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Mascherano, un indiscutible que ya no es intocable: buscará timing en China

Obsesionado con su último Mundial, el Jefe dejará Barcelona en febrero para recuperar rodaje en el club Hebei Fortune; Sampaoli hubiese preferido una liga más competitiva, pero rescata que al menos jugará.

No estaban en su radar. “Yo no tengo la culpa de que hayan elegido irse a jugar a China”, confiaba Jorge Sampaoli cuando le preguntaban por Ezequiel Lavezzi y Carlos Tevez. El nuevo entrenador de la Argentina sentía que esos futbolistas habían preferido caerse del mapa. Pero ahora es Javier Mascherano el que viajará al Lejano Oriente y sin embargo esta mudanza no lo borrará de la selección. ¿Contradictorio? Sampaoli no necesitaba a ninguno de los delanteros porque fuego ofensivo le sobra, pero Mascherano es fundamental. Para entender que tan trascendente es el Jefe, vale esta confesión del cuerpo técnico a la que accedió el diario La Nación: están convencidos de que Mascherano tuvo responsabilidad en los seis goles que le convirtieron al equipo albiceleste, y aun así es vital. No puede faltar en el plantel.

Mascherano lleva un técnico en su interior. Y en algunos meses hasta tendrá el diploma porque le faltan pocas materias para terminar el curso por Internet. Sus lecturas de las jugadas siguen siendo correctas -las interminables charlas tácticas con él descubren una lucidez estratégica elogiable-, pero la tardía reacción física no resuelve lo que su mente sí detecta a tiempo. Su falta de timing se volvió un problema para la selección y sentarlo en el banco no es tan sencillo. Porque es un animal competitivo y presiona con su orgullo y pertenencia, y porque conserva una decisiva influencia sobre sus compañeros. Para cualquier entrenador termina siendo una debilidad contar con alguien de ese perfil en la cancha. Un ejemplo que no rescata la gran pantalla, pero que es trascendente para un técnico: después de un gol de la Argentina, casi siempre Mascherano se acerca al banco para escuchar (a veces intercambiar) indicaciones. Mascherano consigue que todos los técnicos lo quieran en sus equipos. Aunque se vaya a China, al Hebei Fortune de Lavezzi. Una transferencia por alrededor de 10 millones de euros y dos años de contrato. En 2019 Barcelona buscará recuperarlo, ya no como futbolista a los 35 años, sino para que se sume al staff de entrenadores de La Masía.

Mascherano sabe que, si no juega, cada vez estará más complicado y en la búsqueda de muchos minutos en la cancha se marchará el 1° de febrero a China, después de siete años y medio en Barcelona. Claro que Sampaoli preferiría otra liga. Otro roce, otra exigencia. Pero acepta que hay una prioridad: al menos, que juegue. ¿Tuvo algo que ver el entrenador en la decisión del jugador? No. ¿Lo consultó Mascherano? No. “Meterse en dónde jugará un futbolista es hacerse cargo de una promesa que nadie sabe si luego podrá cumplir”, responde Sampaoli en la intimidad frente a ese escenario. En definitiva, en el cuerpo técnico razonan así: no perderá nada yendo a China si se tiene en cuenta que en Barcelona hace tiempo que quedó muy relegado. Al menos sumará rodaje. Minutos en una liga muy menor, pero minutos al fin.

Tan postergado está el Jefe en el conjunto culé que, pese a la lesión del zaguero francés Samuel Umtiti, y pese a haberse recuperado del desgarro que sufrió en el último amistoso de la selección ante Nigeria, el domingo pasado volvió como suplente ante La Coruña. El DT Ernesto Valverde prefirió al belga Thomas Vermaelen. Mascherano apenas ha disputada hasta aquí 10 partidos en la temporada. Cuarto capitán en línea descendente detrás de Messi, Piqué e Iniesta, en el club azulgrana alzó 17 títulos en 331 encuentros.

Mascherano se despedirá de la selección en Rusia 2018, su cuarto Mundial consecutivo. Su lugar entre los 23 está asegurado desde la aliviadora victoria en Quito. Es indiscutible, pero no intocable. Si será titular el 16 de junio, en Moscú, en el debut contra Islandia, todavía está lejos de resolverse. Por cierto, en algunas ocasiones Sampaoli lo imaginó como suplente… y Mascherano le torció la decisión. Participar de los partidos de manera intermitente en Barcelona le quitó ritmo al Jefe, pero no perseverancia ni pasión. Martilla con seductora obsesión y, habitualmente, se sale con la suya. Sin ir más lejos, contra Perú, en la Bombonera, iba a estar en el banco. Es más, en las primeras prácticas en Ezeiza fue suplente. A medida que se acercó el duelo con los peruanos, ganó espacio. Finalmente arrancó como titular y resultó uno de los mejores en el empate sin goles. Aun con menos velocidad y reacción, lee los partidos como nadie, grita, ordena, corrige, adelanta al equipo, se le planta al árbitro, discute con los rivales… Y algo más: nadie tiene sobre Lionel Messi el ascendente que sí ejerce Mascherano. Nadie.

Por Cristian Grosso – La Nación