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Jennifer Coolidge, la primera MILF del cine

A los 61 años, está aprendiendo a lidiar con la fama. La consagración definitiva llegó por sus papeles en “The White Lotus” y “Vigilante”. ¿Cómo se gestó “el Jenacimiento”?

En la primera temporada deThe White Lotus, dos adolescentes de clase alta a bordo de un crucero empiezan a analizar al resto de los pasajeros. Sus observaciones son más agudas que las del resto de los mortales. Una a una van diseccionando cínicamente a esas personas: desde la parejita de recién casados hasta a un matrimonio con hijos y en piloto automático.

“Es como una Brigitte Bardot norteamericana”, dicen cuando se detienen en Tanya McQuoid. La descripción responde a la perfección a esa mujer de unos 60 años que tiene el sex appeal de una estrella de cine. No es casual que ese personaje haya recaído en Jennifer Coolidge, una actriz exhuberante a la que el reconocimiento le fue esquivo durante una buena parte de su carrera.

Coolidge ganó un Emmy por la interpretación de esta turista que arrastra su melancolía por un complejo turístico de Hawái. Llegar a este punto en su carrera no fue fácil. Su papel más memorable había sido un concepto y no una construcción dramática: la mamá de Stifler, en American Pie (1999). Nada más y nada menos que la primera MILF del cine.

Jennifer Coolidge como "la mamá de Stifler" en "American Pie". (Foto: EVERETT COLLECTION)
Jennifer Coolidge como “la mamá de Stifler” en “American Pie”. (Foto: EVERETT COLLECTION)

Durante un tiempo fue encasillada en ese estereotipo, como si sus curvas fueran su único atractivo. Así alternó entre films exitosos en los que su rol fue muy secundario y comedias en las que pudo lucirse a cuentagotas. Finalmente, el ‘Jenacimiento’ -como ella misma denominó a esta inesperada etapa gloriosa- ocurrió cuando exploró su lado dramático en producciones elogiadas como Hermosa Venganza Vigilante.

Insertarse al star system a los 60 años es un rara avis en la industria. Para esa altura de sus vidas, los actores saben que están en la rampa de salida o anhelan un retorno triunfal, de esos que suelen ser reconocidos en las premiaciones. Coolidge lo logró, aunque casi dice que no, y ahora está aprendiendo a lidiar con la fama.

“Me afectó mucho la pandemia. No estaba pensando en el trabajo, porque no pensé que estaríamos vivos. Pero en ese entonces me llamó Mike White (NdeR: productor de The White Lotus). Su show sobre gente rica de vacaciones había sido elegido por HBO y había escrito un papel pensando en mí”, le contó a The Guardian.

Jennifer Coolidge como "Tanya McQuoid", su papel consagratorio en "The White Lotus". (Foto: Instagram / thewhitelotus)
Jennifer Coolidge como “Tanya McQuoid”, su papel consagratorio en “The White Lotus”. (Foto: Instagram / thewhitelotus)

Ese llamado que muchas celebridades esperan se transformó en una mochila y casi se niega a tomarse un avión con destino a una isla paradisíaca. “Me había estado autodestruyendo en casa durante meses, comiendo pizza todo el día. De ninguna manera quería estar en una película a menos que me filmaran del cuello para arriba”, reconoció.

Pese a que estaba conspirando contra sí misma, el universo jugó a su favor. White volvió a levantar el teléfono hasta convencerla y un puñado de amigos le dijeron que no deje pasar la oportunidad. Hoy agradece a quienes la empujaron a dejar sus inseguridades atrás y, de paso, reducir a la mamá de Stifler a un dato pintoresco dentro de su carrera.

Jennifer Coolidge y el peso de aprender a lidiar con la fama a los 60 años

La comedia es el hábitat natural de Jennifer Coolidge. Siempre supo que su futuro estaba en un escenario o delante de una cámara. Y se preparó para eso. Estudió artes dramáticas en la universidad de Nueva York en los 80, mientras simultáneamente trabajaba como moza en el restaurante neoyorquino Canastels -donde tuvo como compañera a una tal Sandra Bullock-.

Sus estudios académicos se complementaron con su paso por la escuela Groundlings, un semillero donde se forjaron talentos como Will Ferrell y Lisa Kudrow. Y, como muchos humoristas que tuvieron esa misma formación, el siguiente paso fue la televisión: el recorrido empezó con una participación en Seinfeld -donde Jerry se obsesiona con sus masajes- y siguió con Saturday Night Live.

Jennifer Coolidge junto a Jerry Seinfeld en una escena de "Seinfeld". (Foto: Captura video)
Jennifer Coolidge junto a Jerry Seinfeld en una escena de “Seinfeld”. (Foto: Captura video)

Desde esos comienzos auspiciosos a esta etapa estelar, nunca le faltó trabajo. Su filmografía incluye un rol memorable como manicura en Legalmente rubia y una lista interminable de apariciones en películas como Zoolander Click, perdiendo el control y series como Joey 2 broke girls.

Más allá de estos puntos destacados de su curriculum, no caben dudas de que sus actuaciones recientes fueron las que la catapultaron. Todo indica que se afianzará como una de esas actrices imponentes a las que Ryan Murphy no se resiste -de Sara Paulson a Jessica Lange-. Sus colaboraciones empezaron en la reciente Vigilate y ya están en tratativa para nuevos proyectos.

Lo tiene todo: presencia, talento y desfachatez; un cóctel que la hizo irresistible para el gran público. “Echo de menos los días en que era anónima, cuando podías ponerte un sombrero raro y salir. Ya no puedo hacer esto. Tengo que cepillarme el pelo y maquillarme. ¡Qué aburrido!”, protestó recientemente en una entrevista que le concedió a Rolling Stone.

Jennifer Coolidge en "Vigilante". (Foto: Netflix)
Jennifer Coolidge en “Vigilante”. (Foto: Netflix)

A la hora de intentar entender por qué la popularidad llega a esta altura de su vida, Coolidge no tiene dudas: hay una nueva generación con la que conecta mucho más. “Tal vez sean todas las redes sociales, pero hacen imitaciones mías en TikTok, y muchas de ellas son muy buenas. Ariana Grande hizo un personaje mío. Fue tan acertado. Obtuvo cada matiz y pestañeo de los ojos”, dijo orgullosa.

Viéndolo en retrospectiva, asegura que prefiere tener este reconocimiento ahora y no haber sido una estrella en su juventud. Solo necesitaba que le dieran el lugar para poder brillar. No es la Brigitte Bardot norteamericana, es Jennifer Coolidge.

Por Andrés Petruccelli-TN