Chubut Para Todos

Oficialismo mediático: la operación para echar a Adorni y salvar a Milei

El riesgo de la operación es que ahora la opinión pública ponga el foco en los escándalos que salpican a los Milei ($Libra y Andis) y en las secuelas del modelo económico.

Javier Milei es muy injusto con la mayoría de los medios y periodistas que tanto apoyo le dio y le sigue dando.

No es el caso de PERFIL, que desde antes de que asumiera puso en duda sus capacidades para gobernar y viene denunciando su violencia discursiva, su antirrepublicanismo explícito, el uso de fondos públicos para apretar a los disidentes y la corrupción que lo rodea. La misma posición crítica que se tuvo con el kirchnerismo.

El aparato en acción. El Adornigate fue conmocionante para la opinión pública porque dejó a la intemperie la hipocresía oficial. Pero, en especial, fue conmocionante para el aparato comunicacional del oficialismo que, después de intentar en vano silenciar el escándalo, se vio obligado a hacerse eco de cada novedad judicial.

Primero lo hizo con el remanido recurso de solapar las noticias negativas del caso con otras en torno a los abundantes casos de corrupción del kirchnerismo. Hasta que, por fin, comenzó a pedir la renuncia de uno de los funcionarios que más había elogiado en estos años.

El argumento del oficialismo mediático fue más o menos este: “El Presidente le debe aceptar la renuncia para concentrarse en mostrar los éxitos de su gestión”.

Era una genuina defensa del Gobierno que, a su vez, expresaba la necesidad del propio aparato de difusión de dar vuelta la página para seguir haciendo de cuenta de que todo esto es normal.

Cualquier otro presidente estaría agradecido por tanto apoyo recibido, por tantas preguntas incómodas que nunca le hicieron y por las repreguntas que jamás le harán.

Pero Milei pide más, quizá intuyendo que los medios y comunicadores que hoy lo protegen serán los que –para despegarse– más lo cuestionarán cuando pierda el poder. Intuye bien.

El riesgo de la operación para echar a Adorni y salvar al Gobierno es que ahora la opinión pública vuelva a poner el foco en problemas tanto o más graves. Como los escándalos de corrupción que salpican directamente a los hermanos Milei (la cripto estafa $Libra y los sobreprecios con los medicamentos para discapacitados) o los que puedan derivar del propio Adornigate.

Así como sobre las secuelas económicas del modelo libertario.

Esta semana se conoció el último dato de actividad económica que muestra una caída del 1,5% sobre el mes anterior y la coloca en un nivel similar a noviembre de 2023. Antes de que Milei llegara para resolver los problemas del país.

El modelo en foco. También se conoció que la recaudación impositiva en términos reales volvió a caer: un 7,4% menos que hace un año, acumulando un 15% menos en los últimos tres años. El IVA, el impuesto directamente relacionado con el consumo, marcó una baja del 4%, acumulando un 18% menos que cuando gestionaba “el peor gobierno de la historia”.

El IVA baja porque el consumo interno lo hace. En mayo retrocedió un 1,6% sobre un año atrás. Según la consultora Scentia, el consumo actual se ubica en el 85% del registrado en enero de 2023, tras un año de sequía y dos anteriores de pandemia.

Y el consumo desciende, entre otros motivos, porque en la era Milei el poder adquisitivo de los ingresos cayó un 9%, según la consultora Equilibra. Del mismo modo que la morosidad de las familias alcanzó un pico histórico del 12% (siete millones de personas que ya no podrán acceder a un crédito).

Estos son los riesgos de que se empiece a hablar menos de Adorni.

Las inversiones durante el promocionado gobierno más aperturista y amigable con los inversores volvieron a caer. Llevan un 11,6% de baja en un año, acumulando cuatro trimestres consecutivos en descenso. Y comparando con la denigrada administración de Alberto Fernández, la inversión está (con RIGI incluido) un 3% debajo del último cuatrimestre de 2023. Según el último informe de la OCDE, el país ocupa el último puesto en la región en la llegada de inversiones extranjeras.

Las empresas invierten si ven posibilidades de crecimiento, demanda robusta y financiamiento a un costo razonable. Además de un gobierno que garantice equilibrio y previsibilidad. Por algún motivo, los inversores no terminan de percibir eso en la gestión que conducen Javier y Karina Milei.

El mejor gobierno. El aparato mediático que pedía la renuncia de Adorni para focalizarse en las noticias positivas ahora tiene la difícil misión de convencer a la Unión Industrial sobre cuál es el lado bueno del cierre de 26.448 empresas desde 2023, cuando el país estaba tan mal.

El mismo esfuerzo deberá hacer para explicárselo a los 560.000 trabajadores registrados (y a sus respectivas familias) que dejaron de estar en esa situación. O a los que aún tienen trabajo, pero cuyos sueldos perdieron poder adquisitivo (un 39% abajo el salario mínimo, un 5% menos los privados y un 17% abajo los del sector público).

Pese a estos años del “mejor gobierno de la historia”, la capacidad instalada de la industria disminuyó diez puntos en comparación con el “annus horribilis” de 2023. Y la baja de la producción es el paso previo al cierre de una empresa.

El informe más reciente de la CAME actualizó en 31 el número de empresas que se pierden por día. Mientras los datos del IPA (Industriales Pymes Argentinos) estiman que este año el total de empresas concursadas superará el récord alcanzado durante la pandemia.

Solo por mencionar las últimas crisis: John Foos (planta Beccar), Waps (Córdoba), Frutafiel (Entre Ríos), Metalfor (maquinarias agrícolas), Granja Tres Arroyos (planta Entre Ríos) y Acindar (Villa Constitución).

El derrumbe en la venta de autos (un 30% menos en un año) ya está produciendo cierres y despidos en ese sector: la asociación que aglutina a los autopartistas (AFAC) informó que casi la mitad de las empresas del sector achicó sus plantillas de empleados en el último mes.

Lo que sigue. En las próximas semanas, los sostenedores mediáticos de los Milei seguirán cubriendo los avatares judiciales de Adorni, pero considerándolo ya como una anomalía dentro de una administración honorable que vino a “romper con los curros de la casta”.

En lo económico, podrán privilegiar las informaciones sobre los ganadores del modelo. Que sin duda los hay y representan a importantes sectores como minería, hidrocarburos e intermediación financiera. Actividades esenciales para sumar al crecimiento del PBI, pero que no derraman ni compensan los derrumbes de estos años en la industria, la construcción y el comercio minorista y mayorista, entre otros.

Todos los gobiernos detestan a los periodistas porque tenemos el hábito de privilegiar la crítica con los inquilinos del poder, más que el elogio.

Que es exactamente lo contrario de lo que hacen los operadores mediáticos de cualquier gobierno.

La diferencia con Milei es que él siente la patológica necesidad de explicitar su odio hacia nuestra profesión. Pero, además, es diferente porque en estos años también se dedicó a maltratar a la mayoría de los medios y comunicadores afines. Su autoritarismo mesiánico solo tolera el encuadramiento absoluto, sin sutilezas ni dudas.

Es cierto que la fidelidad comprada dura poco, pero la ingratitud de Milei con quienes tanto le sirven tendrá su costo algún día.

Los que hoy tiraron a la hoguera a Adorni para salvar a los Milei serán los mismos que no tendrán problema en arrojar a la hoguera a los Milei para salvarse ellos. Apenas huelan despoder.

Adorni se fue. Pero lo que sabe de Javier y Karina Milei se queda.

Por Gustavo González – Perfil