Chubut Para Todos

Un Esquel para pocos

El intendente de Esquel Matías Tacetta anuncia sin parar. Cada semana hay una avalancha de noticias y comunicados oficiales que se despliegan por toda la red: un acto, un recorrido de obra, otra inversión histórica. El aparato de comunicación de la municipalidad funciona, y funciona muy bien. El problema es que la ciudad que se muestra y la que se vive se parecen cada vez menos.

Las inversiones son buenas y bienvenidas: un hotel proyectado como el primer cinco estrellas de Esquel, cerca de la laguna Carao, y un complejo turístico de un sindicato nacional. Pero hay que mirar a quién están dirigidas: capitales que vienen de afuera, atraídos por exenciones impositivas de hasta quince años. Una política pensada para el que llega, no para el que se quedó. Y nadie explicó a qué comercios locales les van a comprar esos hoteles ni a cuántos esquelenses van a contratar.

Además, se invierte fuerte en turismo mientras las últimas temporadas dejaron ocupaciones muy bajas. Un prestador local señaló a Diario Jornada que en 2025 "la temporada en La Hoya no arrancó en ningún momento", y otro, dueño de cabañas, habló ante Radio 3 de "un cachetazo fuertísimo" este verano. En junio, hasta La Trochita tuvo que suspender una salida porque a una semana del viaje se habían vendido cuatro pasajes. La nieve y la economía pesan, pero la promoción y la planificación dependen de la gestión. Un operador turístico dijo a Red43 que ocupaciones del 15 al 30% son "un fracaso" y habló de una "deficiencia clara en la comercialización".

Mientras tanto, Esquel depende de un atractivo que no es suyo. El campo de tulipanes está en Trevelin.

La propia Trochita, que en junio no juntaba pasajeros, programa todas las salidas para este mes. Para el mismo operador, los tulipanes son "un alivio" frente al mal invierno, pero "no alcanza". Detrás de ese atractivo hay un trabajo que merece reconocimiento. Trevelin, una localidad bastante más chica, sin alineamiento político con el gobierno provincial, con mucho menos acompañamiento y sin un aparato de comunicación como el de Esquel, construyó un destino. Fue preseleccionado en 2021 y 2022 para el certamen de mejores pueblos turísticos de la Organización Mundial del Turismo y batió su récord de ocupación en la temporada de tulipanes de 2022. Lo hicieron el intendente Héctor Ingram y quien fuera su secretario de Turismo, Juan Manuel Peralta. Fue tan bueno ese trabajo que hoy no queda otra: cuando la provincia promociona la cordillera tiene que mostrar lo que hizo Trevelin, porque Esquel tiene poco para mostrar. Muchos señalan a los tulipanes como la "oferta insignia de la Provincia". Ese es el modelo que Esquel no replica: levanta infraestructura de lujo para un sector puntual sin resolver, en paralelo, cómo traer a los turistas que la llenen.

Y no es por falta de respaldo. Esquel es hoy la ciudad de Chubut que más acompañamiento recibe del gobierno provincial: basta contar las veces que el gobernador la visita. Hay un alineamiento político que Trevelin no tiene, y se nota en la cantidad de cosas que llegan a un lugar y a otro. Con un gobernador de su lado, que acompaña con obras, convenios y créditos, el intendente de Esquel tiene una oportunidad histórica y la está desaprovechando. Ese respaldo no se traduce en beneficios para el vecino: el cordón cuneta y el adoquinado se promocionan como obra municipal, pero los terminan pagando los frentistas. Lo dijo el propio intendente: "las obras hay que pagarlas". Hay mucha propaganda para dejar conforme a la gente, pero lo que se percibe en la calle es otra cosa.

Del otro lado está la ciudad que ya estaba. Quien camina por el centro ve persianas bajas, carteles de alquiler y emprendimientos que no llegan a fin de mes. Conseguir un terreno se volvió una carrera de obstáculos.

Un rumor que circula fuerte es que el acceso al hotel de la laguna Carao se pensaría por un camino alternativo que no pasaría por Esquel. No hay, hasta donde se sabe, ninguna confirmación oficial, y por eso el municipio y la provincia deberían explicarlo.

No es que antes no se hiciera nada. En tiempos de Rafael Williams, con mucha menos propaganda, se hicieron obras, se entregaron viviendas y se avanzó con los servicios. Esa política cambió.

Esquel se está volviendo una ciudad cada vez más difícil para quienes siempre apostaron por ella: el comerciante que sostiene la persiana, el que alquila, el que sueña con un terreno. Ellos construyeron lo que hoy se muestra y son los últimos en la fila de los beneficios. Una ciudad no se mide por los hoteles que inaugura, sino por quiénes pueden quedarse a vivir en ella.

Por La oposición silenciosa