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La aversión al estado centralizado: una caja de pandora en la Unión Europea Por Fernando León

Quien no esté demasiado interiorizado con la crisis catalana podría evitar fácilmente los ríos de tinta que se han escrito en estos días y escuchar el discurso de treinta minutos que la diputada Inés Arrimadas dio ayer en el Parlamento de Cataluña. “Ni el proceso de Kafka era tan kafkiano como el proceso del señor Puigdemont. Esto ya es kafkiano. Esto es un ridículo espantoso”.

A diferencia de las recriminaciones de Jeff Flake a la administración Trump, que parecían un discurso religioso contra unas fuerzas malignas en expansión, las de Arrimadas eran más las de una madre que reprende a uno de sus hijos por una terrible travesura, de consecuencias incalculables. Sonrojado, con la mano tapándose la boca, el ahora célebre Carles Puigdemont, parece un ejemplo perfecto de lo que no debe hacer jamás un líder moderno. Ayer se negó a dar la cara por TV y ni siquiera habló ante su propio Parlamento, fuertemente dividido.

Dos cosas serán noticia en este 27 de octubre de 2017. Una de ellas es la declaración unilateral de la independencia en Cataluña -cuyo proceso acaba de comenzar hace instantes, por aprobación del parlamento, tras una votación sin la presencia del bloque opositor, con 70 votos a favor, 10 en contra y 2 abstenciones-. La otra es su inmediata pérdida de autonomía por la aplicación de la 155 (la garantía del estado español para asegurar su integridad territorial ante las amenazas de secesión en cualquier parte de su territorio).

El absurdo de este proceso en Cataluña es digno de un libreto de stand-up: el Govern ha imaginado el regreso a un estatus de doble nacionalidad –catalana y española-, el regreso a una “plena soberanía” que nunca existió y una pretensión de pertenencia a la Unión Europea que Bruselas ya ha descartado.

Las consecuencias de esta broma infantil de Puigdemont podrían ser desastrosas. Como afirma con acierto Simon Jenkins, en su nota de hoy para The Guardian, la UE se equivoca si cree que esto no va a afectar a todo el continente. “Su torpe diplomacia ya nos ha hecho perder el Reino Unido. Ninguna otra nación se atreve ahora a celebrar un referéndum sobre la salida”, escribe Jenkins. La idea de separación está presente en Polonia, en Hungría, en la república Checa, en el norte de Italia y hasta entre los sicilianos. Y el mapa crece si prestamos atención a los movimientos que están germinando en estos días. De manera que la cuestión catalana puede abrir hoy una caja de Pandora que podría desestabilizar a otros estados europeos, poniendo en riesgo la ingeniería del club de naciones que apuntalan Merkel y Macron, y que estos últimos meses, tras las elecciones en Francia y en Alemania, parecía a salvo de la crisis de la zona Euro.

El mundo se preparaba hoy para el estreno de la segunda temporada de Stranger Things en Netflix, pero cosas mucho más extrañas pueden suceder.

Stay tuned!

*Abogado -UBA-. Analista internacional, especialista en Asuntos públicos.