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Sacar el barro del barrio Juan XXIII llevará más de un mes

La tormenta del 29 y 30 de marzo hizo colapsar el sistema pluvial y cloacal del barrio Juan XXIII, provocando inundaciones y anegamientos en diferentes arterias de la parte sur del sector. La lluvia de la semana pasada empeoró aún más el panorama y a 16 días del aguacero los vecinos están peor que en los primeros días de abril. Están sacando 3.000 metros cúbicos de barro por día y calculan que en total se acumularon 100 mil.

El barrio Juan XXIII es el emblema de la catástrofe en Comodoro Rivadavia. A dos semanas del inicio del temporal sus vecinos aún palean barro y agua para tratar de limpiar sus patios y viviendas y retomar de una vez por todas su cotidianeidad.
Lo cierto es que el futuro inmediato no parece muy alentador para quienes habitan en ese sector, ya que miles de toneladas de barro convirtieron al Juan XXIII en una verdadera zona de catástrofe, que contrasta hasta las lágrimas con lo que sucede en el centro de la ciudad y otros barrios donde el temporal ya es historia.
Ayer el equipo que el lunes 3 de abril recorrió esa zona volvió al sector para corroborar cómo avanzan los trabajos. La imagen es desoladora, patética, triste: vecinos cansados paleando casi en forma automática; barro acumulado cercando los límites de los terrenos y metros y más metros de esa masa dura compuesta por agua, tierra y desechos cloacales. Un foco infeccioso real, tal como definió Julia, que ayer intentaba sacar más de 40 centímetros de agua de su casa.
Una vecina de la calle Manuela Pedraza al 3.100 no ocultó su molestia, principalmente por la falta de ayuda. Es que según denunció y corroboraron otros vecinos, recién en estos últimos días, luego de los reclamos que hicieron en conjunto, llegaron algunas pocas máquinas.
“Estamos muy mal acá, prácticamente abandonados. Nosotros en la primera tormenta sacamos a balde y teníamos 60 centímetros menos de tierra. Limpiamos lo más que pudimos, mañana, tarde y noche, pero en la segunda lluvia fue peor; no podía ni siquiera ingresar a mi casa y nos evacuamos, salimos como pudimos”, contó.
“Ahora ya bajó 30 centímetros el agua. Yo me he movido para ver si hay un listado donde a los autoevacuados nos puedan tener en cuenta porque parece que solo tienen en cuenta a quienes están en los gimnasios. Pero acá hay gente que tuvo que salvarse a pulmón y hace dos días tuvimos que hacer un reclamo por la falta de interés y este abandono que hemos sentido. ¿Vos ves algo acá? No, y no lo ha habido desde hace quince días. Recién ahora apareció el Ejército”, denunció la vecina que hasta antes del temporal tenía un emprendimiento textil y ahora perdió toda su máquina y materia prima.
Mientras Julia contaba su historia y pedía “que los funcionarios municipales den la cara, se embarren y sientan lo que sentimos nosotros con el barro a la cintura”.
Personal del Ejército trabajaba en el barrio, distribuido por sectores, ayudando caso por caso, según las órdenes impartidas. Así se podía ver una cuadrilla de cuatro uniformados trabajando en el ingreso de una casa y a dos cuadras otras decenas de soldados, en un arduo trabajo que merece ser reconocido.

Se estima que en el barrio Juan XXIII hay 100.000 metros cúbicos de barro acumulado, pero por día solo se sacan 3.000 m3 que son llevados en camiones hasta el basural confirmaron desde el municipio.
Sebastián Reyes y Víctor Recalde ayer eran dos de los camioneros que ayudaban a trasladar el barro desde el sector de Kennedy y Constituyentes, donde se encuentra el Gimnasio municipal Nº 2. “Comenzamos a las 8 de la mañana. Somos de la Cámara de Transporte, Cepatacal; estamos trabajando casi todos los camiones que pertenecen a la Cámara y algunos que vinieron de Santa Cruz”, contó Reyes, quien aseguró que por día trasladan cerca de 100 metros cúbicos, trabajando hasta las 19.
“Hoy ya vinimos cuatro veces. La verdad es que es un desastre; en algunos lugares hay un metro y medio de tierra y donde uno puede se va metiendo, tratando de sacar y de desocupar todo”, detalló.
Precisamente sobre la avenida Kennedy, desde Patricios a Congreso, el paisaje evidencia la furia del temporal y las consecuencias del desarrollo sin planificación. Montañas de barro dividen la avenida y un canal, del ancho de una pala de una retroexcavadora, es el único conducto artificial que permite que los vecinos desagoten sus viviendas, aún colapsadas por el barro.
Lilian ayer estaba sentada en el barro casi resignada, por lo veía en su casa y su local, una agencia de quiniela de Kennedy al 3100. La mujer contó que el miércoles habían terminado de sacar el lodo el interior de la vivienda pero ayer, cuando ya se preparaban para trapear, volvió a filtrarse agua.
“Filtra de abajo parece, pero ya está; no podemos hacer nada, es terrible y hoy ves máquinas porque otros días no había nada”, contó.
“Lo que pasó fue que se desbordó la zanja llena de agua que hicieron acá (para poder desagotar la avenida) y cuando se vino todo lo del canal evacuador (de la avenida Roca), que era un río, se nos fue adentro. Es la primera vez que pasa en los 30 años que vivo acá”, sentenció, estimando que el asfalto debe estar un metro debajo de toda la superficie de barro que se formó y que incluso cubrió la mitad del vehículo de su hermano.
Del otro lado de la montaña de barro, Mario Velázquez también trabajaba en su casa, esperando que lleguen pronto las máquinas para poder limpiar la calle, algo indispensable en caso que vuelva a llover con intensidad. “Este lugar está totalmente abandonado. Recién ayer (por el miércoles) las máquinas vinieron a trabajar. Abrieron la mitad de la calle para que nosotros desagotemos, pero estamos sacando agua desde el sábado… barro, de todo porque todo lo que acá quedó fue peor con la segunda tormenta. Tenemos 60 centímetros adentro de la casa y eso que estábamos alto”, contó el vecino, asegurando que prácticamente perdieron todo y sin saber siquiera si iba poder prender su auto.
La situación es desesperante; por eso los vecinos del Juan XXIII piden que lleguen más máquinas y que se incrementen los turnos de trabajo. Tienen miedo de perder lo poco que les queda; que la lluvia vuelva a caer y que los trabajos realizados hasta ahora se vuelvan un arma de doble filo.
Esperan tener respuestas concretas y que llegue la asistencia: agua, medicamentos, contención, apoyo, algo esencial a 16 días del inicio del histórico temporal que nunca se olvidará.

Fuente: EP