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Palabras de moda

Semejante a un libreto alienante, que se repite como una fórmula de obediencia bien aprendida, se promulgan palabras que oscilan entre verbos en carácter imperativo hasta adjetivos calificativos que descalifican por ser cercanos a la toxicidad.

Se escuchan, con asombrosa y llamativa naturalidad, proposiciones tales como, que hay que “soltar”, tal o cual cosa. Que las personas tienen una zona de confort, paradójicamente inconfortable. Que se establecen relaciones tóxicas, con seres venenosos que se cruzan en el camino. Que hay que capacitarse, estudiar, tomar cursos y talleres para “criar”, para ser madre, a la manera que un Otro decretó que sería la forma más saludable. Que se necesitan adquirir tips, consejos, para amar y ser amados. Que hay que ser resiliente, adaptable a situaciones de adversidad. Muy bien.

Las palabras importan

Muchas de estas soluciones, se pueden alcanzar por las facilidades que brinda el mercado. Es así que, por ejemplo, para criar hijos, algunos sitios denominados de “crianza”, ofrecen talleres, o promociones, de “packs de cursos” que saldrían más económicos, al estilo de un 3×2, que un consumidor puede combinar y comprar de acuerdo a su necesidad. Por ejemplo: cómo dejar los pañales, cómo mejorar la relación con los hijos, cómo manejarse con los caprichos, entre otros, a la manera de un libro de cocina o de capítulos de un manual de instrucciones para hacer uso de un objeto recién adquirido. Todo esto, por una módica suma de dinero.

Palabras de moda, que se intentan incorporar a la vida de las personas, presionando teclas e iconos de aprobación con la ilusión de que, casi por arte de magia, un enamorado podría desprenderse de un objeto amado no correspondido, los padres criar hijos felices, tomar un rol de autoridad frente a los otros, quererse, hacerse amar, respetar, valorar, etc., etc.

El poder de las palabras

Ahora bien, por qué estas cuestiones tienen tanta repercusión en la sociedad, aun cuando estas premisas dejan al Sujeto en un estado de angustia y frustración porque naufragan de manera inevitable.

Lo que sucede es que, ese saber impartido por Otro, al cual y el cual se atribuye la facultad de “saberlo todo”, hacia otros no capacitados a los cuales se homologa (para todos la misma fórmula), es una excelente coartada para que el Sujeto, carente de saber, evada formularse una pregunta acerca de cuál es su parte, su responsabilidad, su implicancia, en lo que no puede llevar a cabo.

Repetir obedientemente palabras de memoria, es emitir palabras vacías, caparazones de palabras. La palabra tiene valor, cuando a quien la emite, en el mismo acto, lo interroga.

Las palabras y la violencia

Para soltar, despojarse de un síntoma, de un padecimiento, primero hay que apropiarse de él, para luego interrogarse, responsabilizarse y decidir qué hacer. Las salidas son infinitas y singulares, y no existe manual ni saber prestablecido que las pueda enunciar con anticipación.

Por Paula Martino- Psicoanalista