Próximo a cumplir 60 años, el músico repasa su trayectoria artística que ahora transita con la compañía de su hijo, Juan. Su preocupación por los efectos colaterales del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y su disconformidad con el gobierno de Mauricio Macri.
No deja de mirar a los ojos y asegura que hay ciertas cosas en la vida a las que uno no le da importancia hasta que se da cuenta que puede ser vulnerable. Tan frágil se sintió Luis Salinas después de aquella noche de actuación cuando hace un año atrás sufrió convulsiones arriba del escenario, que hoy confiesa que es "un regalo de Dios" poder acompañar a su hijo Juan en el arranque como solista de su carrera artística.
"Yo trato de transmitirle lo que viví con la música -señala el guitarrista-, pero él ya viene con una cabeza muy abierta, la primera vez que tocó en público le dije que no compitiera con nadie, la música es algo para compartir, y que cuanto más aprendiera más libre se iba a sentir para andar por el mundo". Nadie mejor que él para acompañarlo con la palabra que supo recibir los elogios de George Benson, Chick Corea, Scot Henderson, Tomatito o un Hermeto Pascoal.
Luego de una próxima presentación en Buenos Aires donde festejará su cumpleaños número 60 y de la grabación del primer disco de su hijo Juan, empezará una gira por España donde se presentará en el Festival de Jazz en Murcia, en Barcelona y en el Café Central Madrid, el clásico reducto jazzero por excelencia ubicado en la Plaza del Ángel, para continuar con sus actuaciones en Uruguay, Chile y Perú.
¿En qué etapa de tu carrera artística estás?
-Ahora lo más importante son mis hijos, justamente. Yo vivo para ellos, estar en la carrera de Juan es un regalo de Dios y, además, tengo una hija de siete años, Rita, a la que llevo todos los días hasta su colegio en el barrio de Palermo. Un día se me acercó y me dijo "tocar la guitarra es como cantar con las manos", tiene esas cosas y por eso digo que la música es la energía espiritual que me sigue acompañando en todo esto y cada cosa que hago la valoro muchísimo, porque jamás me imaginé tocar con la gente que toqué, y en muchos casos haber hecho una amistad con ellos. Siempre pensé que los elogios son una gran motivación y un compromiso a la vez, porque si Paco de Lucía escucha una canción tuya eso que recibís se convierte en una planta que hay que hacerla crecer.
¿Cuánto influyeron tus orígenes para que te formes como un autodidacta?
-Y toda vivencia personal ayuda o condiciona a cómo después uno va desarrollando sus cosas. Los mejores maestros que tuve desde chico fueron mi papá y mi padrastro, ambos eran músicos, y de mi viejo recuerdo que andaba siempre con una armónica que le regaló Hugo Díaz y hacía concursos con los chicos que andábamos por ahí y al que se destacaba lo llevaba de gira. Los dos eran ídolos en las peñas de Monte Grande, lugar donde nací, ahí se escuchaba de todo y la gente salía a bailar cuando tocaban un paso doble o un fox. Y después fui aprendiendo a tocar sobre las canciones que escuchaba de la radio o de un disco.
¿El público argentino reconoce a sus talentos o exige por demás?
-Es una situación que a veces es dura porque a mí, que por suerte me ha tocado viajar y encontrarme en el exterior con muy buenos músicos, sé que lo hacen con un sentimiento muy fuerte. Me quedé sorprendido en un festival de Suecia al ver en la calle un gran mural de Hermeto Pascoal y al lado otro de Dino Saluzzi, eso te hace sentir un orgullo tremendo cuando en tu propio país la música instrumental tiene poco reconocimiento. Te enoja un poco pero el público no tiene por qué entender de armonía, de melodía y ritmo, pero sí creo que sabe cuando el artista es sincero. Claro, somos un país que critica a Messi como en su momento lo hizo con Maradona y afuera los respetan e idolatran más que nosotros. Por eso yo le digo a Juan, mi hijo, que él sienta las notas, escuche a sus compañeros y disfrute de lo que está haciendo, que lo demás viene solo.
¿Qué es lo que más te preocupa de lo que pasa en el país?
-Que no se comprenda la situación que viven muchos argentinos, que no es la de quienes nos gobiernan, ni es tampoco la situación que aún vivimos los que por lo menos seguimos haciendo lo que nos gusta. Yo me crié en Villa Diamante, un lugar del que nos fuimos con mi familia porque el agua nos llegaba hasta el pecho y ahí aprendí que una cosa es la pobreza y otra la miseria. Mi vieja y otros vecinos se encargaban de que siempre tuviéramos nuestro plato de comida y para los cumpleaños de los pibes no faltara un proyector de películas y esa delgada línea entre la felicidad y la nada no la tuviéramos que cruzar nunca. El problema es cuando te caes del mapa y hay un Estado que está ausente, porque ahí sí uno tiene pocas escapatorias, y lo que viene después es sobrevivir atado a la suerte o nacer con un resentimiento muy fuerte.
¿Alguna expectativa distinta te despierta el acuerdo con el FMI?
-Es muy reciente la crisis del 2001 para que tengamos una empatía distinta. Todos los que rozan mi edad saben lo que significa un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. No hay etapa en la que uno recuerde que bajo sus recetas hayamos recuperado la autoestima como país. Y no hay ejemplos afuera que también demuestren lo contrario. Pero lo que más me preocupa es que el Gobierno en lugar de dialogar intente disuadir esa disconformidad con más represión. Yo vivo cerca del Congreso y es doloroso ver esas calles recuperadas en la democracia vueltas en una batalla campal como lo vimos en la marcha de diciembre del año pasado -contra la reforma previsional-. Ese día cancelé una actuación y esa derrota anímica es la que a uno más le duele.
Pasiones argentinas
"Atahualpa decía que si la guitarra suena mal no es culpa de la guitarra. Creo íntimamente que el instrumento es uno", confiesa el guitarrista que ya demostraba ser un virtuoso en encuentros y jam sessions que ofrecía en las tardes-noches de los domingos en aquel legendario reducto porteño llamado Oliverio. Asegura que la guitarra lo eligió a él como esa suerte que tienen los elegidos del fútbol que llevan la pelota atada a sus pies. Apasionado hincha de Boca, asegura que tenerlo a Messi en el Mundial es la carta brava de nuestra selección para ilusionarse con ver buen fútbol: "Si uno juega como lo siente, es más fácil de llegar a la gente", afirma el gran músico argentino que llevó su guitarra de los potreros de Villa Diamante y Monte Grande a los escenarios internacionales.
Por Andrés Asato - 3Días

