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Latinoamérica al repechaje Por Fernando León

La crisis económica global que siguió a la quiebra de Lehman Brothers dejó algo mas que una secuela de deudas y déficits en los países periféricos. Entró en escena una disputa entre el neoliberalismo quese había autoproclamado como última fase histórica y una reacción heterogénea a sus postulados de libre mercado, que se expresa en la desconfianza al proyecto europeo (Brexit), el ascenso de la derecha nacionalista (Francia, Alemania, Holanda) y el fenómeno Trump (que plantea nada menos que un relato contra las multinacionales que fueron impulsadas, paradójicamente, por la misma nación que hoy las discute.

En este contexto de cambios sin un nombre preciso, que los analistas definen, provisionalmente como crisis de representatividad, las más importantes naciones del sur de América parecen regresar del sueño extraviado de los populismos de izquierda para dialogar con el mundo desde una nueva base, que incluye el saneamiento económico y el regreso de las reglas republicanas. La excepción, como bien sabemos, es Venezuela, pero la tendencia parece irreversible, y todo indica que la década del 2020 encontrará a nuestros países por el camino de la estabilidad, sin tasas chinas ni al ritmo de las economías más desarrolladas, pero con mayor continuidad a lo largo del tiempo.

En la última proyección de crecimiento global, el FMI pronostica una expansión de alrededor del 5 por ciento en los próximos años. América Latina crecerá un 1,6 por ciento en este año, como resultado del aumento en la confianza ante un control de sus cuentas públicas y la mayor demanda de los países desarrollados, que arrastrarán a sus socios emergentes en sus beneficios (el caso más notable es México, que pese a las dudas por el TLC con Estados Unidos, seguirá creciendo en un 2 por ciento). Volvemos sobre esta verdad de Perogrullo: crisis es oportunidad. Argentina debe aprovechar este contexto, y transformar este rebote que la llevará de la contracción del año pasado a un 2,2 por ciento en este año, en un espaldarazo para terminar de consolidar el círculo virtuoso iniciado el año pasado. Las perspectivas son moderadas, pero muy positivas si tenemos en cuenta el desorden económico y político de la década anterior.

Pero la confianza del mundo en nuestra región no se recupera al mismo ritmo que las cifras: habrá que esperar, aprovechar este repechaje y sentar las bases para que la tentación de darle la espalda a los riesgos de jugar el juego de la economía mundial no vuelva esta vez.

Separados al nacer, Estados Unidos y sus vecinos del sur vuelven a estar en sintonía, pero son demasiados procesos diferentes, demasiadas décadas de desconfianza: por el momento los caminos parecen exactamente opuestos. Mientras Trump discute acaloradamente la existencia del TLC con Canadá, y amenaza con excluir a México de los acuerdos, el Mercosur discute con la Unión Europea la posibilidad de profundizar lazos entre continentes.

Es oportuno señalar que ese juego comenzó hace exactamente 525 años, un 12 de octubre de 1492 y que –por acción u omisión- nunca hemos dejado ni dejaremos de jugar. El célebre navegante genovés que ignoraba la dimensión de sus travesías por este nuevo mundo -injustamente discutido a través de los años por la hipocresía de nuestros “progresistas”-, estaría verdaderamente sorprendido: la nación más próspera de la tierra, en el Norte, y la que en nuestro sur mantiene, pese a sus innumerables crisis, el potencial de ser, en conjunto, la quinta economía del planeta, pueden volver a soñar con una futura unidad. Será una larga travesía, pero valdrá la pena. Colón no lo dudaría.

Stay tuned!

*Abogado -UBA-. Analista internacional, especialista en Asuntos públicos.

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