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La increíble historia del desembarco de tropas de Estados Unidos en Salta

Antes de la ocupación de Afganistán en 2001, las tropas norteamericanas estuvieron en Salta capital. Descendieron de sus aviones Galaxy C5 y por un tiempo, la población local caminó entre oficiales armados. Los planes del Pentágono para Sudamérica y la irrupción del 11-S.

Durante un mes y medio, la ciudad de Salta estuvo ocupada por tropas militares de países americanos. Entre ellos, casi 600 efectivos del organizador del evento: Estados Unidos. Ocurrió entre agosto y setiembre de 2001. Por esos días, este territorio fue referenciado por el país del norte como Surdistán, en clara referencia a las tierras habitadas al sur de sus fronteras. Los límites del pequeño territorio fueron los del campo militar de la V Brigada Mecanizada, que en capital se la conoce mejor por Lomas de Medeiros.

“A punto de dar a luz, Sara debe cruzar el límite que separa Esperanza de Confluencia. Son las partes en que se dividió Surdistán, el país que enfrentó en una guerra civil a musulmanes y ortodoxos. La mujer llegó a la zona de amortiguación donde están los Cascos Azules de Naciones Unidas”. El relato encabeza la crónica del artículo que publicó el 30 de agosto de ese año la periodista Graciela Esnaola. Con fotografías, su crónica se extiende por la página central del diario El Tribuno.

La visita a Surdistán

El día anterior, la prensa de Salta y Jujuy había sido invitada a recorrer parte del territorio surdistanés en medio de un caos calculado, para que los soldados resolvieran incertidumbres sobre la marcha. Dentro del campo, se levantaron dos pequeños pueblos y varias sendas. Por eso, en la jornada de corresponsales “la prensa del mundo quería saber qué había pasado”, según el relato de la misma cronista.

Entre ficción y realidad, periodistas, fotógrafos y soldados intentaron entablar diálogos, pese a las barreras del idioma. Quizás es más razonable pensar que muchos de los primeros no dominaran el inglés, a que buena parte de los soldados estadounidenses no hablaran castellano. Prueba de ello, fue la visita que recibió los primeros días de setiembre la Escuela 25 de Mayo de Villa Soledad. La capitana Kimberly Moros y la sargento Mafalda Criales aparecen en una foto cual maestras frente a un aula. “Los uniformes camuflados se mezclaron con los delantales blancos y, sorteando algunas diferencias idiomáticas, los visitantes dialogaron con docentes y alumnos”, apuntaba el epígrafe en el mismo medio.

Integrantes del ejército estadounidense en su vista a la escuela de Villa Soledad, en la ciudad de Salta. 

¿Qué fue el Ejercicio Cabañas 2001? y ¿por qué Surdistán?

Nada se sabe sobre el origen verdadero o autores intelectuales del nombre con el que fue apodado el pequeño territorio dentro la ciudad de Salta. Queda claro que es un nombre muy sugestivo. No solamente por su metafórica relación con la eterna hipótesis de conflictividad en Sudamérica para el ejército organizador: la amenaza comunista. También porque Afganistán regresó hace poco a la agenda mediática y por distintos tópicos, después de que El Talibán tomara el control de su capital, Kabul, el pasado domingo 15 de Agosto.

Cabañas formó parte de otros dos grandes proyectos continentales de militarización del Cono Sur: el Plan Colombia y la Iniciativa Regional Andina. En el contexto del año 2001, ese ejercicio conjunto desarrollado en Salta mostró con más claridad la forma en que se reorientaban las hipótesis de conflicto en Argentina al calor de las luchas sociales. Sin ser especialistas en temas militares, tres académicos de la Universidad de Buenos Aires, Juan Martín Leguizamón, Pablo Perazzi y Héctor Trinchero, contextualizaron muy bien a Cabañas en un artículo publicado en setiembre de 2002. “Para los intelectuales hegemónicos del Pentágono”, explicaban, el modelo a seguir consistía en “mezclar la lucha social con el narcotráfico y el terrorismo”.

La hipótesis de conflicto

En Cabañas de 2001 participaron 574 soldados norteamericanos, 464 efectivos argentinos, 47 chilenos, y otros 42 militares por cada uno de los siguientes países: Brasil, Bolivia, Ecuador, Perú, Paraguay y Uruguay. La hipótesis de conflicto que desarrollaron durante las seis semanas en Salta y estructuró todo el ejercicio de adiestramiento fue la siguiente: la lucha por el control de un territorio imaginario (Surdistán) con enfrentamientos armados por conflictos étnicos y religiosos. Así planteada y analizado en el presente ¿no es ingenuo pensar que 1300 soldados de 9 países americanos entrenaron para intervenir en operaciones de paz conforme al artículo 6 de la Carta de Naciones Unidas?

El territorio de Surdistán tuvo corta existencia. Y no fue precisamente porque se resolvieran los enfrentamientos étnicos y religiosos entre sus dos provincias, Esperanza y Confluencia. Sus días terminaron la mañana del 11 de setiembre de 2001 durante el acto protocolar programado con antelación en el Campo de la Cruz. Ese cierre, con soldados norteamericanos marchando durante una mañana tan particular del siglo XXI, no fue planeado. Más allá de las suspicacias que pudo despertar después, en la crónica periodística destaca el nerviosismo del alto mando militar estadounidense que compartía palco con autoridades nacionales y provinciales.

Congreso no, decreto sí

Nadie imaginaba el fatal 11S sobre las Torres Gemelas en Nueva York. Localmente, los procesos, polémicas y discusiones, discurrían por otros tópicos. Principalmente, porque el ingreso de tropas extranjeras en territorio nacional para un ejercicio militar conjunto nunca logró el aval del Congreso de la NaciónFernando de la Rúa, a cargo del Poder Ejecutivo Nacional, había remitido un proyecto de ley a la Cámara de Diputados con semanas de margen de tiempo. En él solicitaba la autorización para el desarrollo de Cabañas 2001 en Salta, lo hacía para cumplir con un artículo de la Constitución Nacional (el 75, inciso 8).

La Comisión de Defensa Nacional y de Relaciones Exteriores y Culto que analizó el proyecto, aconsejó su sanción en dictamen de mayoría. La versión taquigráfica impresa el 3 de agosto de ese año da cuenta de aquel proceso decisorio. Entre los legisladores que dieron el visto bueno sobresalen Miguel Ángel Toma, Mario Negri, Lorenzo Pepe y Jesús Rodríguez. Sin embargo, en dictamen de minoría, otro grupo de legisladores opinó lo contrario. Destacan entre los firmantes Mario Cafiero y Alfredo Bravo, aunque el ex-gobernador de ChubutMario Das Neves, firmó en disidencia. Conviene no olvidar que Estados Unidos, a través de Cabañas 2001, solicitó al gobierno argentino instalar un escudo antimisiles en la provincia de Chubut.

(Foto: Gentileza: Lucas Alascio).

El 22 de agosto el proyecto de De la Rúa fue tratado en el recinto de la Cámara Baja Nacional como cuestión de privilegio. El primero en expresarse fue el diputado nacional por Buenos Aires, Ramón Torres Molina. “En el día de ayer la ciudad de Salta parecía un territorio ocupado. Fuerzas militares, con sus uniformes y sus armas, se alojaron en los hoteles de la ciudad. Se trata de las fuerzas norteamericanas que están realizando el ejercicio Cabañas 2001, sin autorización del Congreso de la Nación”, explicaba al resto de los representantes el legislador bonaerense. Puntualmente, se quejaba de la conducta reiterada del Poder Ejecutivo porque en el 2000 otro ejercicio Cabañas se había desarrollado en la provincia de Córdoba. “Existen acuerdos en materia de seguridad y de defensa que son desconocidos por este Congreso”. Al final, el ejercicio fue autorizado por decreto de necesidad y urgencia.

Protestas contra la “ocupación”

En Salta, se manifestaron públicamente partidos de izquierda, agrupaciones estudiantiles y organismos de derechos humanos. Se congregaron en la Plazoleta IV Siglos apenas iniciados los ejercicios en el Campo Militar salteño, intentando que el ciudadano de a pie advirtiera la gravedad de aquellas maniobras conjuntas.

Para cuando el gigantesco avión de la Fuerza Aérea Norteamericana (C5 Galaxy) aterrizó el 11 de agosto de 2001 sobre la pista principal del Aeropuerto Martín Miguel de Güemes, Salta atravesaba violentos conflictos sociales. Particularmente, en el norte provincial, debido a sucesivas concesiones que otorgaba Fernando de la Rúa al Fondo Monetario Internacional. En Salta, Juan Carlos Romero gobernaba la provincia por segunda vez (1999 – 2003). En su anterior mandato, ya había privatizado buena parte de las empresas del Estado. El Banco Mundial lo elogió en el informe final del crédito 4219/AR del Junio del 2000.

El contexto local y nacional

Para agosto de 2001, las grandes empresas ya sabían que faltaba poco para que el modelo económico explotara. Mientras, en Salta capital, los docentes de la Universidad Nacional peleaban por cobrar sus sueldos completos, los privados llevaban 3 meses sin recibir sus haberes, y los choferes de líneas interurbanas amenazaban con paros sorpresivos. La Justicia Federal en Salta identificaba a los supuestos francotiradores, exgendarmes devenidos en piqueteros, acusados de participar en los incidentes ocurridos en General Mosconi en junio de 2001. Como dato nacional, la ministra de Trabajo Patricia Bullrich, confirmaba la reestructuración del Anses y la eliminación de los Planes Trabajar.

Las estrategias de todos los programas de entrenamiento norteamericanos (Cabañas, Cruz del Sur, Ceibo, o Unitas que se desarrolló sobre el río Paraná, entre otros) fueron diseñadas por el Consejo Nacional de Seguridad Norteamericano o USSOUTHCOM, por sus siglas en inglés. Eran parte de un proceso de militarización que buscaba disuadir a quienes resistían ser excluídos por la economía neoliberal que se globalizaba.

En el análisis de Trinchero, Perazzi y Leguizamón, esos excluídos eran: “los inmigrantes sin papeles, el ciudadano con derecho al trabajo pero sin derechos en el trabajo, el desocupado, el otro estigmatizado, el negro, el indio, el islámico, el sudaca”. Para los conflictos de baja intensidad, la elección de Surdistán ya no parece azaroza.

De Surdistán a Kabul

Inmediatamente después del 11-S, mientras los ejércitos desarmaban Surdistán y los salteños se preparaban para su principal festividad religiosa, desde Estados Unidos señalaban a Osama Bin Laden como el cerebro de la operación terrorista. Por agencias de noticias internacionales, el jueves 13 circulaba la versión de que el movimiento talibán que gobernaba Afganistán examinaba los pedidos de extradición planteados por el país agredido. Lo que pasó luego es conocido.

Pasaron 20 años de guerra y ocupación sobre esa porción del mundo. Pero el pasado domingo 15 de agosto, en medio de las elecciones salteñas de medio término, se supo que el presidente norteamericano, Joseph Biden, había tomado la decisión de retirar las tropas de Afganistán.

Durante el acto de cierre de Cabañas 2001 en Salta, los pálidos y nerviosos eran el embajador de Estados Unidos en Argentina, James Walsh, el subcomandante en Jefe del Comando Sur del mismo país, general de división Gary Speer, y el general de brigada, Remo Buttler ¿De qué hablaron en un salón del Casino de Oficiales de Caballería del Ejército Argentino en Salta? La crónica indica que inmediatamente se subieron a un avión en el aeropuerto salteño rumbo a Estados Unidos.

Recuerdos imborrables quedan aún en la memoria de quienes trabajaron en el servicio de catering de Cabañas 2001. Ellos prepararon el desayuno y la cena para todos los soldados de las nueve naciones durante las jornadas del ejercicio conjunto. Lo cierto es que las tropas norteamericanas que desfilaron la manaña del 11 de setiembre por el Campo de la Cruz, no adivinaban que su próximo destino ya no sería esa guerra -manzana por manzana- que libraban en Oriente Medio palestinos e israelíes. Después Surdistán en Salta, y por 20 años, los esperaba Kabul.

Por Analía Brizuela – Página/12