Chubut Para Todos

Las confesiones de Miss Bolivia

Conocida como Miss Bolivia, la psicóloga, compositora y productora Paz Ferreyra se construyó un lugar en un espacio generalmente asociado a los hombres. Equidad de géneros, violencia machista y  libertad sexual, entre los temas que aborda con su música.

Con su hit Tomate el palo, en 2013, Miss Bolivia irrumpió en la industria discográfica y la puso a sus pies, con temas tan contestatarios como bailables. Antes de que entraran en la agenda política, Paz Ferreyra (41) ya cantaba sobre equidad de géneros, violencia machista, libertad de elección sexual, derechos humanos y aborto.

Compositora, productora y psicóloga, esta nerd graduada con honores en la Universidad de Buenos Aires (UBA) ya va por su tercer disco editado, Pantera (2017) –después de Alhaja (2011) y Miau (2013)–, y se consolidó como referente de una generación que habla con naturalidad del empoderamiento de la mujer y que adoptó como mantra su popular “a la gilada, ni cabida”.

Antes de ser Miss Bolivia, los libros, la música popular y la cultura de barrio ya coexistían en su vida. Abanderada en el colegio, estudió Letras en la UBA y, a punto de recibirse, se pasó a Psicología, profesión que ejerció durante varios años. Trabajó también como productora de TV.

Pasados los 30, dio un giro de timón y se dedicó de lleno a escribir y producir sus canciones, cuestionando el amor romántico, hablando abiertamente de su bisexualidad y poniendo voz al grito silencioso de las mujeres atadas a la sumisión. Hoy, casada con un científico del Conicet, sigue interpelando desde los tabúes sociales que conoce por caso propio y ajeno.

Un mes antes de presentar su primer libro Ni cabida (Planeta), el 6 de mayo en la Feria del Libro, Ferreyra habla sobre los silencios que rompió a través de sus letras y ritmos, la respuesta del público, el rol de la mujer en la industria discográfica antes y después del Ni Una Menos y de su compromiso artístico con el movimiento.

¿Qué temas que no se estaban hablando en la sociedad pusiste sobre la mesa con tu música?

Si bien no me creo pionera, y había cuestiones que ya estaban siendo habladas sobre la libre elección sexual, el derecho al aborto y el empoderamiento de la mujer, esos tres son ejes que atraviesan mi obra desde el día uno. Con el correr del tiempo, me fui poniendo más explícita, insistente y específica, pero desde el principio esos tres ítems atravesaron las canciones, el texto de la música.

¿Cómo fue la recepción del público?

Siempre muy buena y con mucha apertura desde quienes me siguen, pero también identifiqué la resistencia al cambio como indicador social y el rechazo por parte de otro sector de la población que no me sigue o están en contra de estas cosas. Se han manifestado en contra mío como algo personal pero, en realidad, son síntomas de rechazo y de resistencia al cambio, de que se toquen estos temas y se “tabuícen”.

¿Hubo un cambio de época que acompañó? ¿Las letras de tus canciones hubieran tenido la misma difusión 20 años atrás?

Hace 20 años, no tanto. Estamos en un momento donde ya casi no es necesaria la metáfora o hablar en clave para tratar ciertos contenidos. Claramente, hace 40 años, no. Después, tuvimos una sociedad con muchísimos arcaísmos de la dictadura y atravesados y sesgados religiosamente donde tampoco era tan posible la fluidez de estos contenidos o que se hagan “radiables”. Ahora estamos en un momento donde progresivamente se fue flexibilizando este tipo de resistencias y se empezó a dar cabida a estos tipos de contenidos que insisten por urgentes.

Sobre los ritmos que tocás, muchas veces asociados a artistas hombres y cargados de mensajes machistas, como mujer, ¿cómo irrumpiste en esos mundos?

Hace 10 años que empecé por ensayo y error y de un modo intuitivo y autodidacta a trabajar con estilos musicales como la cumbia, el hip hop, el reggae y el dancehall, que eran ritmos donde el texto y los contenidos eran de corte machista. Tomé estos estilos donde la misoginia era moneda corriente para revertirles la carga y utilizarlos para hablar de otras cosas, o mismo para repudiar ese tipo de contenidos. Yo creo que el artesanado que hice fue apropiarme de estos estilos misóginos o machistas para devolverlos al público en forma de militancia o de rimas empoderantes.

¿Abriste caminos con tu estilo?

No siento que haya nacido de un repollo, antes que yo hubo un montón. Yo aporté a hacer esto en estilos fusionados. No me muevo en un canon purista donde solo hay hip hop o solo cumbia o solo rap, sino que lo que hice fue lubricar esas barreras interestilísticas y eso generó al principio un poco de resistencia. Hoy es algo re común.

¿Tuviste referentes mujeres en estos ritmos?

Antes que yo ya estaba Actitud María Marta, que es una referencia enorme de lo que es el rap con rimas empoderantes y críticas, y en el reggae ya estaba Mimí (Maura). También me voy al tango y a la música más popular, a Chavela Vargas, Tita Merello. Mirá a Tita, estaba en el tango, un asidero súper machista y devolvió Se dice de mí. Sí hubo referentes siempre y abrecaminos, y así es la línea de continuidad. Yo espero poder también haber abierto el camino de otras artistas que vinieron después o que vendrán. Es una cadena de aperturas.

En la industria musical, ¿alguna vez sufriste una situación hostil por ser mujer?

A mí no me pasó, pero no quiero que eso invisibilice que sí le pasa a otras colegas. Sé que hay desigualdades, las puedo identificar. A menudo, se ve en el cupo femenino en las programaciones de un montón de festivales y eso habla de la falta de visibilidad. Al principio de mi carrera, sí sentí algún tipo de diferencia en relación a la remuneración en lo laboral. Me di cuenta de que me estaban pagando menos a mí que a mis colegas varones y fue algo que no me fumé, lo revertí y dejó de pasarme. Eso sucede y hay diferencias e injusticias en relación al género en esta industria.

¿Qué cambió o va a cambiar el movimiento de mujeres en la industria discográfica?

Yo creo que esto va a generar impacto ahí y en otras esferas profesionales o de consumo de la sociedad. El arte es un gran palo y ahí se mueven muchas fuerzas, hay muchas luchas de poder y esta potencia que tiene el movimiento se va a traducir en todas las esferas de la vida, incluyendo la industria discográfica. Cada vez hay más mujeres visibles que están editando discos con las compañías y veo cómo pueden subir un poco más a puestos corporativos de mayor jerarquía. Si bien todos los capos que conozco son varones, veo que cada vez hay más espacio para que las mujeres puedan ocupar estos puestos.

De la ciencia a al música

Entre ciencia, agudeza, poesía y jerga callejera, Ferreyra cuenta la influencia del background académico en su obra y cómo tomó la decisión de dejar el consultorio y coronarse como “Miss” de “Bolivia”, la calle del barrio de La Paternal que la vio crecer.

“Mi formación fue súper importante”, dice. “Mi música tiene un montón que ver con mis experiencias en la Psicología, los casos, lo que leí y lo que me tocó vivir profesionalmente influyó un montón en mis textos. La práctica profesional coexistió durante un tiempo con lo musical y después hubo un momento donde la música me empezó a pedir cierta exclusividad de dedicación. Éticamente, ya no funcionaba tanto la práctica de la Psicología porque ya tenía bastante visibilidad pública en lo artístico, entonces tuve que correrme al costado. La música me lo iba pidiendo. Cada vez crecía más el proyecto y mi deseo.”

3 de junio de 2016. Cientos de miles de mujeres marchan por segunda vez al Congreso contra la violencia machista. Ferreyra recita frente a su cámara unos versos que titula Paren de matarnos y lo sube a las redes sociales para apoyar al movimiento (“De sol a sol/ de la noche a la mañana me matan/ y mueren todas mis hermanas/ nos duele el cuerpo y las entrañas/ No quiero que me toques chabón/ no tengo ganas”). El video se vuelve viral y miles de mujeres lo adoptan, apropian y recitan como himno del #NiUnaMenos. Un año después, esos versos devinieron en una canción, que incluyó en su disco Pantera.

El pasado 6 de abril, Miss Bolivia presentó por primera vez el video del tema, en el cual estuvo acompañada por artistas de diferentes ámbitos como Lali, Calu Rivero, Srta. Bimbo, Sandra Mihanovich, Teresa Parodi, Sofía Gala, Nancy Duplaá, Andrea Álvarez, Mimí Maura y Liliana Herrero. “Estoy con muchas colegas que me enorgullecen un montón”, agradece.

Y cuenta: “Lo que pasó con Paren de matarnos me hizo dar cuenta de la trascendencia que tiene la palabra, la canción; el poder de interpelación que tuvieron esos versos desde que yo los escribí hasta ahora y eso tiene que ver también con el crecimiento que tiene la canción en relación al crecimiento del movimiento de mujeres. Cada vez se va exponiendo más y se hacen más necesarias las palabras, las canciones y los productos artísticos que acompañen y fortalezcan a este movimiento, que lo apoyen”.

 

 

¿En qué creés que cambió la sociedad argentina desde la primera marcha en 2015 hasta ahora?

El movimiento cada vez es más grande, más contundente y tiene más solvencia. Creo que las redes se fueron fortaleciendo y el umbral de tolerancia a la violencia machista fue bajando. En estos años de Ni Una Menos, se comenzó un trabajo deconstructivo y se empezaron a desnaturalizar muchas situaciones y síntomas sociales que nos resultaban comunes. Creo que la lupa está con la lente cada vez más enfocada y, sobre todo, lo que más me enorgullece es la capacidad de organización. Se generó una presión social trans-clase de la urgencia de la despenalización del aborto, que puso un montón de presión al Gobierno y a los votantes para que se ponga en agenda y eso es producto del Ni Una Menos también.

¿Cuál es la diferencia del Ni Una Menos con movimientos feministas previos? ¿Creés que va a cambiar la historia?

Este es un movimiento revolucionario que, si bien hoy toma muchísima fuerza, no es de ahora, sino desde el comienzo de las pensadoras, las mujeres que han tenido reflexiones literarias, filosóficas o políticas a lo largo de la historia. Esto ya viene desde hace muchos pero muchos años y ahora tomó un carácter de urgencia, donde la organización, más allá de las producciones intelectuales, se fue a la calle. Esa es la diferencia. Si bien este es un movimiento que sale de las mujeres y de otras personas con identidades disidentes, están empezando a colarse todos estos contenidos y esta deconstrucción crítica en todos los actores sociales. Hay muchos varones repensando sus prácticas, hay muchas parejas repensando el amor romántico. La fuerza sale del movimiento feminista, pero esto está impregnando a la sociedad en su conjunto por la potencia que tiene y porque acá también se va a la calle y no tenemos miedo.

Por @YesiBrumec - Apertura