Entre jugadas judiciales, la resurrección de Sergio Massa y el enfrentamiento directo contra Axel Kicillof, el kirchnerismo transforma el 17 de octubre en el escenario de una feroz interna que pone a prueba las contradicciones del peronismo y el tablero político frente a Javier Milei.
Se le atribuye al gran dirigente peronista Antonio Cafiero la frase de que los peronistas crearon el Día de la Lealtad porque se traicionan todo el resto de los días del año. Probablemente, luego de la jugada que prepara el kirchnerismo, tampoco se salvará este 17 de octubre. Las diferentes fracciones del peronismo llegarán envueltas en un fuerte clima de desconfianza mutua.
El kirchnerismo enfrenta dos contradicciones que vuelven su política difícil de explicar. La idea de que quien no se subordina a Cristina es considerado un traidor los dejó sin candidatos. Es decir, si alguien es traidor por tener voz propia, ningún kirchnerista tendrá votos por fuera de Cristina. Esto hace que justamente tengan que recurrir a Massa, a quien acusaban de traidor años atrás. Massa, a su vez, está más lejos políticamente de Kicillof, quien ahora es acusado de traidor y con quien comparte electorado Cristina Kirchner. Por eso, ahora Cristina trata de salir de este entuerto con una nueva jugada.
Hoy a las 15 horas, los abogados de Cristina Kirchner —Alberto Beraldi, Rafael Valim y Javier Borrego— darán una conferencia de prensa. Aseguran tener novedades acerca de la situación judicial de la expresidenta.
Los abogados hicieron una presentación ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. El reclamo apunta contra la inhabilitación perpetua para ocupar cargos públicos que conlleva la condena a CFK. Según la defensa, este aspecto de la sentencia viola los pactos internacionales de derechos humanos ratificados por la Argentina.
Según diferentes trascendidos recopilados en La Política Online, el kirchnerismo utilizará estas novedades ante la ONU para impulsar un gran acto el 17 de octubre. Allí buscarán lanzar una especie de precandidatura simbólica. De haber un dictamen favorable de la ONU, este no sería vinculante. El objetivo real sería instalar la idea de "Cristina candidata" y, probablemente, buscar luego a un dirigente de La Cámpora que funcione como su delegado en el poder. Esto ya fue anticipado por Teresa García a Nancy Pazos.
Este Día de la Lealtad Peronista sería utilizado para que Cristina recupere la lapicera del armado del PJ. También para atacar a Axel Kicillof. Al gobernador se lo acusa de desleal. Le recriminan haber sido elegido por Cristina y no supeditarse después a sus órdenes.
Esto no es nuevo. Es lo mismo que sucedió el pasado primero de septiembre, cuando se cumplió el segundo aniversario del intento de magnicidio contra Cristina. En un acto conmemorativo, Máximo Kirchner alentó cánticos contra el gobernador bonaerense.
Además, en el banderazo del 20 de junio lanzó una frase teledirigida: “Hay quienes hablan de unidad y son incapaces de llamar a Cristina para preguntarle cómo está, compañeros, o si necesita algo”. En todo este tiempo, también hicieron filtrar rumores de que armarían una lista electoral sin el kicillofismo. Por su parte, el ahora aliado Guillermo Moreno planteó que "los peronistas debían ir por un lado y los progres por el otro".
Últimamente, la jugada de Cristina es siempre contra Kicillof. Es el único dirigente que mide electoralmente. Desde su lugar de poder en la provincia de Buenos Aires, es capaz de disputarle la lapicera. Es decir, el poder real de armar las listas y repartir cargos.
En el fondo, sería un triste uso de una fecha con una enorme carga histórica para la política nacional y para el peronismo. El 17 de octubre original surgió de abajo hacia arriba. Cientos de miles de obreros ganaron las calles para movilizarse por la libertad de Perón, quien se encontraba preso en la Isla Martín García.
Perón ya se había dado por vencido. Fue apresado por el gobierno de Farrell, gestión que había integrado hasta hacía días como vicepresidente de facto y secretario de Trabajo y Previsión. Desde ese cargo había impulsado gran parte de los derechos laborales de los que aún gozan los trabajadores formales. Desde su encierro le escribía cartas de amor a Evita. Le hablaba de un futuro lejos de la política, criando ovejas en el sur argentino. Imaginen qué distinta sería la historia si Perón se hubiese dedicado a la cría de ovejas.
En aquel momento, la CGT impulsó un paro general con movilización para defender esas conquistas laborales. Sin embargo, la masividad del reclamo desbordó la convocatoria original. La marcha impuso una consigna central: la libertad de Perón y el llamado a elecciones.
La movilización fue tan masiva que sacó a Perón de la cárcel y lo puso en la Casa Rosada. Literalmente fue así. Los trabajadores que marcharon desde varios puntos del conurbano y la capital decidieron no abandonar la Plaza de Mayo hasta que liberaran a su líder. Horas después, cuando esto se produjo, Perón salió al balcón, pidió el llamado a elecciones y tiempo después las terminó ganando.
Vamos a recordar un fragmento del discurso de Perón en aquel histórico 17 de octubre.
En esta oportunidad, la fecha se utilizará para intentar dirimir una interna feroz. Tiene muy poco de debate político o programático y mucho de disputa de conducción. Invirtiendo el apotegma peronista de "primero la Patria, después el Movimiento y por último los hombres", esta vez es primero las personas y luego todo lo demás.
En nuestra anterior columna explicamos que Cristina apuraba a Kicillof con un "ancho falso". Planteamos que hay muy pocas posibilidades de que ella sea realmente candidata. Simplemente se trata de una jugada política para instalar su candidatura y hacer más evidente su proscripción. Una vez que eso suceda, buscará otorgarse el derecho de elegir a su propio delegado. Kicillof no es delegado de Cristina. Tiene su propio proyecto político, y esa es, para el Instituto Patria, su gran traición.
Luego de haber cantado durante años que “no pasa nada si los traidores se van con Massa”, La Cámpora terminó alineada con Sergio Massa en contra de Kicillof. Esto mete al kirchnerismo en una contradicción evidente en varios sentidos.
En primer lugar, todo aquel que no se subordina a Cristina es tildado de traidor. Esto genera que no puedan consolidar un candidato propio. Si cualquiera con voz propia es considerado un traidor, nadie puede crecer y termina siendo necesario recurrir a figuras externas como Massa.
La segunda contradicción es programática. Entre dos supuestos traidores, Massa y Kicillof, el kirchnerismo tiene mucho más acuerdo de ideas con el gobernador bonaerense. Massa representa una mirada mucho más de centro o de centro derecha.
El esquema resulta insólito. Massa, que traicionó antes, hoy es un aliado. Kicillof, que según ellos traicionó recientemente, es el adversario.
¿Qué pasará si efectivamente la jugada le sale bien a Cristina y logra instalar su candidatura testimonial? ¿Negociará con Massa o tratará de empoderar a un dirigente de La Cámpora? En definitiva: ¿el kirchnerismo traicionará al traidor?
Probablemente esto se esconda detrás de los rumores de un acuerdo amplio. Ese pacto contendría la candidatura de Kicillof a presidente y la de Massa a gobernador bonaerense.
Con la jugada ante la ONU, el Día de la Lealtad llega con todas las facciones del peronismo desconfiando entre sí. Por eso, titulamos el "Día de la Deslealtad".
Para el analista Jorge Asís, esto no es grave. El peronismo discute liderazgos en los años pares y se une en los años impares, que son los electorales. Veremos si esta vez se mantiene la tradición.
Por lo pronto, ocurrió algo interesante. En las elecciones de abogados para el Consejo de la Magistratura, el peronismo se presentó dividido en dos listas. Una fue impulsada por el Frente Renovador de Massa y el cordobesismo de Llaryora. La otra alineó al PJ porteño de Olmos y a La Cámpora. ¿Qué significa esto? ¿Es un aviso de Massa ante la jugada de Cristina para marcar que él no es un delegado a lo Cámpora?
Esta interna a cielo abierto fortalece de manera relativa a Javier Milei, quien atraviesa su propio momento de debilidad.
El Presidente enfrenta un desgaste sostenido en la opinión pública. El núcleo duro del apoyo libertario se mantiene firme en torno a un tercio del electorado. Es un porcentaje significativo, pero insuficiente para garantizar triunfos holgados sin alianzas o en una segunda vuelta.
Los números de distintas consultoras coinciden en señalar este techo. D'Alessio IROL-Berensztein ubica la valoración positiva del Presidente cerca del 34%, frente a una negativa del 57%. En una línea similar, AtlasIntel registra una aprobación del 35% con una desaprobación superior al 60%. Por su parte, la consultora Analogías sitúa la imagen negativa en un 58,1%.
La razón principal de este deterioro está en la economía cotidiana. Más del 60% de los consultados manifiesta que su situación personal empeoró durante el último año. El impacto de las tarifas, la caída del consumo y la pérdida de ingresos le ganan terreno a la tolerancia hacia el ajuste fiscal.
Ante la posibilidad de una derrota frente al peronismo, el escenario muestra una competencia polarizada pero abierta. Sondeos de intención de voto de consultoras como Analogías y Zentrix reflejan un empate técnico virtual entre el oficialismo y un peronismo unificado.
En esas mediciones, el peronismo oscila entre un 31% y un 33% de los votos. La Libertad Avanza retiene entre un 30% y un 31%. Esta paridad demuestra que el rechazo al Gobierno no se traduce automáticamente en un pase masivo de votos hacia el peronismo. Un factor clave es que existe un 25% de votantes indecisos o desencantados con ambas propuestas.
La viabilidad de que Milei pierda contra el peronismo depende de variables muy precisas. En primera vuelta, si el peronismo logra una oferta unificada y el Gobierno no muestra una reactivación económica palpable para la clase media, el riesgo de derrota es real.
Sin embargo, en un eventual balotaje, la memoria de los gobiernos anteriores y el alto rechazo de las figuras del peronismo tradicional, como Cristina Kirchner, suelen actuar como un freno para el votante independiente. La batalla central se librará en la capacidad del oficialismo para controlar la inflación sin ahogar los ingresos, frente a un peronismo que necesita capitalizar la frustración social sin reavivar los temores del pasado.
En conclusión, la costumbre peronista de disputar liderazgos en los años pares puede terminar erosionando sus propias posibilidades de recambio. Cristina dijo el año pasado que el modelo de Milei tiene fecha de vencimiento, como el yogur. Pero a diferencia del supermercado, no alcanza con comprar otra marca. Si la oferta electoral del peronismo no convence porque no ofrece nada nuevo, puede emerger una tercera opción o terminar facilitando la reelección de Milei.
Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi
Por Jorge Fontevecchia - Perfil


