Chubut Para Todos

Quinchos de Chubut: cafecitos, habladurías, chimentos y trascendidos

Hola como estan. Espero que bien. Los temas son todos muy graves: incendios, desapariciones, femicidios. Pero, contra nuestra costumbre, consideramos uno como prioritario, ya que el resto gira de una u otra forma alrededor de él, y pensamos que lo mejor era tratarlo exhaustivamente. Esperemos coincidan. 

Cerro Hermitte: cuando el pasivo ambiental se manifiesta con  toda su crudeza.

En Chubut, el pasivo ambiental dejó de ser una discusión técnica, de expedientes y escritorios. Hoy tiene forma de casas destruidas, más de 3.000 personas evacuadas y cerros que se desplazan como si el suelo hubiera perdido memoria… y sostén.

El cerro Hermitte es el nombre propio de una tragedia anunciada. Los deslizamientos que arrasaron con más de 500 viviendas no ocurrieron en el vacío ni pueden explicarse solo por lluvias o “fenómenos naturales”. El dato que debería sacudir cualquier conciencia institucional es otro: en una de las casas afectadas afloró un viejo pozo petrolero.

Un pozo. Enterrado. Olvidado. Pero activo en sus consecuencias.

Cien años de petróleo, cero años de responsabilidad

Durante más de un siglo, la explotación petrolera modeló el subsuelo chubutense. Perforaciones, ductos, abandonos mal sellados, pasivos acumulados. YPF fue uno de los  protagonistas centrales de esa historia. Sin embargo, en los últimos años se retiró de los yacimientos convencionales, vendiendo las áreas y transfiriendo contractualmente el saneamiento ambiental a terceros.

En los papeles, la responsabilidad cambia de manos.

En la tierra, los daños siguen ahí.

Pretender que la venta de un yacimiento borra décadas de impactos es una ficción peligrosa. El derecho ambiental argentino es claro: la responsabilidad por el daño no se transfiere como una deuda comercial. Quien contaminó, responde. Aunque ya no explote. Aunque haya firmado contratos. Aunque haya pasado el tiempo.

El problema no es solo jurídico, es ético y político

Cuando un cerro se mueve y una casa se parte, el pasivo ambiental deja de ser “histórico” y se vuelve actual. Ya no hablamos de remediación futura, sino de riesgo presente.

El afloramiento de un pozo antiguo en medio de una vivienda no es una anécdota: es una señal. Indica que el subsuelo fue intervenido sin controles adecuados de cierre, sin saneamiento real y sin una auditoría seria de lo que se dejaba atrás.

Y acá aparece la pregunta incómoda:

¿cómo se autorizó la transferencia de yacimientos sin exigir primero la recomposición integral de los daños existentes?

La omisión del Estado también contamina

La ley es contundente: el que contamina paga. Pero el Estado tiene otra obligación indelegable: controlar.

Si la provincia acepta la salida de una operadora histórica sin inventariar y sanear los pasivos ambientales, no se vuelve la responsable principal del daño, pero sí incurre en una omisión grave. Porque habilita que el problema se patee hacia adelante, hasta que estalle —como ahora— sobre la población.

El argumento de que “el nuevo concesionario se hace cargo” no alcanza. El daño no empieza con la nueva empresa. El daño tiene historia, y esa historia debe ser identificada, medida y atribuida.

El tiempo no borra el daño, solo lo agrava

Hay quienes apuestan al desgaste: dentro de 30 o 35 años nadie reclamará nada. Es una estrategia conocida. Pero es falsa.

En materia ambiental, mientras el daño persista, la obligación persiste. El suelo inestable, los pozos mal abandonados, los cerros intervenidos no prescriben en su efecto. Lo que hoy destruye casas pudo haber sido perforado hace décadas.

El cerro Hermitte nos muestra el costo real de mirar para otro lado.

No es naturaleza: es decisión.

Atribuir lo ocurrido solo a la formación geológica, lluvias o al clima es una forma elegante de desresponsabilizar. La naturaleza no perfora pozos. No abandona instalaciones. No firma transferencias sin saneamiento.

Cuando el subsuelo falla, casi siempre hay una decisión humana detrás. O varias.

Conclusión

Lo que sucede en el cerro Hermitte no es una fatalidad. Es el resultado de pasivos ambientales no remediados, de responsabilidades desplazadas y de controles ausentes.

La venta de yacimientos no puede ser una amnistía ambiental.

El retiro de una empresa no puede equivaler al olvido.

Y el daño que hoy sufren miles de personas no empezó ayer.

El suelo habla. El problema es que durante demasiado tiempo nadie quiso escucharlo.

Soporte legal

Por qué la responsabilidad ambiental no se extingue

Constitución Nacional, art. 41:

El daño ambiental genera prioritariamente la obligación de recomponer. El responsable es quien lo causa.

Ley General del Ambiente n° 25.675

Responsabilidad objetiva: no importa la culpa ni el cumplimiento formal de normas.

Responsabilidad solidaria: responden todos los que causaron el daño.

La recomposición es prioritaria y no puede ser reemplazada por acuerdos privados.

Ley de Hidrocarburos n° 17.319

La concesión no exime al explotador de responsabilidad por los daños ambientales ocasionados.

Constitución de la Provincia del Chubut y Ley Ambiental Provincial (Ley XI n° 35)

Quien explota recursos naturales debe hacerlo sin dañar el ambiente y está obligado a reparar los daños causados. La transferencia de áreas no extingue responsabilidades preexistentes.

Clave jurídica:

Ningún contrato entre privados puede liberar a una empresa de su responsabilidad ambiental frente al interés colectivo.

Comodoro Rivadavia no se merece lo que sucede.

Por Natalio Ruíz