Lleva más de tres décadas en los tribunales; su esposa fue nombrada jueza federal en Hurlingham
Marcelo Martínez De Giorgi lleva más de tres décadas en el Poder Judicial de la Nación. De extremo bajo perfil, De Giorgi había vuelto a quedar bajo la mirada pública cuando el gobierno nacional promovió el pliego de su esposa, Ana María Juan, como nueva titular del Juzgado Federal de Primera Instancia de Hurlingham.
Este viernes, De Giorgi dictó un fallo que debilitó a la acusación en el caso $LIBRA al apartar a dos grupos de querellas en la causa que investiga el lanzamiento de la moneda digital que promovió el presidente Javier Milei. La decisión volvió a leerse en clave política y a posar la mirada en el juez.
De Giorgi cultiva la discreción. Prefiere evitar la atención y es un tiempista en el manejo de las causas. Los críticos le atribuyen los lentos movimientos de sus expedientes al objetivo de hacer equilibrio entre los diferentes sectores de poder.
Sus talentos le permitieron llegar lejos; mucho más lejos que la mayoría de los colegas.
Egresado de la Universidad John Kennedy en 1990, los memoriosos recuerdan que para entonces llevaba cinco años en el Juzgado de Sentencia “V” y que en 1992 pasó a trabajar como secretario para Horacio Cattani, uno de los más respetados del fuero, en la Sala II de la Cámara Federal.
Fueron tiempos aquellos en que la Sala II se ganó el mote de la “sala independiente” del poder político. Por sus fallos y por la conducta de sus integrantes. Y allí fue donde Martínez De Giorgi se granjeó buena fama. “Era estudioso, callado, honesto, laburador. Cattani se apoyaba mucho en él”, rememoró un funcionario judicial que lo conoce de esos años.
Algo, sin embargo, se rompió en la relación con Cattani tras la renuncia de Jorge Urso al Juzgado Federal N° 8 y De Giorgi ocupó la subrogancia.
Cattani renunció en 2018 y falleció en 2024.
De Giorgi tejió vinculaciones con el entonces director general de operaciones de los servicios de inteligencia, Antonio “Jaime” Stiuso, y los hermanos Ariel y Alfredo “Fredy” Lijo.
La causa “Oncca” fue, según sus críticos, el expediente que le valió su juzgado. Porque Ricardo Echegaray parecía estar contra las cuerdas en aquella investigación, pero salió indemne. Mérito de su defensor, León Arslanian, también de buena relación con Martínez De Giorgi, que cultivó su diálogo con el entonces presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti.
Ya al frente del Juzgado ocho tomó algunas decisiones fuertes, aunque siempre muy atento a los tiempos y el contexto. Lo mismo, al tomar la subrogancia del Juzgado cinco, tras la renuncia de Norberto Oyarbide. Y, más tarde, con el Juzgado 11, debido a la muerte de Claudio Bonadio.
Otros dos expedientes generaron más ruido a su alrededor. Uno fue el sobreseimiento del entonces camarista Eduardo Freiler –jefe directo de su esposa– en la causa por presunto enriquecimiento ilícito. El segundo, la investigación por el capítulo argentino del “Lava Jato”: el contrato por el soterramiento del tren Sarmiento.
Simpatizante de Boca Juniors, buen zaguero izquierdo que se quedó sin proyección con la suma de los años, devenido golfista regular, De Giorgi soñó con ser camarista.
A principio de julio, De Giorgi libró exhortos a Estados Unidospara avanzar con la investigación criminal quetiene bajo la lupa al actual titular de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA),Andrés Gerardo Vázquez. Busca determinar si el zar de los impuestos argentinos es, en efecto, el dueño de tres inmuebles en el estado de Florida.
Ahora, su decisión de rechazar a la querella del caso $LIBRA volvió a volcar la atención sobre su juzgado. La misma que prefiere evitar.
Fuente: LN

