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Malvinas: verdad y consecuencia Por Jorge Raventos

En relación con la cuestión  Malvinas el gobierno está envuelto en una nube de equívocos. Su aproximación al tema (y lo mismo podría decirse de las líneas centrales de la política exterior) es una continuidad de la que se desplegó en la década del Noventa: paraguas de soberanía, diálogo con Londres, contacto amable con los isleños, análisis de enfoques conjuntos en hidrocarburos y pesca, vuelos, acceso de argentinos a las islas, etc., como siembra paciente a la espera de poder cumplir con el mandato de las Naciones Unidas de tratar con los británicos el diferendo por la soberanía.

Buena parte de la oposición (principalmente el kirchnerismo) y hasta una parte significativa de la coalición parlamentaria oficialista cuestionan ese enfoque. El kirchnerismo lo asocia explícitamente con la llamada  “estrategia de seducción” practicada en aquellos años por Guido Di Tella, que procuraba reconstruir y ampliar la conectividad que existía con las Islas antes del retroceso provocado por  la derrota militar de 1982,  mientras maduraban las condiciones  para que  el  tema central se resolviera de la única forma que quedaba: política y diplomáticamente.

Lo curioso es que la canciller Susana Malcorra no sólo omite el antecedente ditellista, sino que, cuando menciona aquella política, la  ningunea con enfoques análogos a los que sus críticos emplean contra ella. ¿Habla en prosa sin saberlo?

Como se trata de una mujer inteligente que quiere alcanzar la secretaría general  de la ONU, hay que suponer que  su  conducta obedece a algún propósito. Quizás  su reticencia  hacia el Canciller de los años 90  forme parte de una estrategia de seducción de su propia  base parlamentaria que, como se observó el miércoles en la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados  le regaló un altavoz a sus (numerosos) críticos y prometió bloquear los  eventuales acuerdos sobre pesca y petróleo que entretejen la Cancillería y el Foreign Office.

Buena parte de los aliados del Pro en esa comisión se regocijaban cuando  los diputados K o el del Partido Obrero  instaban a  pedir licencia mientras sea candidata o lisa y llanamentea  renunciar al ministerio de Relaciones Exteriores.

El propio presidente Mauricio Macri aportó a los equívocos sobre Malvinas cuando declaró que en una charla incidental en  Nueva York, en el contexto de la apertura anual de sesiones de la ONU, la premier británica Theresa May había accedido a mantener conversaciones sobre soberanía.

Sólo él y la señora May saben si en privado tocaron el tema explícitamente o con la cautelosa y sabia ambigüedad de los diplomáticos (decir, por ejemplo, “hablaremos sobre todos los temas pendientes”). Lo cierto es que el hecho de que Macri mencionara en público la palabra “soberanía” en ese contexto forzaba a su contraparte a rectificarlo. Nobleza obliga: los británicos le anticiparon a Malcorra que habría una desmentida y fue la propia Canciller la que tuvo que enmendarle la plana a su jefe.

Lección: cuando se pueda asegurar públicamente que habrá conversaciones sobre soberanía será porque estas ya están muy avanzadas. Macri se dejó presionar por la atmósfera doméstica (que él  suele denominar “círculo rojo”) y quedó expuesto.

Conviene, en cualquier caso, mirar las cosas con menos impaciencia, con menos superficialidad. Prestar atención a los detalles. Por ejemplo: el 11 de agosto, en vísperas de los encuentros entre Malcorra y su colega británico, Sir Alan Duncan, el  gobierno de las Islas se sintió en la necesidad de tranquilizar a su no tan numerosa opinión pública y emitió un comunicado de prensa asegurando que las conversaciones entre Buenos Aires y Londres “no incluirán el tema de la soberanía”.  El pronunciamiento pareció una redundancia.

El mismo comunicado del gobierno isleño aseguraba que las conversaciones sobre ampliación de las comunicaciones aéreas de las Islas “no incluyen conexiones con Argentina”. En cambio, el comunicado conjunto que Duncan firmó en Buenos Aires con el vicecanciller Carlos Foradori puntualiza, que “acordaron el establecimiento de dos escalas adicionales mensuales enterritorio continental argentino (Mainland Argentina en la versión inglesa del documento), una en cada dirección”.

Detalle verbal:  “territorio continental argentino” es la expresión que suele emplear  la Cancillería en estas ocasiones para destacar diplomáticamente la existencia de la Argentina insular. Foradori, que a fines de los años 90 coordinó el Grupo Atlántico Sur constituido por Di Tella, conoce  bien ese lenguaje.