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Una payasa argentina lleva alegría a los niños refugiados sirios

Vanina Grossi, titiritera y aprendiz de Patch Adams, recorre el mundo regalando sonrisas a personas en situación vulnerable.

Ella es Vanina Grossi, una clown y titiritera de 36 años que hace más de una década decidió dedicarse a su pasión: viajar por el mundo para llevar alegría adonde todo parece perdido. “Busco dejar esperanza y motivación”,asegura esta clown todoterreno.

Y advierte: “Hay que tener la fortaleza necesaria para hacer esto; capacitarse, no sólo para ser buenos artistas, sino buenos acompañantes. Cuando me enfrento al sufrimiento humano, lo que me defiende es mi arte”.
Su preparación comenzó en el Centro Cultural Rojas de Buenos Aires, pero a los 23 se fué a seguir estudiando a Mexico.

En 2008, viajó como voluntaria a Belén, Perú, donde se reunieron cerca de 200 payasos de todo el mundo. Ahí conoció a Patch Adams, y empezó una amistad que la cambiaría para siempre. “Cuando conocí su trabajo y el de su equipo de payasos en zonas de guerra, dije: «Yo quiero hacer eso»”, confiesa.