Entre el 2,7% del desempleo medido en Comodoro por el INDEC y la pérdida de 18.000 puestos de trabajo en la cuenca San Jorge, según datos de otro organismo oficial, hay datos claramente contradictorios. Aquí te explicamos lo que ocultan los números y el problema silencioso del deterioro en la calidad de los empleos y salarios.
Mientras los indicadores del INDEC hablan de un nivel de desempleo casi inexistente en Comodoro Rivadavia, los registros de seguridad social revelan un problema silencioso. La Cuenca San Jorge no sufre una explosión de desocupación, sino una degradación estructural de su mercado laboral. La gran pregunta: ¿estamos cambiando sueldos de empleados calificados, por una economía de subsistencia?
Hablar de un 2,7% de desempleo en una región que ha visto desaparecer más de 18.000 puestos de trabajo -sumando 8.000 en Chubut y 10.000 en Santa Cruz, según los datos del SIPA revelados por ADNSUR el 31 de diciembre último- en menos de dos años suena, cuanto menos, a un dato contraintuitivo. Sin embargo, para la estadística oficial, esa cifra es real. El problema no es el número, sino aquello que podría ocultar.
En la calle, la percepción es otra. A lo largo del año pasado se habló de un crecimiento en los prestadores de ‘Uber’ como parte de la pérdida de empleo en el petróleo, o de emprendimientos comerciales creados a partir de las indemnizaciones. Estudios más profundos deberán determinar hasta qué punto hay ‘leyenda urbana’ o cuánto de esas circunstancias es evidencia individual y cuánto, tendencia general.
También hay limitaciones metodológicas de la encuesta permanente de hogares para establecer la estadística. Si alguno de los encuestados que integran la muestra responde que no buscó trabajo en los últimos 10 días -porque tal vez está a la espera de ingresar a otro puesto, a partir de un cambio de contratistas, por ejemplo- queda registrado como “inactivo”, pero no como “desempleado”.
Por lo demás, si un ex trabajador petrolero hoy es chofer de aplicación o inició la prestación de algún servicio específico por su cuenta (cañista, electricista, etc), podría ser indicador de otro fenómeno. Así, la cuenca no estaría creando empleo, sino “licuando” la calidad del mercado laboral que existía hasta poco tiempo atrás.
Otra aclaración importante: no todos los 18.000 puestos laborales perdidos, al comparar diciembre de 2023 contra septiembre de 2025 en base a datos del SIPA (Sistema Integrado Previsional Argentino) son estrictamente petroleros. El número se engrosa por actividades que se vieron afectadas a su alrededor (comercio, construcción, etc).
La trampa de la inactividad y los retiros voluntarios
¿Cómo es posible que se pierdan casi 10.000 empleos en Santa Cruz y 8.000 en Chubut y la tasa de desempleo no se dispare? La respuesta puede plantearse con otra hipótesis: gran parte de esa pérdida ha sido “anestesiada” por los retiros voluntarios y las jubilaciones anticipadas tras la salida de YPF de las áreas maduras.

Para el INDEC, alguien está desempleado solo si busca trabajo activamente y no lo encuentra. El trabajador petrolero que se retiró con una indemnización importante hoy se encuentra en una zona gris: está “inactivo” o inició un microemprendimiento informal. Tal vez no está, por el momento, buscando empleo en forma constante, pero su aporte a la economía formal ha desaparecido. Sería una especie de “mercado laboral zombie”: los cuerpos están, pero el motor del consumo se detuvo.
Calidad vs. Subsistencia: El impacto en la masa salarial
En ese contexto, puede que el problema tenga una arista diferente. El verdadero drama no sería (solamente) la cantidad de personas sin empleo, sino la “erosión de la calidad salarial”. No todos los empleos pesan lo mismo en la balanza económica de una ciudad.
Sería más correcto, en ese contexto, hablar de la degradación del ingreso. Un sueldo promedio en yacimiento, tomando valores netos, puede ubicarse hoy -según registros del SIPA- en el orden de los 3,8 millones de pesos, incluyendo obra social prepaga, aportes jubilatorios y capacidad de crédito bancario.
El empleo que “reemplaza” estos puestos de trabajo (para la prestación de servicios, ya sea de manera totalmente informal o como monotributista), puede arrancar en la mitad de ese valor, pero además sin la red de seguridad social y con una capacidad de consumo mucho más limitada.

La matemática es cruel: se necesitan de dos a tres nuevos emprendedores de subsistencia para igualar la masa salarial de un solo operario petrolero que sale del sistema. Cuando el SIPA muestra que faltan 12.272 trabajadores promedio cada mes en la región, lo que está describiendo es una fuga de capital humano que el comercio local siente como un impacto de frente.
Tal como reflejó ADNSUR en un informe anterior, un cálculo conservador permitiría estimar la cifra perdida en la región, en alrededor de 300.000 millones de pesos por año -tomando un valor ponderado de salarios-, lo que equivale al presupuesto anual del municipio de Comodoro Rivadavia.
Incluso dentro del petróleo, surgen empleos con menor calidad
Otra pieza del rompecabezas es la calidad o característica del empleo que eventualmente reemplace a los puestos laborales que salen del petróleo y reingresan al mismo sector.
Ya se conocen casos, comentados en ámbitos de barrio Industrial, en los que aun aquellos trabajadores que lograron reinsertarse en nuevas empresas de servicios, tras el cambio de concesionaria, lo hicieron bajo condiciones laborales distintas: “de movida, muchos tuvieron que aceptar una reducción salarial de entre 30 y 35%”, comentó un empresario del sector, cuya pyme quedó al margen de los nuevos contratos.

El cambio de escenario tiene un punto de partida basado en la necesidad de achicar costos, en una estructura en la que el salario representa entre 60 y 65% del total, por lo que, salvo otras variables como equipamiento (que también tienen su grado de ajuste), la mano de obra termina siendo el punto de corte.
“Se redujeron viandas adicionales y otros beneficios que se otorgaron en los últimos años, como parte de un sistema que se había tergiversado -contó el mismo empresario-. A nosotros nos hacían retenciones si el sistema de aire no enfriaba lo suficiente, pero hoy los trabajadores hacen cola para ir al baño”, describió, para detallar que el ajuste pasa no sólo por lo salarial, sino también por condiciones de trabajo que tienden a precarizarse.
“Hoy estamos en el otro extremo del péndulo”, completó, el interlocutor, sin aire de revanchismo, sino con la descripción de quien ya está fuera del circuito y mira desde lejos.
El planteo de reducción de costos es común a toda la cuenca San Jorge. Esta agencia ya informó que Brest, una de las nuevas operadoras del norte de Santa Cruz, pidió a sus contratistas una reducción del 35% en los costos. Similar planteo hicieron otras, como Patagonia Resources, Clear Petroleum y Quintana, con reducciones similares, según testimonios que confirman una tendencia en la que empresas contratistas y trabajadores deben resignarse a hacer nuevos agujeros en el cinturón.

Desde el sindicato Petrolero hubo algunas advertencias puntuales -en septiembre último- y la movilización de semanas atrás apuntó contra la reforma laboral. Sin embargo, en el terreno concreto de la reorganización de servicios y condiciones de contratación, el proceso avanza de modo menos visible. La agenda legislativa, al parecer, se empieza a jugar antes en el campo.
La metamorfosis de la economía regional
El 2,7% de desempleo es un éxito que durante años conformó a Comodoro Rivadavia desde una planilla Excel, pero hoy oculta un alto riesgo para el desarrollo. Celebrar estas cifras es ignorar que la Cuenca San Jorge está cambiando su fisonomía socio-económica. Una metamorfosis para dejar de ser una región de alta productividad y salarios que movilizan el consumo, a una zona de servicios fragmentados y de baja densidad económica.
El 2025 dejó una advertencia clara para el año que se inicia: el desempleo no sube porque el mercado no se desintegra, simplemente se degrada. Y una economía degradada es mucho más difícil de reconstruir que una que simplemente está en pausa.

Generada con IA-Gemini
Por Raúl Figueroa-ADNSur

