Me preguntaron mi opinión respecto del significado de ser padre de una hija lesbiana,
escuché a mi corazón, luego a mi mente.
La respuesta brota rápido: ninguno…. intento hacer el ejercicio rebuscado de encontrar
algo y la respuesta es la misma, ninguno…
Ningún significado diferente al que pudiera tener sobre mi otra hija heterosexual.
Pero no siempre fue así, hace 14 años, en un momento de conversación íntima,en un cafe,
mi hija me comenta con nerviosismo, y ayudada un poco por mi intuición,
de su homosexualidad.
Tal vez fué un buen momento para comunicarlo.
En ese momento el resultado de la conversación fue un fuerte abrazo
y palabras de respaldo y apoyo incondicional.
Más tarde comienzo a procesar y me conecto más de cerca con “mis temores”
y mi escaso conocimiento real del mundo homosexual,
aproximación que hago desde la ignorancia y de los prejuicios
que se almacenan en mi disco duro desde niño, y van formateando mi forma de pensar
y comportamiento futuro.
Mis temores y aprehensiones surgieron:
¿Qué dirá la familia?, ¿los amigos?, ¿en mi trabajo…?,
¿tendré algún defecto, es genético?,
¿seré un homosexual encubierto, en el armario?
Siempre he sido muy machito… ¿Seré abuelo o tendré por nietos sólo mascotas, pequeños caniches?
También fueron muchos los temores respecto a mi hija.
¿Cómo será su vida ahora?, ¿vivirá permanentemente una vida de lujuria y desenfreno, sexo, alcohol y drogas?,
¿la aceptará lo sociedad…?, ¿será una buena profesional?
Luego de entender que el desconocimiento, el egoísmo y temores estaban
afectando mi visión, pude avanzar a otra etapa, una etapa de mirar diferente,
de aceptar que soy papá y no el dueño de la vida de mis hijas,
que ellas tienen capacidad de sentir y escoger la vida que les parezca mejor,
donde también está el espacio para equivocarse y rectificar su camino para buscar ser felices.
Que la mejor forma de ayudar a nuestros hijos tiene una base fuerte,
que está en el amor y en encontrar la capacidad de expresarlo permanentemente.
Gracias a esta experiencia he aprendido que las palabras no significan nada
si no van acompañadas de hechos, acciones en el día a día.
Cuando mi hija salió del armario, le di palabras. Pero no acciones.
Una vez superados mis miedos, mis comportamientos fueron reales, honestos.
Conocí a alguna de sus parejas y la apoyé en todo.
Me siento orgulloso de ella.
Históricamente los principales desencuentros con mi hija no han sido porque ella sea homosexual,
sino por incompatibilidad de caracteres.
Y porque para el Día del padre nunca me regala una mierda...........
Te amo, hija, para mí, eres excepcional.
Papá Rubén

