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Piñón Fijo: “El personaje me hace sentir niño más tiempo de lo que la sociedad soporta”

El animador habló sobre sus orígenes y explicó el significado del personaje que lleva años dedicado al entretenimiento del público infantil. Mirá el video.

Piñón Fijo es un ícono que marcó a muchas generaciones en su infancia. Pero también es un ser real detrás de la magia.

“Por respeto a los payasos, siempre aclaro que no lo soy. En realidad yo soy una mezcla rara de caradureces. El verdadero payaso, por ahí el de circo, el idóneo es el que sabe hacer todas las las actividades circenses para después descomprimirlas en el absurdo y en el humor”, dijo.

“¿Qué significa ser un piñón fijo, en mi caso? Es una mezcolanza de cosas: es un un personaje que prolonga, antes que nada, mi propia niñez en el tiempo. Me hace sentir niño en mucho más tiempo de lo que la sociedad soporta. Y también me parece que eso contagia a otros”, sostuvo el animador en diálogo con Caja Negra.

Sobre las dos personas que él representa, explicó: “Piñon de Fabián no tiene la timidez intra-provinciana, porque yo soy del interior, vengo de una localidad que se llama Deán Funes, del noroeste de Córdoba, a 120 Km. de Córdoba. Nací y crecí ahí hasta los 13 y me fui a Córdoba”.

Y amplió: “Esa prudencia, timidez y parsimonia no me abandonó nunca como Fabián, cosa que no reniego y ha sido una de mis principales herramientas para hacerme lugar en la sociedad. Eso Piñon de Fabián no lo tiene. Y bueno… Piñón es una caricatura de Fabián entonces Fabián se aprovecha de muchas cosas que genera Piñón para intentar ser más feliz”.

Admitió que siempre está “jugado con el tiempo” y que más de una vez se confundió de cumpleaños: “Usaba una agenda electrónica y tenía todo el año cubierto: tres cumples los sábados, tres los domingos, de lunes a viernes tenía uno por día. Así de mayo a octubre. Y un día, la agendita no arrancó”, contó.

Y agregó: “No había back up, nada de papel y lápiz. Entonces durante un mes más o menos me pintaba a las 15, ponía el teléfono al lado como estando de guardia hasta recibir un llamado y respondía: ‘Si, tranquilizate. Dejame hablar, decime la dirección y yo después te explico’, y salía…”.