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Un Esquel para pocos : avanza el frente Anti-Taccetta

Matías Taccetta está construyendo un Esquel para pocos, y el malestar más profundo es con los propios. Los beneficios son para los de afuera: exenciones de hasta quince años para el inversor que llega, con quien se puede sacar la foto, mientras los vecinos pagan el cordón cuneta y el adoquinado, el comercio baja las persianas y conseguir un terreno es una carrera de obstáculos. La gente de Esquel soporta una presión tributaria nunca antes vista: lo que no se les cobra a unos, se lo hacen pagar a otros. El municipio terminó impulsando una moratoria con quita de intereses, que es la prueba que vecinos y comerciantes ya no pueden más. Pero Taccetta busca, con la maquinaria de prensa, instalar un Esquel que no existe.

Ahora, para completar la instalación del modelo ganador, la "comunicación al vecino" muestra el antes y el después del arroyo Esquel para que se vean "los resultados de la obra de saneamiento y cómo se recuperó el caudal de agua". Pero el agua no la trajo ninguna obra: tras un invierno sin nieve el arroyo llegó a estar seco, y hoy corre porque llovió y nevó, algo que no depende de ningún intendente. Parece que quiere vender que hizo llover él. Insólito. Mientras tanto, la obra que sí podría asegurar el agua, la captación de Buitreras, sigue frenada, según "dicen" por falta de pagos de Nación.

En la política pasa lo mismo: tiende la mano a los opositores y descarta a quienes lo acompañaron. Gobierna con la UCR, pero su hombre fuerte, Juan Ripa, es un histórico peronista que en 2023 integró la lista de Unión por la Patria. Es una manera de ser: la traición como moneda corriente. Dice una cosa y hace otra, y su palabra vale poco. ¿Cómo saber cuándo no va a cumplir? Cuando dice "yo tengo palabra". ATE recordó que, al acordar el cronograma de pases a planta, él mismo dijo "mi palabra vale". Hoy, según el gremio, está incumplido. En febrero dijo que ir al Concejo "es una pérdida de tiempo". Y hay quienes creen que es más populista que los K.

No lo dicen solo sus adversarios. Marcelina Angiorama, hasta abril directora de Gobierno, denunció al renunciar un destrato personal: durante dos semanas no le atendió el teléfono, aunque su oficina quedaba a veinte pasos. "Las lealtades son lealtades. Tiene que ser un líder, no desecharte sin decir nada", afirmó.

Esquel tuvo intendentes a los que el pueblo consideraba buena gente: los Ongarato y Rafael Williams. De Rafa todavía se dice que "si decía sí, era sí". Taccetta aprendió el oficio al lado de ambos, pero ese concepto lo detonó. Hay una frase que dice que a Matías lo quieren los que no lo conocen: cuanto más se le acerca la gente, más lo quiere lejos.

Por eso el frente que se insinúa está colmado de sus ex aliados: ex funcionarios, ex amigos, concejales, militantes que caminaron las calles con él, y vecinos y comerciantes que lo votaron. Su principal enemigo es él mismo y su falta de palabra. Si el frente tuviera padrón, el principal reclutador sería el propio intendente.

Hay quienes dicen que a Nacho Torres lo bancan, pero que a Taccetta no lo van a acompañar ni obligados, y que al gobernador le cuesta cada día más sostener la tropa. Corren rumores de unidades impensadas: parece que esta vez se juntan todos, desde peronistas hasta nachistas, desde vecinalistas hasta comerciantes, unidos por el espanto.

La política es el arte de lo posible, de tejer alianzas, y él se pelea todos los días y suma enemigos. Irá por la reelección en 2027. El frente necesitará algo más que rechazo, un proyecto, pero el hartazgo ya está sobre la mesa.

Por La oposición silenciosa