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Thelma Fardin: “Me preocupa ver cómo se pone el foco en las supuestas falsas denuncias cuando representan menos del 1% de los casos”

El 8 de diciembre del 2018, en Nicaragua, la actriz denunció por violación a Juan Darthés. La Justicia de Brasil lo condenó y rechazó todos sus recursos de apelación. Fardin considera que cuestionar a quienes denuncian en vez de poner en evidencia las fallas del sistema judicial “no solo distorsiona la realidad, sino que envía un mensaje peligroso: que denunciar puede tener consecuencias”

Thelma Fardin tenía solo 14 años cuando entró a trabajar en la serie Patito Feo. Dos años después, a los 16, en un hotel en Managua, Nicaragua, la vida le cambió para siempre. En el último punto de una gira con el elenco, casi sin adultos, sin nadie cercano que la protegiera, fue abusada.

El 9 de diciembre del 2018 pudo denunciar para no ser denunciada igual que otras actrices —Calu Rivero y Anita Co— mientras la televisión sentaba en la mesa de las entrevistas y le daba papeles de padre responsable y amoroso al actor que ya había sido señalado, pero nadie corría de la pantalla, ni de los escenarios.

La Justicia brasileña rechazó todos los recursos presentados por Juan Dhartés y la confirmación de las palabras de Thelma pone en eje que se necesita que el sistema judicial sea más accesible y no más hostil con las mujeres que denuncian.

Su historia es la de muchas. Y el resultado de un juicio difícil, largo y emblemático es un espejo en el que otras pueden verse reflejadas. Los tiempos no cambiaron. Los cambiamos. Los abusos no dejan de suceder por inercia, sino por acción.

¿Cómo es soportar un proceso judicial tan largo, en tres países, con tantas instancias y tan alta repercusión mediática y social?

—Es importante agotar todas las instancias. La palabra incluso es bastante gráfica: agotar. Porque la verdad es que sí, una se agota en el proceso.

¿Qué sensación te queda con la victoria judicial?

—Es importante decir siempre que, cuando una gana, tiene que ser agradecida. Porque aunque una logra algo de manera personal, las victorias nunca son solamente individuales: siempre se ganan de forma colectiva. Y cuando una mira hacia atrás, ve la cantidad de puentes que se tendieron para poder llegar hasta acá. Hay personas claves para que este proceso pudiera iniciarse que sufrieron costos personales. Por eso, justamente, es tan importante reconocerlo.

Thelma Fardin: “Las victorias nunca son solamente individuales: siempre se ganan de forma colectiva”

—¿Qué importancia tiene esta causa para las futuras denuncias de abuso sexual?

—Este caso es fundamental por el precedente que sienta en América Latina. La denuncia abrió camino y recorrió la instancia judicial en la Justicia Federal brasileña, una jurisdicción que suele intervenir en causas de narcotráfico, corrupción o trata de personas. En este caso, además, se utilizaron tratados internacionales que muchas veces no están lo suficientemente aceitados, pero que son cada vez más necesarios en un mundo atravesado por la movilidad, las migraciones y los vínculos transnacionales.

—¿Qué implica llevar adelante una causa con tanta repercusión?

—Este caso deja un precedente muy importante. Y, por eso, también intentaron frenarlo tantas veces.

—¿Qué importancia jurídica tiene la causa?

—La causa marca un estándar de seriedad probatoria y de comprensión de los derechos humanos, así como de los compromisos internacionales asumidos tanto por Brasil como por Argentina.

La actriz Thelma Fardin en una conferencia de prensa en Buenos Aires, el lunes 10 de junio de 2024 (AP Foto/Natacha Pisarenko)

—¿Qué cambió desde que tenías 14 años y empezaste a trabajar en Patito Feo en las filmaciones para cine, televisión, series y en las giras teatrales para prevenir los abusos sexuales?

—A partir de este caso pasaron cosas muy concretas. Por ejemplo, se empezó a instalar en los estudios de televisión y en las filmaciones de series no solo la figura de la coordinadora de intimidad —que es un rol fundamental— sino, también, otra manera de mirar y otra conciencia sobre cómo se filma, cómo se trabaja con los cuerpos y, sobre todo, cómo se trabaja con chicos y chicas.

—¿El impacto de la denuncia sobre la violación en una serie masiva, rodeada de las actrices más reconocidas de Argentina, fue un antes y un después para la protección de las niñas y mujeres en la producción cultural?

—El cambio de paradigma fue tan profundo y el cambio cultural tan fuerte, que —justamente por eso— también se nos atacó. Y, en mi caso particular, cada vez que hablo de un tema que atraviesa la agenda pública vuelven esos ataques. Este fue un caso paradigmático dentro de los feminismos: permitió que muchísimas personas pudieran poner en palabras no solo la violencia sexual sufrida, sino, también, la brutalidad de un sistema judicial que deja a las víctimas en el último lugar, que no da respuestas y que, muchas veces, las vuelve a violentar.

¿Qué opinás sobre el proyecto de la senadora Carolina Losada que busca aumentar la criminalización de las mujeres que denuncian abusos sexuales?

—Esta victoria final es tan importante, especialmente en un contexto en el que aparecen proyectos como el de Losada, que buscan disciplinar y adoctrinar a quienes denuncian. Y ahí también hay que mirar quiénes están detrás de esas iniciativas: muchas veces son personas que tienen denuncias o vínculos directos con situaciones de violencia. Entonces queda claro que no hay un interés genuino por proteger los derechos humanos de las personas denunciadas, ni los derechos de las personas que denunciamos.

—¿Esperás que la Justicia brasileña haga cumplir la pena impuesta después de rechazar todos los recursos y apelaciones interpuestas por el condenado?

—Yo nunca tuve una mirada punitivista sobre estos temas. Nunca creí que la respuesta pudiera reducirse solamente al castigo. Pero llega un punto en el que la violencia y el hostigamiento, del otro lado, son tan extremos, y el peligro tan evidente, que después de haber recorrido todo el sistema de justicia en ocho años, con todo el desgaste emocional, económico y personal que eso implicó, una también puede decir: “Sí, es importante que se cumpla la pena estipulada”. Y no por venganza, sino porque también hay un mensaje social que dar.

¿El mensaje puede alentar a las mujeres a que denuncien?

—Si del otro lado la idea es el adoctrinamiento, si lo que se busca es que quienes denuncian aprendan a callarse, entonces también hay que mirar los números: la enorme mayoría de estos casos no llega a una condena. Por eso, cuando un caso sí logra atravesar todas las instancias y logra romper con todo lo que el sistema tenía mal armado, es importante que exista una forma de justicia que quede tangible. Una justicia que no borre todo lo vivido, pero que al menos deje claro que lo que pasó tuvo consecuencias..

—¿Te parece que hay un problema con un auge de denuncias falsas?

—Soy una persona que atravesó una situación de violencia sexual y me preocupa profundamente ver cómo se pone el foco en las supuestas falsas denuncias, cuando, a nivel global, representan menos del 1% de los casos. Lo que yo viví —y lo que viven miles de niñas y mujeres— es exactamente lo contrario: cuando nos atrevemos a romper el silencio y denunciar tenemos que atravesar un proceso judicial largo, tedioso y revictimizante.

—¿Cómo fue tu experiencia en la Justicia?

—En mi caso, fui sometida a nueve pericias, incluso a una pericia física, pese al tiempo transcurrido desde los hechos, hasta que logró probarse lo sucedido. Poner en el centro del debate a quienes denuncian, en lugar de las fallas del Estado, no solo distorsiona la realidad, sino que envía un mensaje peligroso: que denunciar puede tener consecuencias. No sobran denuncias, faltan.

Por Luciana Peker-Infobae