Image default

La persecución judicial y el atentado o las partes de un todo

El alegato de Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad fue duro, técnico y también emotivo.

“Desde el ámbito judicial se da licencia social para que cualquiera pueda pensar y hacer cualquier cosa”. La tremenda frase relacionando lo que sucede en Comodoro Py con la tentativa de asesinato del 1 de septiembre sacudió el juicio por las obras viales en Santa Cruz. Es que Cristina Fernández de Kirchner, además, siguió fundamentando ese concepto. “En la televisión se vió una pantalla partida. De un lado, estaba el alegato del fiscal (Diego) Luciani y del otro lado la puerta del edificio donde vivo. La única puerta que se conoce en la Argentina es la de Juncal y Uruguay, ahí donde me quisieron pegar el tiro. No hay tres toneladas de pruebas, lo que si hay es 30 toneladas de tapas de Clarín, La Nación y una publicación semanal y se va estigmatizando a una persona, que no por casualidad es mujer. Porque , la verdad, también mi condición de mujer ayuda”. “¿De qué impunidad me hablan? –se preguntó la expresidenta– Tengo cinco causas de asociación ilícita. Si quieren impunidad miren para otro lado. Los jueces y fiscales que juegan al fútbol en la quinta de Mauricio Macri, los que visitaban Olivos y la Casa Rosada. Yo me siento en estado de indefensión”. 

No bien comenzó, CFK felicitó la tarea de sus abogados defensores que, dijo, desmontaron “las increíbles mentiras que desarrollaron los fiscales Mola y Luciani”. Carlos Beraldi, su abogado principal, expuso antes y después de la presentación de Cristina como defensora en causa propia. Este continuó con la demolición de las supuestas evidencias que presentaron los fiscales. Para ello, una vez más, usó lo que dijeron los testigos en el juicio. Incluyendo a los convocados por la fiscalía como el primo de Macri, Angelo Calcaterra (ver aparte). Por último, Beraldi pidió la absolución para Cristina Kirchner.

Un tono conmovido

Como estaba programado y desde su despacho del Senado, CFK estuvo sola y utilizó 90 minutos en un tono que, aun hablando de temas jurídicos, fue duro, de confrontación con los fiscales y los jueces, y de a ratos se la notó conmovida como cuando afirmó: “estoy indefensa”, “me quisieron pegar un tiro”, “vivo en un estado de sitio permanente”, “estoy muy intranquila”. Quienes están cerca de Cristina dicen que en los primeros días de septiembre no sintió el impacto de la tentativa de asesinato, pero con los días fue “cayendo”. Eso ya se notó cuando habló, por primera vez después del ataque, rodeado del grupo de sacerdotes y monjas con compromiso social.

Buena parte de legisladores y funcionarios del Frente de Todos siguieron las alternativas del alegato de CFK a través de la web o de los canales de noticias, que todos transmitieron el discurso. En tanto, el presidente Alberto Fernández miró el alegato desde su despacho de la Casa Rosada.

La investigación

En ese marco, por primera vez, la vicepresidenta hizo una referencia a la investigación misma del ataque: “el ataque fue de la banda de autores materiales, lo tengo clarísimo eso. Nadie puede pensar que esa banda planificó o ideó la autoría intelectual de lo que me hicieron. Pero, la verdad, el intercambio de esos dos jóvenes (en referencia a Fernando Sabag Montiel  y Brenda Uliarte), cuando terminó el fiscal Luciani, dijeron ‘ah, se les acabó la joda. Ahora van a tener’”.

¿Cómo se sentiría usted, doctor Gorini?

“¿Saben que les digo? –continuó la vicepresidenta– Yo hasta el 1 de septiembre (el día de la tentativa de homicidio) creía que buscaban estigmatizarme, proscribirme, denigrarme, difamarme, calumniarme. Pero a partir del 1 de septiembre me di cuenta que podía haber otra cosa más atrás de todo esto. Porque, de repente, es como desde el ámbito judicial se da licencia social para que cualquiera pueda pensar y hacer cualquier cosa”. CFK enumeró entonces una serie de episodios: el ataque a su despacho, que quedó destruido; los carteles anónimos con la cara de la expresidenta y el título de asesina vinculado a las vacunas. “¿Cómo se sentiría usted doctor (Jorge) Gorini (uno de los jueces del Tribunal) si le pasara lo mismo que a mi?”.

El fútbol, el paddle y el asesor

“Los jueces que me juzgan a mí –señaló CFK con dureza–, sí ustedes, los que están en la Casación, algunos, el fiscal, otro integrante de este tribunal, jugaban al fútbol, son amigos y jugaban al fútbol en la quinta de Macri. Otros jugaban al paddle con Macri en Olivos o lo iban a visitar asiduamente a Olivos o a la Casa Rosada. Las personas que están detenidas y lo que yo considero el jefe de la banda, de esta banda pequeña, material, su abogado, sus abogados eran asesores de un senador de la Nación. Alguien que se sienta a 20 o 30 metros mío. Su asesor defiende al que me quiso matar. Por eso, yo me siento en estado de indefensión con este país y con este Poder Judicial. Seguramente que sí”.

Denuncia contra Luciani y Mola

Antes de establecer el vínculo entre la persecución judicial y la tentativa de asesinato, Cristina pidió formalmente que cuando se terminen las audiencias se extraiga testimonio de la acusación y el alegato de los fiscales. El término judicial significa que se envíen copias a la Procuración o a un juzgado, tal vez para imputar a Luciani y Mola por prevaricato, abuso de autoridad o algún otro delito.

Pero en concreto, la vicepresidenta hizo referencia a mentiras evidentes de los fiscales que evidencian no sólo una pérdida de objetividad, sino la intención de realizar acusaciones que sabían que eran falsas. Por ejemplo, usaron cuatro (4) mensajes entre un ejecutivo de Austral Construcciones, el exsecretario de Obras Públicas, José López, y un secretario de Cristina, para sostener que había una “familiaridad” con la que se demostraba que Lázaro Báez tenía un tratamiento especial y era favorecido. Pero los fiscales ocultaron que había cientos de mensajes con Nicolás Caputo, el amigo de la vida de Mauricio Macri, y Eduardo Gutiérrez, otro empresario vinculado al macrismo, además de miles de chats con otros empresarios. O sea, una manipulación evidente. De allí parte la intención de denunciar a Luciani y Mola.

Es seguro que la vicepresidenta considera que corresponde hacer la denuncia, pero es difícil que piense que va a prosperar: basta sólo verificar que Carlos Stornelli evadió durante meses y meses los llamados a indagatoria, está procesado por dos delitos y pese a ello sigue siendo fiscal.

Inconstitucional

CFK sostuvo que la acusación de Luciani-Mola arranca siendo inconstitucional porque se imputa a tres gobiernos, el de Néstor y los dos de Cristina, como constituyentes de una asociación ilícita. “Ese concepto es tan insostenible que todos los actos de esos gobiernos serían nulos, incluyendo su designación fiscal Luciani. La firmé yo, la jefa de la asociación ilícita”. “Nosotros fuimos elegidos por el pueblo, no podemos ser nunca una asociación ilícita”, remató la exmandataria.

Superpoder

Cristina leyó, asombrada, una afirmación hecha por Luciani: “no existe ningún fundamento jurídico que les impida a los jueces llevar a cabo una revisión de los actos políticos de los restantes poderes del Estado. La teoría de las cuestiones política no judiciales atenta contra el orden democrático”. La vicepresidenta reflexionó: “o sea que se arroga una supremacía sobre los otros poderes”.

La cuestión tiene que ver con que, por ejemplo, el Poder Legislativo votó las leyes de presupuesto, y los fiscales dijeron cosas como que se le dieron demasiadas obras a Santa Cruz o que el Congreso no puso suficiente atención o que tuvo una intervención marginal.

Sistema Federal

Cristina volvió sobre una de las cuestiones centrales del caso Vialidad: las rutas fueron licitadas, adjudicadas y controladas en Santa Cruz. Incluso el juez Julián Ercolini, de entrada, envió la causa a Santa Cruz, donde fueron investigadas y sobreseídas por inexistencia de delito 49 de las 51 obras cuestionadas. O sea, intervinieron gobernadores, ministros santacruceños, el tribunal de cuentas provincial, la Legislatura y hasta el Poder Judicial de la provincia sureña. Por lo tanto -insistió CFK- todo el juicio viola el sistema federal. “Ahora estamos acá de vuelta. Están violando también la cláusula federal”, razonó.

Jefes de Gabinete

Pero, además, la mandataria explicó que desde la vigencia de la Constitución de 1994, la administración del presupuesto no corresponde al Presidente sino al jefe de Gabinete. De manera que ella ni siquiera tenía competencia sobre recaudación, gastos e inversiones y, por lo tanto, tampoco un presidente es responsable del control de la ejecución del presupuesto. Lo insólito, es que los fiscales alegaron –falsamente– de que faltaban terraplenes o que hubo demoras en obras, algo que está muy lejos, lejísimo, de un presidente. “O sea, uno es responsable de las competencias que tiene y tiene obligaciones respecto de la competencia. No hay competencias por omisión”.

En el propio juicio declaró Alberto Fernández, que fuera jefe de Gabinete de Néstor y Cristina Kirchner: “el control lo hacen los organismos competentes. Hoy, por ejemplo, yo no puedo controlar las 3.000 obras que hay en marcha y las 100.000 viviendas que estamos construyendo”.

Fábula

La vicepresidenta cerró haciendo referencia al uso de la justicia para la persecución políticas. “Nos bombardearon en el 55 –dijo– nos desaparecieron en el 76 y ahora como han cambiado los métodos y ya no se vería tan civilizado bombardearnos ni desaparecernos… Bueno. ¡Hola qué tal! Acá estamos, sentados frente a ustedes. Soy Vicepresidenta pero como expresidenta de la Nación dando cuenta de lo que pasó en la provincia de Santa Cruz . El doctor Beraldi ha probado que lo que decían también era mentira. Báez no era favorecido. Decían que no se le debía nada, de que se le había dado dinero. Toda una fábula, toda una fábula montada para traerme de los pelos a mí a este juicio”.

Por Raul Kollmann – Página/12