Chubut Para Todos

Lula sigue en Brasil y las empresas argentinas blindan sus negocios de la pelea con Milei

Grandes grupos y entidades industriales profundizan acuerdos, inversiones y contratos de largo plazo para preservar negocios que atraviesan gobiernos

Los principales grupos empresarios argentinos no esperaron el resultado de las elecciones brasileñas para empezar a prepararse para lo que viene luego de las elecciones de Brasil, que mantuvieron en el poder a Luiz Inácio Lula Da Silva por otros cuatro años más.

Mientras la pelea entre Javier Milei y el reelecto presidente del país vecino fue escalando, incluso antes de los comicios de este domingo 25 de octubre, industriales, automotrices, petroleras y compañías con inversiones a ambos lados de la frontera vienen avanzando con una agenda propia.

Se trata de una especie de blindaje a la guerra entre ambos mandatarios que se sustenta en la creación de canales directos que evitan depender del vínculo presidencial; en transformar acuerdos políticos en procedimientos técnicos permanentes (aduanas, homologaciones, sanidad, pagos).

También, en atar negocios futuros mediante contratos de largo plazo e infraestructura compartida y localizar producción o asegurar compradores del otro lado de la frontera para que romper la relación comercial tenga un precio económico mayor para ambos países.

Alejado de los vaivenes políticos y de los condimentos ideológicos, el recorrido de dicho itinerario está destinado a darle previsibilidad a negocios que necesitan seguir funcionando aunque la relación entre los dos gobiernos continúe deteriorada.

En concreto, dicho blindaje no parte de una sola medida ni significa que las empresas puedan independizarse de Milei y Lula, sino que muestra una combinación de mecanismos que trasladan parte de la relación desde la política presidencial hacia intereses privados, reglas técnicas, contratos, infraestructura y capital ya invertido.

Un desafío que se prolonga

De esta forma, cámaras industriales, fabricantes de autos y autopartes, productores agropecuarios, petroleras, comercializadoras de gas, supermercados y operadores logísticos fueron profundizando durante los últimos meses acuerdos con sus contrapartes brasileñas para reducir trabas aduaneras, armonizar normas técnicas, asegurar abastecimiento, ampliar infraestructura y construir contratos que sobrevivan a los cambios políticos.

Queda claro que el cronograma trazado busca preservar el acceso a su principal socio comercial y al mayor mercado de la región, además de mantener los lazos comerciales bilaterales intactos, o por lo menos, con el menor daño posible que surja de una resquebrajada relación entre Mieli y Lula que no parece tener retorno y que seguramente seguirá siendo conflictiva durante los próximos años.

La continuidad del presidente brasileño por otro mandato de cuatro años prolonga ahora ese desafío para, por ejemplo, grandes grupos locales que desde hace años tienen presencia en el mercado brasileño.

El vínculo con Brasil también pasó factura en la Bolsa

De todos modos, hubo una primera señal de alerta que llegó desde los mercados ya que la reelección de Lula provocó una fuerte reacción sobre los activos brasileños y el movimiento se trasladó a Wall Street, donde varias compañías argentinas con negocios, inversiones o proyectos vinculados con Brasil operaron en terreno negativo.

Mercado Libre llegó a caer más de 10%, Loma Negra perdió más de 5%, Pampa Energía rondó una baja de 4%, mientras Ternium y Corporación América Airports retrocedieron cerca de 3%. YPF también operó con pérdidas durante la rueda.

Pero no se trata de las únicas empresas con negocios en ambos países si se tiene en cuenta que estudios privados estiman que en la actualidad existen más de 500 empresas con inversiones directas bilaterales que no reconstruyen su cadena de valor y de proveedores cada vez que cambia un gobierno.

Los casos de Arcor, que opera cinco plantas en el país vecino; Techint, que participa a través de Ternium del grupo de control de Usiminas; Corporación América Airports, que opera mediante Inframerica el aeropuerto de Brasilia, y Marcelo Mindlin preside desde abril InterCement y Loma Negra, muestran el grado de exposición a las fluctuaciones electorales ya existente que tienen este tipo de holdings.

De hecho, existe una larga lista de negocios que se agregan a dicho escenario y que recién empiezan a construirse como el de Pampa Energía, que proyecta una planta de urea que entraría en funcionamiento a fines de 2029 con Brasil como principal destino externo.

Pero la protección que vienen construyendo las empresas y las cámaras sectoriales de ambos países se encuentra en las reglas que fueron acumulando a ambos lados de la frontera durante todos estos años.

Mercado Libre es uno de los casos de mayor escala en este sentido, si se recuerda que anunció este año inversiones por u$s10.000 millones para ampliar la red logística, fortalecer el marketplace y expandir Mercado Pago.

Arcor recorrió durante años un camino industrial semejante y, en lugar de depender solamente de las exportaciones argentinas, desarrolló producción, distribución y empleo dentro del propio mercado brasileño.

En el caso de Techint tiene otra forma de inserción a través de Ternium, que participa del grupo de control de Usiminas, y de Tenaris, que opera en Brasil mediante Confab.

Se trata de estructuras que convierten a las compañías en participantes de la propia economía brasileña y hacen que una parte del negocio dependa de trabajadores, proveedores, clientes e inversiones locales, además de la evolución del comercio bilateral.

Otro ejemplo en el mismo sentido es el de Marcelo Mindlin, quien se quedó con el control mayoritario de InterCement, compartiendo con un grupo de inversores la propiedad de este grupo brasileño que a su vez es dueño de la cementera argentina Loma Negra.

En igual sentido, Corporación América Airports actúa a partir de la sociedad Inframerica, con la cual es concesionaria del aeropuerto de Brasilia.

También varias petroleras locales, con YPF a la cabeza, buscan transformar las primeras ventas de gas de Vaca Muerta en un mercado permanente, al igual que las terminales automotrices que negocian las reglas bajo las cuales distribuirán entre ambos mercados, producción e inversiones durante los próximos años.

El contexto sirve para analizar el blindaje que buscan los empresarios a partir de privilegiar la necesidad de mantener abiertos sus canales con clientes, proveedores y socios del otro lado de la frontera; instalar capital en ambos mercados; crear redes permanentes de compradores y negociar acuerdos sectoriales que duren más que un mandato presidencial.

Lo que no pueden resolver por sí mismas son los regímenes comerciales, las aduanas, los gasoductos internacionales, las homologaciones técnicas y buena parte de la infraestructura que necesita esa integración, además de la continuidad del propio Mercosur.

El comercio bilateral como dimensión objetiva

Las preocupaciones que surgen de dicho contexto político ya habían llegado a la conducción de la Unión Industrial Argentina (UIA), antes de las elecciones y cuando la tensión bilateral volvió a escalar en agosto pasado.

Ese mes, Martín Rappallini, titular de la entidad industrial, manifestó en declaraciones a los medios la preocupación del sector fabril y recordó la importancia de Brasil para la industria argentina.

Del otro lado de la frontera, la Confederação Nacional da Indústria (CNI), mantuvo abierto su canal con la UIA a través del Consejo Empresarial Brasil-Argentina, CEMBRAR.

La dimensión de esos intereses aparece en el comercio bilateral que, entre enero y septiembre pasados, mostró que Argentina exportó a Brasil por u$s9.789 millones e importó por u$s12.005 millones.

En el mismo período, las ventas crecieron 4,5% interanual, mientras que las compras retrocedieron 17% y el intercambio acumulado alcanzó los u$s21.794 millones y dejó para Argentina un déficit de u$s2.216 millones.

En el sector automotor, una de las cadenas más integradas de las dos economías, también se evidencia la dependencia comercial de ambos país, con Argentina que exportó 203.072 vehículos durante los primeros nueve meses del año de las que Brasil recibió 128.042 unidades, 63,1% del total.

Este volumen puede ser tomado como un ejemplo que explica por qué el resultado electoral tuvo una traducción inmediata en los mercados de capitales donde la presión inicial sobre acciones, bonos y el real mostró cuánto dependen las valuaciones y los planes empresarios de las condiciones económicas que genere el próximo mandato.

Reglas que se alejan de la pelea política

Del lado brasileño, el resultado electoral reactivó una preocupación semejante sobre las condiciones que necesitan esas inversiones para continuar.

La Federación de Industrias del Estado de Santa Catarina (FIESC), reclamó este lunes control del gasto, responsabilidad fiscal, previsibilidad jurídica, una política industrial capaz de recuperar competitividad y mejoras de infraestructura.

La posición no apunta específicamente a la Argentina, pero importa para las empresas locales que ya producen o invierten en Brasil.

En los últimos meses, tanto la UIA como la Confederación Nacional de Industria de Brasil (CNI), vienen presentando a ambos gobiernos estrategias destinadas a mejorar el ambiente bilateral de negocios.

Las dos entidades trabajan para ampliar el sistema de moneda local; promover inversiones en energía; infraestructura y conectividad; completar el llamado Protocolo de Facilitación de Comercio; profundizar programas conjuntos de digitalización e Industria 4.0; cooperar en una economía de bajo carbono y avanzar sobre la agenda externa del Mercosur.

El objetivo es reducir la cantidad de decisiones que deben resolver los gobiernos cada vez que una compañía quiere mover mercadería, pagar una operación, certificar un producto o integrar una cadena de proveedores entre los dos países.

Ambas cámaras industriales entienden que cuantas más reglas queden incorporadas a procedimientos permanentes, menor es la exposición de cada negocio a un conflicto presidencial.

También plantean la necesidad de avanzar hacia fronteras con mayor intercambio previo de información, controles coordinados y soluciones capaces de combinar carretera, ferrocarril, cabotaje y puertos.

La lógica es construir infraestructura y procedimientos que sigan funcionando aunque cambien los presidentes.

Fortalecer el acuerdo automotriz

La industria automotriz avanzó todavía más en ese diagnóstico al tratarse de un sector que comparte toda la cadena productiva, desde motores, cajas, autopartes, plataformas y proveedores.

Por eso, las cámaras de ambos países (ADEFA y AFAC, por Argentina, y ANFAVEA y ABIPEÇAS, por Brasil), firmaron un documento para actualizar y fortalecer la política automotriz bilateral que establece medidas concretas.

Las cuatro entidades acordaron trabajar sobre especialización productiva entre los dos países, inversiones equilibradas y sostenibles, fabricación regional de sistemas de autopartes de mayor complejidad, armonización y reconocimiento recíproco de reglamentos técnicos y facilitación de los procedimientos aduaneros a ambos lados de la frontera.

Ese trabajo se apoya en el Acuerdo de Reconocimiento Mutuo de Homologaciones Vehiculares entre Argentina y Brasil, que está vigente desde 2024 y que permite aceptar homologaciones emitidas en el otro país para los vehículos alcanzados por el régimen.

Dicho régimen mantendrá hasta el 2029 el mecanismo flex que administra el intercambio y prevé libre comercio de los productos automotores a partir del 1° de julio de ese año.

Las terminales quieren llegar a esa fecha con reglas capaces de preservar la integración productiva y competir por las próximas plataformas globales.

De misiones comerciales a relaciones directas

En el caso de las pymes, necesitan conseguir el mismo objetivo con herramientas diferentes porque no pueden proteger un mercado instalando una fábrica del otro lado de la frontera.

Al respecto, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), y PromArgentina construyeron canales destinados a encontrar compradores y distribuidores permanentes en Brasil.

La estrategia consiste en transformar misiones comerciales en relaciones directas que puedan continuar después del evento y que le permitan a una pyme local tener importador, distribuidor y comprador estable del lado brasileño.

En el agro, el blindaje avanzó sobre un riesgo diferente y que pone el foco en lo que puede ocurrir a partir de una emergencia sanitaria que puede interrumpir el comercio aunque existan comprador, precio y transporte.

De hecho, la Confederação da Agricultura e Pecuária do Brasil (CNA), envió a Buenos Aires en julio una delegación que discutió iniciativas conjuntas para facilitar el comercio, integrar aduanas, simplificar el tránsito fronterizo de animales y digitalizar los sistemas de los países del Mercosur.

La agenda incluyó además cooperación en genética bovina y posiciones frente a negociaciones comerciales externas, y un debate sobre coincidencias respecto de la distribución de cuotas del acuerdo Mercosur-Unión Europea.

Vaca Muerta en el centro de la escena

En el caso de la integración energética, exige todavía más negociaciones porque Brasil es uno de los mercados capaces de absorber el próximo salto productivo de Vaca Muerta.

De hecho, las petroleras comenzaron a construir ese destino antes de que exista toda la infraestructura necesaria y teniendo en cuenta que del lado brasileño, Petrobras y varias comercializadoras privadas buscan nuevas fuentes de abastecimiento.

La discusión ocupó buena parte de la agenda empresarial energética de este 2026, con ejecutivos de las principales productoras que operan en Vaca Muerta y que miran al país vecino como un mercado industrial de escala suficiente para absorber parte de la producción adicional.

Ya existen ejemplos de negociaciones basadas en ese esquema, como las que llevan a cabo Petrobras y Pluspetrol, que realizaron la primera importación de volúmenes de gas natural no convencional de Vaca Muerta.

La operación movilizó 100.000 metros cúbicos, que viajaron por gasoductos desde Argentina hacia Bolivia y desde allí a Brasil para probar el esquema comercial y operativo.

El contrato permite a Petrobras importar hasta dos millones de metros cúbicos diarios en modalidad interrumpible, como parte de un proceso de integración de infraestructuras que permite conectar la producción argentina con el mercado brasileño y abre una nueva alternativa de importación.

El paso siguiente será ampliar ese tipo de operaciones y convertir pruebas interrumpibles en abastecimiento de mayor escala.

En este caso, ambos gobiernos parecen haber dejado de lado las diferencias políticas y ya trabajan sobre la misma necesidad y evalúan alternativas de infraestructura, interconexión y exportación de gas natural argentino hacia el mercado brasileño.

Un documento conjunto identifica al país vecino como un mercado con fuerte potencial de expansión de la demanda, especialmente industrial, y plantea que una mayor integración puede ampliar el comercio regional de gas, fortalecer la seguridad de abastecimiento y promover nuevas inversiones en infraestructura.

El esquema permite a las productoras argentinas disponer de distintas alternativas de transporte para reducir el riesgo de quedar condicionadas por una única conexión, y a los compradores brasileños les ayuda a ampliar la infraestructura y aumentar las fuentes posibles de abastecimiento.

Destino para un nuevo proyecto

La misma lógica ya empezó a trasladarse del gas al producto industrial que el insumo puede fabricar como el caso de Pampa Energía, que proyecta en Bahía Blanca una planta de urea con capacidad para producir 2,1 millones de toneladas anuales con una inversión de u$s2.700 millones.

El grupo que orienta Marcelo Mindlin tiene intenciones de exportar gran parte de esa producción a Brasil, que actualmente importa más de 90% de los fertilizantes que utiliza.

La empresa definió al país vecino como principal destino externo de la futura producción, al punto que el propio Mindlin ya se reunió en Buenos Aires con Cleber Oliveira Soares, secretario ejecutivo del Ministerio de Agricultura y Pecuaria de Brasil, para analizar el futuro abastecimiento de fertilizantes y las posibilidades de integrar la producción argentina con la demanda brasileña.

Durante el encuentro se discutió el potencial de Argentina para convertirse en proveedor regional a partir del gas de Vaca Muerta.

Para Brasil, incorporar urea argentina permitiría diversificar las fuentes de abastecimiento de un insumo estratégico para su producción agropecuaria y acortar las distancias desde las que hoy importa buena parte del producto.

Pero más allá de todos estos ejemplos sobre eventuales blindajes corporativos contra la violenta y destructiva relación entre ambos presidentes, con la reelección de Lula y la profundización de los agravios por parte de Milei ahora aparece un nuevo y preocupante riesgo.

Ya no se teme a que una pelea entre ambos mandatarios corte de un día para otro el comercio existente sino que el riesgo ahora aparece en el futuro de las normas y reglas a futuro.

Es decir, en escenarios que permitan definir dónde se instala la próxima fábrica, qué país recibe una plataforma automotriz, quién financia un gasoducto, qué reglas tendrá el Mercosur después de 2029, si Brasil compra urea argentina durante 10 años o si una nueva barrera regulatoria demora una exportación.

Por Andrés Sanguinetti - IP