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La crisis energética pone a prueba la determinación del G7 en materia climática

Obligados a no utilizar el gas ruso, las potencias industrializadas del G7 están bajo presión para mantener sus compromisos climáticos, durante su cumbre en Alemania, en medio del fantasma de un regreso de los combustibles fósiles más contaminantes.

Anfitrión de la cumbre organizada a partir de este domingo en Baviera, en un lugar natural espectacular al pie de lo Alpes, Alemania encarna de por sí este dilema: la primera economía europea acaba de anunciar un mayor recurso al carbón para compensar la caída de las entregas de gas ruso.

De todos modos, el canciller Olaf Scholz asegura que el G7 permanece comprometido con el acuerdo de París, que prevé limitar el aumento de la temperatura mundial a 1,5 grados y lograr la neutralidad de carbono para 2050.

La declaración final del G7 de Elmau será observada en detalle, en particular en lo que concierne a un posible cuestionamiento por parte de Scholz del compromiso de no financiar más proyectos vinculados al gas o el carbón, y de un acuerdo tendiente a descarbonizar ampliamente los sectores de la electricidad para 2035.

“Verdadera derrota”

Sería una “verdadera derrota”, advierte Alden Meyer, asociada al principal grupo de reflexión sobre la política climática E3G. “Scholz podría entrar en la historia como el canciller que dio marcha atrás en materia de clima”, señala.

Alemania podría sufrir a mediano y largo plazo de “una falta de credibilidad”, sostiene de su lado Susanne Droege, analista de política climática en el Instituto alemán para los Asuntos Internacionales y la Seguridad (SWP).

El sábado, miles de personas manifestaron en las calles de Múnich para exigirle a los líderes que hagan más para luchar contra el cambio climático.

En un mundo donde el impacto de la crisis climática ya se hace sentir, a través de inundaciones devastadoras o sequías destructivas, se espera que el G7 formule en particular nuevas promesas de financiamiento para ayudar a los países más pobres.

Pero las posibilidades de un avance decisivo son pocas durante una cumbre marcada principalmente por la guerra en Ucrania.

“Elmau está ubicada en las montañas. Ciertamente no moveremos montañas. Pero podemos tomar decisiones importantes”, dijo el canciller Scholz en víspera del inicio de las discusiones.

“Antes de la guerra, había una intención clara, incluido de parte de Alemania, de obtener resultados concretos en materia de financiamiento climático, pero ya no parece ser el caso hoy en día”, lamenta Susanne Droege.

“Promesas vacías”

Los activistas en materia de clima señalan que la disparada de los precios de la energía y el abandono progresivo del petróleo, carbón y gas rusos, al cual se comprometió el G7, es una ocasión única de acelerar el desarrollo de las energías renovables.

Pero mientras tanto Alemania, Italia, Holanda y Austria regresan a los combustibles fósiles para suplir esa carencia.

De todos modos, son necesarias señales fuertes antes de la cumbre de la ONU sobre clima COP 27, organizada en Egipto en noviembre, indican los actores climáticos.

Según los activistas ecologistas, las discusiones del G7 deberían estar centradas en la ayuda a lo países vulnerables que ya sufren las consecuencias del cambio climático.

“En el Cuerno de África, una terrible sequía hunde a más de 18 millones en la inseguridad alimentaria”, advirtió antes de la cumbre Vanessa Nakate, joven militante ugandesa. “Estamos cansados de las promesas vacías. Necesitamos que los países del G7 pongan dinero sobre la mesa para las pérdidas y los daños” ya sufridos, lanzó Nakate durante una conferencia de prensa.

El canciller Scholz quiere lanzar un “club climático” que reúna a países que aceptarían reglas comunes para evitar las desventajas competitivas, por ejemplo acordando reglas de tarificación del carbono o en materia del uso del hidrógeno verde.

El G7 también debería reafirmar la necesidad de inversiones públicas y privadas importantes en las infraestructuras de energía limpia de los países en desarrollo.

Las naciones ricas prometieron consagrar 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020 para ayudar a esos países a adaptarse al cambio climático, pero esta promesa no ha sido cumplida.