El dólar rompió los $1.500 y en la City perciben un giro del Gobierno. ¿Habrá menos obsesión cambiaria y más preocupación por la economía?
El Gobierno dio una señal al mercado, que algunos interpretan que puede marcar un punto de inflexión en la estrategia económica de Javier Milei y Luis Caputo para los próximos meses. Todo depende de la manera en que el oficialismo resuelva la tensión que existe entre el dólar y las tasas de interés.
En el comienzo de la semana, el dólar mayorista quebró finalmente la barrera psicológica de los $1.500 y cerró en $1.510, con una suba diaria del 0,7%, sin que el Banco Central desplegara una intervención agresiva para frenarlo.
Más que el precio del dólar, lo que empezó a discutirse en las mesas de dinero de los bancos y de las consultoras económicas fue otra cosa: ¿está cambiando el orden de prioridades del Gobierno?
Después de meses en los que la estabilidad cambiaria fue prácticamente un objetivo innegociable, ahora aparecen señales de un mayor pragmatismo.
Aunque la estrategia oficial recién tendrá respuestas dentro de algunas jornadas, la hipótesis que gana espacio entre economistas y operadores es que el equipo económico comenzó a tolerar un deslizamiento gradual del tipo de cambio para evitar otro problema que se volvió igual de delicado: tasas demasiado altas, actividad deprimida y creciente morosidad del crédito.
La decisión de aflojar las tasas de interés se tomó en momentos en que el costo para las empresas trepó al 32% anual a fin de la semana pasada, con un alza de ocho puntos en lo que va del mes.
Lo mismo vale para la controversia por defender un valor de dólar que se percibe cada vez más barato, en medio de una inflación mensual que ronda el 2 por ciento.
Economistas muy escuchados por los financistas, como Miguel Ángel Broda y Miguel Kiguel, venían planteando desde hace semanas que el programa necesitaba flexibilidad. Ambos advertían que insistir con un peso excesivamente apreciado y una política monetaria extremadamente contractiva podía terminar dañando innecesariamente el nivel de actividad. La rueda de este lunes pareció alimentar justamente esa interpretación.
El nuevo escenario financiero del Gobierno de Milei
La primera pista no llegó del dólar sino del mercado de pesos.
La semana pasada las tasas overnight habían escalado hasta niveles cercanos al 29% anual, generando un estrés financiero.
Sin embargo, sobre el cierre de la semana ocurrió algo distinto: apareció liquidez en el sistema, las tasas comenzaron a comprimirse y las curvas en pesos recuperaron valor. El último informe de Portfolio Personal Inversiones sostiene que el salto en la liquidez bancaria habría sido consistente con una inyección de pesos por parte del BCRA, aunque sin confirmación oficial.
El límite de Javier Milei ante la suba del dólar mayorista
Ayer lunes esa tendencia se consolidó. La caución a un día volvió a operar alrededor del 23% anual, muy lejos del pico registrado apenas unos días atrás.
El dato tiene implicancias mucho más profundas que una simple baja de tasas.
Significa que el Banco Central parece dispuesto a evitar un nuevo ahogo monetario, aun cuando eso implique aceptar algo más de presión sobre el dólar. Los técnicos de PPI resumieron esa dinámica con una frase que recorrió toda la City: tasas más bajas y mayor presión cambiaria son las dos caras de la misma moneda.
Las razones de la menor intervención del BCRA en el dólar
La segunda señal fue todavía más elocuente.
En el inicio de la semana, el Banco Central compró apenas u$s11 millones en el mercado oficial, una cifra prácticamente testimonial para una rueda en la que el dólar superó los $1.500.
"El BCRA compra u$s11 millones en la rueda de hoy, por debajo del promedio del mes de u$s32 millones y equivalente al 2,1% del volumen operado en el MLC. Saldo del mes totaliza u$s477 millones mientras que el del año u$s13.804 millones", posteó el economista Javier Giordano al finalizar la rueda.
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Twitter del economista Javier Giordano
Operadores financieros consultados por iProfesional interpretaron que la autoridad monetaria evitó salir con fuerza a demandar divisas para no competir con importadores e inversores privados, algo que hubiera empujado todavía más la cotización.
Se trata de un comportamiento diferente al observado durante buena parte del año, cuando la acumulación de reservas convivía con una defensa mucho más estricta del tipo de cambio.
La lógica pudo haber cambiado: comprar dólares sigue siendo importante, pero no al costo de generar un nuevo salto cambiario por exceso de demanda oficial.
Mercado de futuros: cobertura en lugar de intervención
Otro dato que venía anticipando este movimiento apareció en el mercado de futuros.
Según PPI, durante la semana pasada el interés abierto en contratos de dólar aumentó en u$s264 millones, concentrado íntegramente en la posición de septiembre, un comportamiento que el mercado interpretó como una mayor oferta oficial de cobertura cambiaria más que como ventas directas en el mercado spot.
Es decir, el Gobierno habría comenzado a privilegiar instrumentos financieros para contener expectativas en lugar de vender reservas para fijar un precio puntual del dólar.
La diferencia es relevante: el objetivo deja de ser un número exacto y pasa a ser evitar movimientos desordenados.
¿Cuánto tolera Javier Milei?
Nadie en el mercado cree que el Gobierno haya abandonado la pelea contra la inflación. Lo que sí aparece es la idea de que un dólar moviéndose lentamente por encima de los $1.500 podría resultar más aceptable que una economía paralizada por tasas prohibitivas.
El dilema es evidente. Con crédito creciendo, empresas financiándose en pesos y un consumo todavía débil, mantener tasas excesivamente empinadas empezaba a generar un costo económico cada vez mayor. La morosidad en algunos segmentos financieros comenzó a subir y el freno sobre la actividad se volvió más visible.
En ese contexto, permitir una depreciación administrada del peso puede convertirse en una herramienta para descomprimir el mercado monetario sin abandonar el ancla nominal.
La pregunta ya no es si el dólar puede valer $1.510. La verdadera incógnita es hasta dónde está dispuesto el Gobierno a dejarlo avanzar sin considerar que ese movimiento pone en riesgo la desaceleración inflacionaria.
La prueba llega esta semana
El desafío será inmediato. El Tesoro enfrenta una licitación por unos $14 billones y el mercado también seguirá de cerca el vencimiento del mayor monto de deuda dólar linked de la era Milei, superior a u$s2.500 millones. Los operadores consultados consideran que ambos eventos pondrán a prueba el nuevo equilibrio entre liquidez, tasas y tipo de cambio.
La rueda de este lunes dejó una conclusión que hace apenas dos semanas parecía improbable: por primera vez desde que el dólar comenzó a acercarse a los $1.500, la sensación predominante en la City no fue que el Gobierno perdió el control, sino que podría haber decidido cambiar de prioridades.
Y ese matiz puede ser mucho más importante que los $11 que ganó ayer el dólar.

Por Claudio Zlotnik-IP

