Diego Austin se fue "por desgaste" y, días después, renunció Walter Torres. ¿Cuántas renuncias hacen falta para mirar al jefe?.
Diego Austin dejó la Secretaría de Gobierno por "desgaste" y razones personales, de común acuerdo con el intendente, y dicen que en buenos términos. Puede ser. Pero cuando el mismo "desgaste" se repite con tantos nombres, deja de ser una explicación y pasa a ser un método. Y el método sigue: el viernes renunció Walter Torres, secretario de Turismo, Cultura y Deportes, que había reemplazado a Mariano Riquelme en junio de 2025. Dice, también, que se va de buena manera para dedicarse a proyectos personales. Dos secretarios en la misma semana.
Los nombres están a la vista. En enero de 2024, a poco más de un mes de asumir, renunció Américo Austin, subsecretario coordinador de gabinete. Después, una coordinadora de la Tercera Edad, que dijo no tener apoyo de sus superiores ; Darío Núñez, de Educación; y Matías Casatti, desplazado de Promoción Social. Evelyn Austin, su secretaria privada, de "extrema confianza" y de quien él decía que "con un gesto sabemos lo que hay que hacer", renunció el 31 de diciembre de 2024. En 2025 pidió la renuncia de todo su gabinete y se fueron Rocío Ferré y Luis María Aguirre, que llevaba casi nueve meses. Después, Mariano Riquelme, que lo acompañó en la campaña, y Ricardo Braga Beatove. A fin de 2025 dejó la Secretaría General Gustavo Simieli, de quien Taccetta dijo que no se sentía cómodo en un lugar tan político. Educación vio irse a tres directores en diecinueve meses. En abril de 2026, en pocos días, se fueron Marcelina Angiorama, Daniela Otero e Iván Pereyra, uno de sus colaboradores más cercanos, tras la denuncia de un periodista por agresión: el intendente tardó días en pedirle la renuncia. En mayo, Pablo Larregui. Hasta Norma Trucco, a quien en la campaña llamó su "mano derecha", dejó la presidencia del Concejo en 2024. Y el concejal Juan Margara, que integró su lista de 2023, rompió con el bloque oficialista en mayo de 2025 por "divergencias políticas". Con el apellido Austin ya fueron tres: Américo, Evelyn y Diego. Jornada contaba el 8 de abril que de los que empezaron en diciembre de 2023 quedaban apenas cuatro. Se cuenta, además, que militantes que caminaron las calles con él quedaron en el camino: una directora de la órbita de la Secretaría de Desarrollo Humano, que había militado sin descanso para que Taccetta llegara a la intendencia, habría recibido el pedido de renuncia y, según dicen, nunca supo por qué. Así, de repente.
Él dice que es muy exigente y que el éxito de la gestión es cumplir con lo prometido. Que se lo expliquen a ATE, que lo intimó por un acuerdo de agosto de 2025 que, según el gremio, no cumplió. En octubre de 2025, tras la derrota de su espacio en la ciudad, ya había anunciado que volvería a pedir la renuncia de todos.
La verdadera razón, a nuestro entender, no es el cargo: es el jefe. Quienes lo conocen cuentan una conducción donde lo que se dice hoy se desdice mañana, con decisiones concentradas y funcionarios sin contención. Angiorama lo resumió al irse: dos semanas sin atenderle el teléfono, a veinte pasos de su oficina, y la advertencia de que no hay que prometer lo que no se puede cumplir. Dicen que el Niño no solo mueve el clima: también el humor del intendente. Un intendente que no sostiene equipos difícilmente sostenga una ciudad.
¿Y la UCR? A Austin lo reemplazó María Eugenia Estefanía, que asumió el miércoles 21 y fue su rival en la interna de 2023. Pero el radicalismo se queda con el título de una secretaría, y ya vio irse del bloque a Margara, que había entrado propuesto por una facción radical. Mientras tanto, el hombre fuerte es Juan Ripa, ex funcionario K del gobierno de Alberto Fernández, candidato del Frente para la Victoria en 2015 y tercero en la lista de diputados de Unión por la Patria en 2023. Cabe preguntarse cuánto poder real tendrá Estefanía, y cuánto de ese acuerdo es una foto.
En los pasillos se escucha que nadie lo soporta. Si es verdad o exageración, lo dirá la próxima renuncia, y esta semana ya hubo otra. Mientras tanto, el intendente que quiere reelegirse en 2027 sigue sin lograr lo más elemental para gobernar: un equipo que quiera quedarse.
Por La oposición silenciosa

