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¿Por qué Finlandia y Suecia “rechazan” entrar en la OTAN?

La crisis en la frontera de Ucrania ha revivido la discusión sobre la eventual adhesión de Suecia y Finlandia a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Este lunes, durante una visita de los ministros de Exteriores de Finlandia y Suecia, Pekka Haavisto y Ann Linde, respectivamente, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, destacó la cercanía e importancia de sus socios nórdicos: “El empeoramiento de la situación en Europa hace que la cooperación y el diálogo de la OTAN con Finlandia y Suecia sean aún más importantes”.

Pero, ¿cuáles serían los posibles beneficios y riesgos que enfrentarían estos dos países nórdicos teniendo en cuenta la fuerte oposición de Rusia al respecto?

“Si Rusia sigue adelante con más agresiones militares hacia Ucrania, las sólidas garantías de defensa colectiva que se obtienen a través de la entrada a la OTAN parecerán aún más atractivas para los ciudadanos de Finlandia y Suecia”, explica Eoin McNamara, investigador invitado del Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales (FIIA) en Helsinki.

En estos momentos, Moscú agita el fantasma de una invasión militar en territorio ucraniano en su pulso con la OTAN, que rechaza descartar una futura integración de Kiev en la Alianza, cediendo así a las condiciones del Gobierno de Vladímir Putin.

El nuevo enfrentamiento diplomático ha provocado el aumento de las amenazas y un importante despliegue militar ruso en su frontera con Ucrania, pero también en otros territorios próximos a las zonas de conflicto. Suecia envió la semana pasada cientos de tropas a la isla de Gotland, que es la parte del país más cercana a Rusia. El ministro de Defensa sueco, Peter Hultqvist, considera que el riesgo de un ataque por parte de Moscú es “bajo” pero no descarta la posibilidad.

“Obviamente, hay riesgos. No se puede descartar un ataque a Suecia (…) Hoy tenemos una situación tensa en Europa y eso no es bueno”, expresó Hultqvist en una entrevista para Radio Suecia.

Rusia amenaza con “graves consecuencias políticas y militares”

Esa tensión llevó a la primera ministra sueca, Magdalena Andersson, reunirse a principios de enero con Stoltenberg para expresar su intención de “profundizar en la cooperación” entre Suecia y la Alianza. El Kremlin condenó el encuentro y acusó a Stoltenberg de intentar desestabilizar la región con su “plan” de instalar la Alianza a las puertas de Rusia.

Una respuesta similar obtuvo el Gobierno finlandés cuando la primera ministra, Sanna Marin, dijo en Año Nuevo que su país se reservaba la opción de pedir la adhesión. En esta ocasión, la portavoz del ministerio de Asuntos exteriores rusa, Maria Zakhàrova, advirtió de “graves consecuencias políticas y militares” para Finlandia.

En el caso de Finlandia, que comparte frontera con Rusia, ha decidido mostrarse cauteloso en la crisis actual aunque no indiferente ante la insistencia del Gobierno ruso de que la OTAN descarte su membresía. En diferentes ocasiones, el presidente y la primera ministra han defendido -cada vez con más vehemencia- la libertad de elección de su país sobre alinearse militarmente y solicitar la adhesión a la OTAN.

De igual modo, Suecia ha dejado en claro que su entrada en la OTAN será una decisión soberana y “no de Rusia”, como ha subrayado la ministra de Exteriores, Ann Linde.

Eoin McNamara Investigador invitado del Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales (FIIA).

De “No queremos ser parte de la OTAN” a reabrir el debate

Esta no es la primera vez que ambos países -miembros de la UE- se replantean su relación con la Alianza Atlántica, que ya de por sí es bastante estrecha. La anexión de la península ucraniana de Crimea en 2014 avivó el debate sobre la seguridad nacional frente a la capacidad militar e imprevisibilidad de Rusia. Pero la eventual integración de estas naciones nórdicas significaría el fin de la inquebrantable y duradera posición de neutralidad, que resistió incluso durante la Guerra Fría.

“El no alineamiento militar de Suecia tiene raíces muy largas (…). Mientras que el de Finlandia es más bien producto de su limitada posición geopolítica entre el bloque soviético y la OTAN durante la Guerra Fría”, explica McNamara. “Las sociedades de ambos Estados han confiado durante mucho tiempo en una capacidad de defensa independiente para disuadir la agresión. La tradición de no alineación está muy arraigada en ambos Estados“, subraya.

Según sondeos, la mayoría de suecos y finlandeses está en contra de integrar la OTAN. Un reporte del ministerio de Defensa de Finlandia realizado en 2021 muestra que menos del 30 % de los ciudadanos encuestados estaba a favor. Aunque en los últimos años esa minoría ha ido creciendo conforme aumentan los desencuentros con Moscú. El porcentaje de suecos que es favorable se ha aproximado al 50 %, indican los sondeos más recientes.

Por su parte, McNamara predice que la situación en Ucrania “hará que los debates domésticos sobre la necesidad de pertenecer a la OTAN sean aún más urgentes”.

¿Cómo responden Suecia y Finlandia?

Acerca del nivel de peligro que enfrentan Suecia o Finlandia, el investigador del FIIA coincide con el diagnóstico de Hultqvist. “El riesgo de que la integridad sea violada es todavía lejano”, pero recuerda que tanto Estocolmo como Helsinki han sido “objeto de incidentes” orquestados por Moscú en el pasado.

“Tenemos, por ejemplo, la simulación de un ataque a gran escala por parte de la aviación rusa sobre el territorio sueco [2013], la interferencia híbrida en Finlandia, donde Rusia facilitó el viaje de un gran número de migrantes indocumentados desde Oriente Medio hacia el Ártico finlandés en 2016; y una actividad militar rusa cada vez más sospechosa en el Ártico en los últimos años”, detalla.

Ese largo historial, explica McNamara, ha impulsado a las fuerzas militares nórdicas a movilizar tropas y armamento de defensa ya que “el deterioro de la seguridad en la región podría llegar a tener graves implicaciones para ellas”.

“Tampoco hay que pasar por alto que la cooperación con la OTAN ha sido muy intensa durante la época posterior a la Guerra Fría, y tanto Suecia como Finlandia se convirtieron en Socios de Oportunidades Mejoradas (EOP) de la OTAN en 2014. Ambos Estados obtienen ahora importantes beneficios militares en la cooperación con la OTAN, pero sin beneficiarse de las garantías de defensa colectiva de la pertenencia plena”.

“Si la OTAN pretende reforzar la seguridad de los Estados bálticos vecinos que sí son miembros de la OTAN -Estonia, Letonia y Lituania-, los refuerzos probablemente tendrán que ser atendidos por cadenas de suministro que atraviesen el Mar Báltico, y para ello podría será necesaria la cooperación de Finlandia y Suecia”, concluye el investigador.

Fuente: Euronews