Chubut Para Todos

Milei y la ilusión digital de las mayorías

Imaginate que estás scrolleando en las redes y ves miles de comentarios calcados apoyando una medida o insultando a un periodista, pensás: "Bueno, la gente está convencida". Te sentís solo con tu postura y preferís callarte para evitar que te linchen digitalmente. Felicitaciones, acabas de caer en la trampa: la falsa ilusión de las mayorías.

Lo que parecía una marea de ciudadanos reales es, en realidad, un programa de computadora

El hallazgo en el galpón

El escándalo estalló tras un operativo judicial en Bolivia que salpicó de lleno a Fernando Cerimedo, el estratega digital de la campaña de Javier Milei. En las propiedades allanadas se descubrió una infraestructura informática aterradora: una "mini granja de bots" capaz de manejar 20.000 identidades artificiales y disparar hasta 26 millones de mensajes al mes. No son personas de carne y hueso tuiteando con el corazón en la mano; es una fábrica automatizada diseñada para engañar a las aplicaciones.

Cómo nos cambian la realidad

El peligro real de este sistema no es que te llenen el inicio de publicaciones molestas. Lo verdaderamente grave es cómo nos resetean la percepción de las cosas. Estas cuentas truchas están programadas para actuar como humanos: descansan, publican a distintas horas y usan fotos de personas que no existen. Con este camuflaje, logran tres cosas:

  • Hacer que lo minoritario parezca gigante: Te hacen creer que todo el país apoya una medida extrema, cuando en realidad son solo máquinas.
  • Asustar al ciudadano común: Quien piensa distinto prefiere guardarse su opinión por miedo a ser atacado de forma masiva por miles de perfiles a la vez.
  • Manejar de qué hablamos: Logran que temas falsos se vuelvan tendencia y obligan a los noticieros de la televisión a hablar de eso por las noches.

La democracia bajo amenaza

Cuando la política pasa de la discusión de propuestas a ver quién tiene más presupuesto para comprar tecnología y servidores ocultos, la democracia se rompe. El apoyo ya no se gana convenciendo a los vecinos en la calle; se fabrica en la nube. Si permitimos que miles de bots se hagan pasar por ciudadanos, nuestras decisiones electorales dejan de ser libres y pasan a estar controladas por los ingenieros del caos.

El último refugio

Al final del día, una máquina puede imitar la voz de un ciudadano, pero no puede votar por él. El verdadero poder de las granjas de bots no está en su tecnología, sino en nuestra credulidad. Si dejamos de validar el odio programado y empezamos a dudar de la unanimidad de las pantallas, el espejismo se apaga. La democracia nació en la calle y se defiende con el pensamiento crítico, el único territorio donde los algoritmos todavía no pueden entrar.

Por Matías Pintos