El empresario cercano al Gobierno entró en crisis con la empresa FlyBondi. Sueldos impagos, sobres con plata y sin aviones.
El viernes 14 de agosto, más de 700 personas se juntaron frente a Aeroparque. Eran ex trabajadores de FlyBondi que reclamaban indemnizaciones y retiros voluntarios que la empresa firmó y nunca pagó. Los que siguen en actividad no cobran desde junio; algunos, desde mayo. El panorama se puso peor cuando a principios de este mes les cortaron la obra social.
Ese día Leonardo Scatturice dejó de ser un personaje intocable. Durante dos años, las controversias del empresario amigo del gobierno de Javier Milei se movieron en un terreno acotado y abstracto. Su nombre era mencionado en contados medios y en otros solo se comunicaba lo positivo. La crisis de FlyBondi lo puso en otro lugar, porque sus desmanejos empezaron a perjudicar a más personas: pasajeros, trabajadores, sindicatos o proveedores. La lista de reclamos judiciales es interminable.
BITÁCORA. La aerolínea no despega desde el 5 de agosto, según el registro diario que lleva la web failbondi.fail, que se dedica a criticar a la empresa con datos reales. Pero el problema venía de larga data. El portal especializado aviacionline.com a principios de este año había analizado 100 vuelos entre el 1 de octubre de 2025 y el 10 de enero de 2026 y encontraron que uno de cada cinco viajes de la low cost había sido cancelado, y más de la mitad no habían operado en el horario programado.
El 6 de agosto intentó operar, canceló catorce vuelos y no volvió a intentarlo. En lo que va de agosto canceló el 80,5% de lo programado; en lo que va de 2026 acumula unas 2.400 cancelaciones, contra el 1,6% de JetSmart y el 0,8% de Aerolíneas Argentinas. De quince aviones proyectados quedan cinco, dos en condiciones de volar.
El 17 de agosto se cayó el sitio web, el último canal que les quedaba a los pasajeros para reclamar o pedir un reembolso. Detrás de esa web muerta hay una cifra que explica por qué el conflicto escaló: unos 19 millones de dólares en pasajes vendidos por vuelos que nunca se hicieron. Durante semanas, mientras cancelaba ocho de cada diez vuelos, la empresa siguió vendiendo tickets con la autorización vigente del Gobierno. Las agencias le soltaron la mano por su cuenta; el Estado, que podía suspender la venta, no lo hizo.
Para peor, también se filtró un video de una conversación del gerente de Operaciones Terrestres, Leonel Dopazo, con empleados. Allí les hablaba de que había sueldos que se estaban pagando en efectivo, dentro de sobres. Por esta modalidad empezaron a llamarla Flysobre. El humor es una buena manera de sobrellevar los problemas.
Scatturice, desde Estados Unidos, decidió reaccionar al caso y el pasado martes 18 envió un comunicado. COC Global Enterprise, el fondo con el que el empresario compró Flybondi, anunció que iniciaría acciones legales contra Cartesian Capital Group para que "normalice la situación de la compañía", designe autoridades y aporte capital. En ese comunicado, COC dice haber invertido más de 70 millones de dólares en calidad de aportante financiero y no de accionista. Traducido: Scatturice manejó Flybondi durante más de un año sin que la transferencia accionaria se concretara nunca. En los papeles, el dueño sigue siendo el fondo al que ahora demanda.
De ahí surge la paradoja más incómoda del expediente. ARCA es simultáneamente el organismo que embarga las cuentas de Flybondi y un cliente que le firma contratos millonarios a OCP Tech, la tecnológica del mismo grupo. El mismo Estado que le reclama por un lado le paga por el otro. Y mientras la ANAC ratificaba la habilitación técnica argumentando que no tiene herramientas para una suspensión preventiva, el regulador brasileño sí actuó: a fines de julio le frenó la venta de pasajes a tres destinos.
AJUSTAR CINTURONES. Los abogados de FlyBondi preparan un concurso preventivo y buscan radicarlo ante el mismo juez que tramita el de OCA, la empresa de correo que Scatturice compró en diciembre, para presentarse como un grupo unificado. La Cámara Comercial habilitó ese concurso el 15 de agosto. OCA declara 100 mil millones de pesos de pasivo, 80 mil de ellos con ARCA, y estaría preparando despidos.
FlyBondi todavía no quebró. Está en cesación de pagos, con las cuentas embargadas, sin directorio, sin web y sin volar. Scatturice construyó su poder en un terreno donde la opacidad era un activo. Ese anonimato ya no existe más.

Por Rodis Recalt - Revista Noticias

