de castigo fue, precisamente, el de su desembarco en el poder argentino. La noche del 3 de diciembre de 2024, en el Hilton de Puerto Madero, Bennett se sentó a la mesa de la primera CPAC Argentina junto a Javier Milei y Lara Trump. En la cena de gala estaba Santiago Caputo, el asesor sin cargo que "no suele participar de actos públicos", según Infobae —el exitoso holding de Daniel Hadad, presunto socio en las sombras de Leonardo Scatturice y pretendido candidato presidencial para 2027—. La conferencia la había pagado de punta a punta Scatturice, que registró CPAC Argentina Inc. en Florida, se nombró presidente y puso de CEO a Soledad Cedro, ex corresponsal de Infobae en Miami.

Dos meses y medio después, el 12 de febrero de 2025, el entonces jefe de la SIDE, Sergio Neiffert, firmó un contrato con Tactic, la firma de lobby que Scatturice había fundado en Miami el 26 de noviembre anterior con Bennett, Wren, Cedro y el recaudador Ryan Coyne. La contratación fue a pedido de Caputo. El objeto era ambicioso para una empresa de ochenta días de vida: Tactic serviría "de enlace entre la Presidencia de la Nación" y sus contrapartes estadounidenses, coordinaría reuniones entre funcionarios de los dos países y asesoraría "en comercio e inversión". Diez mil dólares por mes.

Diez días después, el 22 de febrero, Milei saludó a Trump en la CPAC de Maryland y la Casa Blanca difundió la foto. Se atribuyó la gestión a Bennett, "por su vínculo con Caputo". En la primera fila del discurso de Trump estaban Milei, su hermana Karina, Caputo y Scatturice. Fue la misma semana del escándalo $LIBRA.

El 25 de marzo, Caputo recibió a Bennett en su despacho de la Casa Rosada. Almorzaron durante más de dos horas en el comedor que usaba Juan Domingo Perón, y hasta almorzaron lo mismo que el General: bife con ensalada y, de postre, flan con crema y dulce de leche. Hablaron de inversiones, de energía, del tratado de libre comercio y de la próxima cumbre entre los presidentes. "Es importante profundizar el vínculo", dijo Bennett al salir. Era el tercer encuentro entre los dos en tres meses.

El contrato de la SIDE describía, punto por punto, lo que Bennett hacía. Pero en los papeles Bennett no existía. Tactic le informó al Departamento de Justicia que la única persona que trabajó para la SIDE fue Cedro, y recién desde el 29 de mayo de 2025. Según esa declaración jurada, entre la firma del contrato y fines de mayo nadie movió un dedo por el servicio de inteligencia argentino. Ni la foto con Trump, ni el almuerzo con flan, ni la cumbre en preparación.

La arquitectura de Tactic cuenta otra historia. En el sitio de la firma, Bennett figuraba como "Managing Partner", el socio a cargo; Cedro, como directora. Las cartas de los clientes iban dirigidas a él. En las reuniones con diputados y gobernadores, Cedro le hacía de intérprete, porque Bennett no habla castellano. El interlocutor de Caputo era Bennett. Y Caputo no es un asesor más: Caputo es la SIDE. Fue el arquitecto de la purga de 147 agentes en 2024 y, en diciembre de 2025, sentó al frente del organismo a Cristian Auguadra, en reemplazo de Neiffert, un hombre "de extrema confianza" suyo.

Bennett trabajó para la SIDE de Caputo sin figurar en ningún registro, en los meses en que la Justicia de su país le prohibía hacerlo. No podía figurar. La SIDE, por su parte, nunca pagó una sola cuota. En junio de 2026, Tactic se dio de baja del contrato sin haber cobrado un dólar. Cabe preguntarse para qué se firmó un contrato que nadie pensaba pagar, si no era para darle un nombre de fantasía a una relación que ya existía.

En septiembre de 2025, con el Gobierno groggy después de la derrota bonaerense, Bennett dejó las sombras. Se reunió con Milei en Olivos, se subió al escenario de la CPAC Paraguay, gestionó la reunión con Trump en la ONU y celebró en X: "Thank you, President Trump!". El 7 de octubre aterrizó en Aeroparque en el Bombardier Global 5000 de Scatturice, matrícula N100LA. Al día siguiente, en las oficinas de OCP Tech en Puerto Madero, otra empresa de Scatturice, les anticipó a Miguel Ángel Pichetto, Cristian Ritondo y Rodrigo De Loredo, con Caputo sentado al lado, que Estados Unidos iba a "comprar pesos en el mercado". Al día siguiente, el Tesoro norteamericano empezó a hacerlo. "Tenía información privilegiada", confesó después Pichetto. Un lobista con antecedentes por ocultar a sus clientes extranjeros anticipaba una intervención cambiaria en la oficina de un contratista del Estado argentino. "Nada relevante", dijo el diputado.

Una ventanilla para todos 

Los registros del Departamento de Justicia muestran una cartera de clientes que haría sonrojar a cualquier militante de la batalla cultural. En Tactic, el discurso de la libertad convivía sin problemas con gobiernos comunistas, satélites de Moscú y el principal aliado de Putin en Europa. Mientras la firma se vendía en Buenos Aires como el puente sagrado entre Milei y Trump, en Washington cobraba de cualquiera que pudiera pagar la entrada.

La SIDE de Milei se comprometió a pagar diez mil dólares por mes y nunca pagó. La embajada del Vietnam comunista y Athenllas, una empresa de Ho Chi Minh, dejaron seiscientos mil dólares en 2025. Para la Agencia Nacional de Inversiones de Kirguistán, un satélite de Moscú en Asia Central, Tactic trabajó como subcontratista de George Birnbaum, ex jefe de gabinete de Benjamín Netanyahu y arquitecto de la imagen de Viktor Orbán, a cincuenta mil dólares mensuales. La carta del acuerdo estaba dirigida a Barry Bennett. Y el ministerio de Integración Europea de Dodik pagaba cien mil por mes, puntual como un reloj suizo.

En mayo de 2026, Bennett, Wren y Coyne se fueron de Tactic y se llevaron la clientela a una firma nueva, CRB Global, constituida en Delaware el 6 de enero y registrada como agente extranjero recién el 17 de junio. En los contratos se presenta con nombres híbridos, "CRB Tactic Global" o "CRB Global dba TACTIC Global", como quien cambia el cartel sin cambiar el negocio. Con ese sello se sumaron el Ministerio de Finanzas de Serbia, por diez mil dólares mensuales, y Maneks, la empresa de Dragoljub Zbiljić, el empresario de Novi Sad que garantizó en 2012 el préstamo de campaña del partido de Aleksandar Vučić. Ex ministro de Información de Slobodan Milošević, Vučić maneja Serbia desde hace más de una década: renunció a la presidencia el 27 de septiembre y este sábado 25 de octubre se presenta como candidato a primer ministro, con el país sacudido por las protestas que estallaron cuando se derrumbó el techo de la estación de trenes de Novi Sad y murieron 16 personas. Maneks paga noventa mil por mes, nueve veces más que el propio gobierno serbio, por un contrato con casi el mismo objeto. Completa la lista Somalilandia, un gobierno que nadie reconoce y que busca el aval de Washington.

Un gobierno comunista, un aliado de Putin, un satélite del Kremlin, el amigo empresario de Vučić y el servicio de inteligencia de un presidente que se proclama faro mundial de la libertad: para Tactic eran lo mismo. Eran facturas. La SIDE fue, de lejos, la peor clienta: diez mil dólares que nunca pagó. Dodik pagó diez veces más y nunca se atrasó. ¿Era la SIDE de Caputo un cliente o una vidriera?

Un país sostenido a fuerza de alianzas y negocios 

Para entender quién le pagaba a Bennett hay que mirar un mapa que todavía sangra. Bosnia y Herzegovina nació de la guerra más feroz que vio Europa desde 1945. Entre 1992 y 1995, el desmembramiento de Yugoslavia enfrentó a bosnios musulmanes, serbios y croatas en una carnicería que dejó alrededor de cien mil muertos, dos millones de desplazados, el sitio de Sarajevo y la masacre de Srebrenica, donde las fuerzas serbobosnias de Ratko Mladić asesinaron a más de ocho mil hombres y chicos en julio de 1995. La Justicia internacional lo calificó como genocidio.

La paz llegó por imposición. Los Acuerdos de Dayton, firmados en Ohio en noviembre de 1995 bajo la batuta de Washington, partieron el país en dos entidades: la Federación de Bosnia y Herzegovina, de mayoría bosnia y croata, y la República Srpska, abrumadoramente serbia y cristiana ortodoxa, con capital en Banja Luka. Encima de ese andamiaje pusieron una presidencia de tres cabezas, una por cada pueblo, y una figura sin equivalente en el mundo: el Alto Representante internacional, un virrey con poder para imponer leyes y destituir funcionarios. Treinta años después, ese equilibrio sigue en pie, más por conveniencia que por convicción.

En ese país hizo carrera Milorad Dodik. La parte más irónica de su biografía es el comienzo. En 1998 llegó a primer ministro de la República Srpska como el moderado que Occidente apadrinaba: las tropas de la OTAN rodearon los edificios en manos de policías leales a Radovan Karadžić para que pudiera asumir, y Madeleine Albright dijo que con él había entrado "un soplo de aire fresco". Su partido, la Alianza de Socialdemócratas Independientes (SNSD), se presentaba como la alternativa civilizada al nacionalismo de los criminales de guerra.

El aire fresco duró poco. Después de perder en 2001, Dodik se reinventó como el más duro de los nacionalistas serbios. Volvió como primer ministro en 2006, fue presidente de la República Srpska entre 2010 y 2018 y otra vez entre 2022 y 2025, y ocupó la banca serbia en la presidencia colegiada de Bosnia. En el camino tomó el control de todos los resortes del poder en Banja Luka y expulsó a los jueces internacionales del sistema judicial. Su programa se volvió uno solo: la secesión. Un ejército propio, una justicia propia, un fisco propio y el desconocimiento del Alto Representante. En octubre de 2026 lo dijo sin anestesia: la independencia "llevaría quince minutos".

Desde 2022, ese proyecto tiene padrino en el Kremlin. Al principio de la invasión a Ucrania, Dodik pidió neutralidad. En junio de ese año ya hablaba de "operación militar especial", el eufemismo de Moscú. Apoyó los referendos de anexión del Donbás, intentó que Bosnia no votara en la ONU contra Rusia y le entregó a Putin una condecoración de la República Srpska. Gracias a la resistencia de los representantes serbios, Bosnia nunca se alineó plenamente con las sanciones europeas. En septiembre de 2026, en Moscú, prometió que la República Srpska "no permitirá" sanciones contra Rusia ni visas para los rusos, y ofreció cooperación en Orao, la fábrica estatal de mantenimiento aeronáutico de Bijeljina.

Los intereses rusos en la entidad no son retóricos. La República Srpska depende del gas ruso, y la refinería de Brod, la principal del país, pertenece desde hace casi dos décadas a una filial de Zarubezhneft, la petrolera estatal rusa, que la Unión Europea nunca sancionó. Cuando Bosnia quiso diversificarse con un gasoducto desde la terminal de gas licuado croata de Krk, la llamada Interconexión Sur, Banja Luka se opuso y propuso, en cambio, seguir recibiendo gas ruso a través de Serbia.

En 2025, la cuerda se tensó hasta cortarse. En febrero, el tribunal estatal de Bosnia condenó a Dodik a un año de prisión y seis de inhabilitación por desobedecer las decisiones del Alto Representante, el alemán Christian Schmidt. Dodik respondió que Bosnia "ya no existe", impulsó leyes separatistas y una nueva constitución con derecho a la autodeterminación. La condena quedó firme y, en noviembre, el Tribunal Constitucional confirmó la inhabilitación. Dodik perdió la presidencia, pero no el poder: su delfín, Siniša Karan, ganó la elección anticipada en medio de denuncias de compra de votos, y el 4 de octubre de 2026 el SNSD volvió a imponerse, con Savo Minić en la presidencia de la entidad y Željka Cvijanović en la banca serbia de la presidencia de Bosnia.

Para blindarse, Dodik abrió la billetera en Washington. Según un relevamiento de la red internacional de periodismo de investigación OCCRP —que durante años recibió cerca de la mitad de su presupuesto del gobierno de Estados Unidos, como revelaron en 2024 Drop Site News, Mediapart y la televisión pública alemana NDR— sobre los registros del Departamento de Justicia, la República Srpska pagó al menos 8,9 millones de dólares a once firmas de lobby en 2025 y 2026. El objetivo era levantar las sanciones, reabrir Dayton y sacarse de encima al Alto Representante. La inversión rindió: en octubre de 2025, el Tesoro borró a Dodik de su lista negra; en mayo de 2026, Schmidt anunció su renuncia, y Dodik se jactó después de haber pedido su salida en las negociaciones con la administración Trump. Entre esas once firmas estaban Tactic y su sucesora, CRB Global.

El amigo de Putin 

Milorad Dodik no es un dirigente prorruso de manual. Es el más aplicado de la clase. Niega el genocidio de Srebrenica y lo llama "un mito fabricado". Bloquea las sanciones europeas contra Moscú. Define la invasión a Ucrania como una guerra "defensiva" y les dice a los europeos: "Abandonen la guerra en Ucrania. No es su guerra". En mayo de 2026, la República Srpska fue la única delegación europea en el desfile de la Victoria en Moscú. Washington lo había sancionado dos veces, en 2017 por sabotear los Acuerdos de Dayton y en 2022 por corrupción: según el Tesoro, usaba su cargo para dirigir contratos públicos a empresas suyas y de su hijo Igor, ocultas detrás de testaferros.

El 30 de junio de 2025 entró en vigencia el contrato que Leonardo Scatturice firmó como "Manager" de Tactic con Zlatan Klokić, el ministro de Integración Europea de Dodik: cien mil dólares por mes. Habían pasado doce días desde que el Gobierno argentino denunciara una red de espionaje ruso. Entre fines de julio y comienzos de agosto, Bennett, Wren y Coyne se registraron como agentes de Srpska. El 15 y 16 de septiembre, según declaró la propia Tactic, el gobierno de Dodik pagó los vuelos de tres personas de Belgrado a Srpska, ida y vuelta, en aviones de "Tactic Air". De esa empresa no hay rastro en los registros públicos consultados.

El 29 de octubre de 2025, el Tesoro de Estados Unidos borró de su lista de sancionados a Dodik, a su familia y a sus empresas. El Tesoro no dio explicaciones; el Departamento de Estado habló de "acciones constructivas" del parlamento de Srpska, que acababa de anular sus leyes separatistas. Ese mismo mes, en Buenos Aires, Bennett era recibido como el enviado de la Casa Blanca.

En febrero de 2026 se renovó el contrato con Srpska por once meses. Lo firmó Bennett, como "Managing Partner" de una firma que el papel bautiza "CRB Tactic Global", un nombre que no figura en ningún registro: la sociedad real, CRB Global, se había constituido en Delaware un mes antes y recién se inscribiría como agente extranjero en junio. El 2 de abril, Tactic inscribió la renovación ante el Departamento de Justicia. El 7 de abril, Donald Trump Jr. aterrizó en Banja Luka, y ese mismo día CRB cobró sus primeros cien mil dólares de Srpska. Entre julio de 2025 y mayo de 2026, el gobierno de Dodik pagó ochocientos mil dólares: seiscientos mil a Tactic y doscientos mil a CRB. La cuenta cierra al centavo con la cifra del Times.

Durante todo ese tiempo, el contrato de Tactic con la SIDE argentina siguió registrado ante el Departamento de Justicia. La misma firma, con la misma gente y desde la misma oficina de Miami, representaba al servicio de inteligencia de Milei y a uno de los gobiernos europeos más alineados con el Kremlin.

La amenaza conveniente 

Mientras el hombre de Caputo cobraba del amigo de Putin, en Buenos Aires el Gobierno construía, ladrillo por ladrillo, el relato de una Argentina asediada por espías rusos. El calendario merece leerse despacio, con lápiz en mano.

El 18 de junio de 2025, el piletero Manuel Adorni anunció en conferencia de prensa que la SIDE había detectado a "La Compañía", un grupo de rusos vinculado a la vieja estructura de Yevgueni Prigozhin que buscaba "formar un grupo de personas leales a los intereses de Rusia". Dio dos nombres y dijo que el resto era secreto de Estado. Desde el 29 de mayo, Cedro figuraba ante Washington como la persona de Tactic que trabajaba para la SIDE. Doce días después del anuncio, Scatturice firmó con Dodik. 

En octubre de 2025, la SIDE llevó el caso a la Justicia federal. Ese mismo mes, Washington levantó las sanciones a Dodik y Bennett recorría despachos porteños de la mano de Caputo.

El 2 de abril de 2026, Tactic registró en Washington la renovación del contrato con Srpska. Al día siguiente estalló en Buenos Aires la filtración de los documentos de La Compañía: unos 250 artículos contra Milei, supuestamente pagados por Moscú, en una veintena de sitios argentinos durante 2024. El Presidente habló de un espionaje "de una gravedad institucional pocas veces vista en la historia" y prometió ir "hasta las últimas consecuencias": los periodistas señalados eran, escribió, "sólo la PUNTA DEL ICEBERG". Cuatro días después, Trump Jr. aterrizaba en Banja Luka y CRB cobraba de Dodik.

El 16 de abril se inauguró el Centro Nacional Antiterrorismo, que depende de la SIDE y se alimenta de fondos reservados. En julio, un funcionario de la SIDE viajó a Washington a la cumbre de Marco Rubio sobre "terrorismo político", y el subdirector del FBI aterrizó en Buenos Aires. El 3 de agosto, en una entrevista con Luis Majul, Milei habló de "terroristas disfrazados de periodistas", de estudiantes y de profesores. Los decanos de la UBA escucharon ecos de Onganía y de Videla. Dos meses después, Bennett y Wren brindaban en Banja Luka con el hombre cuyo gobierno fue la única delegación europea en el desfile de Moscú.

El Gobierno que señala a periodistas críticos como agentes de Moscú tenía como enlace con Washington a un operador que cobraba del principal aliado de Putin en Europa. La paradoja no necesita adjetivos.

Una investigación con pies de barro 

La denuncia que el Gobierno usó para hablar de periodistas a sueldo del Kremlin no nació en la Argentina. Nació en África. Los 76 documentos, 1.431 páginas escritas en ruso, llegaron a The Continent, un medio de Sudáfrica. Los investigadores los atribuyen a Africa Politology, el brazo de propaganda que el Grupo Wagner desplegó en Malí, Burkina Faso, la República

Centroafricana, Sudán y una docena de países más. En ese inventario africano, la Argentina aparece junto a Bolivia como una rareza exótica. Nadie explicó quién filtró los papeles ni con qué propósito, y nunca se publicaron completos.

Lo más revelador es lo que admiten los propios autores. El consorcio que difundió la historia, encabezado por Forbidden Stories y openDemocracy, con el sitio argentino Filtraleaks, advierte que los documentos "deben leerse críticamente". Las cifras pueden estar infladas, hay artículos que aparecen dos veces en las planillas, y no hay forma de saber si el dinero llegó a medios, a periodistas o a intermediarios, ni siquiera si se pagó. Otros 343 mil dólares en gastos se mencionan pero no se muestran. La identificación del supuesto coordinador de la operación se apoya únicamente en una ficha interna de los mismos documentos. Un especialista consultado por France 24 fue más directo: "No todas las cifras financieras de estos documentos deben tomarse al pie de la letra".

Y hay un detalle que cierra el círculo con un moño. Los nombres de los supuestos jefes porteños de La Compañía, Lev Konstantinovich Andriashvili e Irina Iakovenko, no salen de los documentos filtrados. Salen del anuncio de Adorni de junio de 2025, es decir, de la SIDE. La investigación "independiente" se apoya, en parte, en la versión del servicio de inteligencia de Caputo. Andriashvili lo negó todo: "Nunca hemos contactado a medios, periodistas ni figuras políticas en la Argentina".

Con ese material, el Gobierno no investigó: hizo política. El 7 de abril les cerró la puerta de la Casa Rosada a periodistas acreditados de medios mencionados, sin decir cuáles, en nombre de una medida "preventiva". Cuando le preguntaron a quiénes alcanzaba, el vocero respondió: "A todos los que estén involucrados". Milei atacó en redes incluso a un diario que no aparecía en ningún documento. El sindicato de prensa porteño habló de "censura directa contra el periodismo crítico". El 1 de mayo, la SIDE participó en la detención de Dmitry Novikov, un ruso de 26 años que había entrado al país como turista. Se ordenó su expulsión, pero no se conoce imputación penal alguna ni un documento que lo ate a la campaña de 2024.

Seis meses después, el Presidente ya hablaba de 30 mil terroristas expulsados del país. 

Dos frentes, una misma usina 

¿Y si la amenaza rusa y el negocio con el aliado de Putin salieron de la misma usina? 

Los hechos están probados. Caputo controla la SIDE. La SIDE contrató a Tactic a pedido de Caputo. El hombre de Tactic que manejaba la relación con Caputo cobraba al mismo tiempo de Dodik, el dirigente europeo que se sentó once veces con Putin desde la invasión a Ucrania. Y la misma SIDE fue la que denunció la red rusa, la que llevó el caso a la Justicia y la que hoy maneja el flamante Centro Antiterrorismo, mientras desde la Casa Rosada se estiraba la sospecha hasta alcanzar a periodistas, estudiantes y profesores.

De esos hechos nacen las preguntas. ¿Qué sabía la SIDE de los otros clientes de su contratista? El servicio de inteligencia que denunciaba la injerencia rusa tenía contratada a la firma que representaba al principal aliado de Putin en Europa. O no lo sabía, y eso habla muy mal de su capacidad, o lo sabía, y entonces habla peor de sus intenciones.

¿Sirvió la amenaza rusa para tapar otra cosa? Cada pico del relato coincide con un movimiento de la red de Tactic. La denuncia de Adorni llega doce días antes del contrato con Dodik. La campaña de la "punta del iceberg" estalla al día siguiente de que Tactic registrara la renovación con Srpska. Las coincidencias no prueban una relación, pero exigen una explicación que nadie dio.

¿Quién ganó con el miedo? El fantasma ruso le dejó a la SIDE de Caputo más fondos reservados, un Centro Antiterrorismo y línea directa con el FBI y el Departamento de Estado. Al Gobierno le dejó algo más valioso: un enemigo interno con credencial de prensa.

¿Fue Bennett un doble o un triple agente? Tenía tres mandantes al mismo tiempo. Para la SIDE de Caputo era el enlace con Washington. En la Casa Rosada lo recibían como emisario de Trump, y manejaba información del Tesoro antes que el mercado. Y el gobierno de Dodik, alineado con Moscú, le pagaba cien mil dólares por mes. Un hombre en esa posición es, por definición, un canal por el que la información puede circular en tres direcciones. ¿Trabajaba para la Argentina ante Washington, para Washington ante la Argentina o para el amigo de Putin ante los dos? ¿Alguien en la SIDE se lo preguntó? ¿O la SIDE ya sabía la respuesta?

La trama tuvo, además, un efecto que en la Casa Rosada prefieren no mencionar: le fue cerrando a Caputo las puertas de Washington. El canal que abrían la CPAC, Tactic y Bennett ya no rinde como antes, y cuando el asesor viajó a Estados Unidos en mayo de 2026, según trascendió, lo recibieron funcionarios de tercera y cuarta línea. En Miami también cambió el humor. Según pudo saber Data Clave de fuentes cercanas al empresario, Scatturice oscila entre el desencanto y el enojo con su viejo aliado. Lo inquieta, sobre todo, que las causas judiciales abiertas en la Argentina terminen por alcanzarlo: la de las valijas que entraron sin control por Aeroparque, la denuncia ante la Comisión Bicameral de Inteligencia, los contratos de sus empresas con el Estado. En su entorno no dudan sobre el origen del problema: las torpezas de quien se hace llamar, precisamente, "el mago del Kremlin".

La pregunta de fondo es si estamos frente a operaciones de falsa bandera: amenazas infladas, cuando no fabricadas, para justificar el poder de un aparato de inteligencia y desviar la mirada de sus propios vínculos. Hay un patrón: la misma gente, los mismos meses, dos frentes. Y una certeza que atraviesa cada registro, cada contrato y cada factura: la combinación perfecta de ideología de extrema derecha y negocios particulares.

Por Mauro Federico-Ivy Cángaro-Dataclave